¿POR QUÉ UNOS GANAN Y OTROS PIERDEN? HABLEMOS UN POCO ACERCA DE LAS RELACIONES SOCIALES, LA CORTESÍA, LOS PROTOCOLOS Y LAS ETIQUETAS, ENTRE OTRAS COSAS DEL BUEN GUSTO Y EL MAL GUSTO. PARTE I

ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA. PARTES DE LAS CONFERENCIAS DEL FILÓLOGO, IMAGÓLOGO, PAISÓLOGO Y LINGÜISTA CUBANO FERNANDO ANTONIO RUANO FAXAS

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“Muchos pueblos gozan de libertad de expresión; pocos la utilizan para algo que no sea mentirse entre ellos, calumniarse y engañarse” (Octavio Paz, 1943)

¿POR QUÉ UNOS GANAN Y OTROS PIERDEN? HABLEMOS UN POCO ACERCA DE LAS RELACIONES SOCIALES, LA CORTESÍA, LOS PROTOCOLOS Y LAS ETIQUETAS, ENTRE OTRAS COSAS DEL BUEN GUSTO Y EL MAL GUSTO. PARTE I, pertenece a mi libro registrado con los siguientes datos: Fernando Antonio Ruano Faxas. El lenguaje corporal humano. Un enfoque imagológico en base a criterios verbales y no verbales, con 808 páginas, disponible a través de http://openlibrary.org/b/OL21783353M/El_lenguaje_corporal_humano._Un_enfoque_imagológico_en_base_a_criterios_verbales_y_no_verbales .

 

 
 

 
 
[...] Todas las relaciones que establecen los individuos entre sí dependen de las leyes, de la legalidad,[1] de las normas, de las cortesías, de los protocolos, de los tratamientos, de las costumbres, de los ritos (Arizpe, 2009), de las negociaciones (Bourdoiseau y otros, 1977: 441-479), de las “jergas o galimatías” –es decir, lenguajes especiales, íntimos, de grupos–, de los estilos, de los estereotipos,[2] de los tipos de trabajo, del “trabajo en equipo”, del “trabajo colaborativo”… Si no conocemos a fondo lo que es una sociedad, sus tipos, y cómo han funcionado y funcionan las sociedades, cómo se comunican las sociedades tanto en su comunicación no verbal como en su comunicación verbal, tanto al nivel de ellas mismas, internamente, entre sus miembros, y en su relación con otras sociedades, con miembros de otras sociedades, entonces va a ser muy difícil considerar realmente cómo se producen las relaciones sociales y las cortesías en las sociedades, en los grupos sociales, en las esferas sociales, en los estratos sociales (Ruano, 2003d: http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/conocer-adecuadamente-las-sociedades-y/19j6x763f3uf8/137# , http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/la-socioling%C3%BC%C3%ADstica-como-ciencia-que/19j6x763f3uf8/136# ). En el tratamiento de las relaciones sociales tenemos que distinguir entre sociedades civiles y sociedades no civiles, debido a que cada tipo de sociedad tiene estructuras y leyes diferentes. Se supone que las sociedades civiles modernas, actuales, civilizadas, deben tener ciertos rasgos evolutivos; aunque la realidad cotidiana nos muestra, al parecer y en ciertos casos, otra cosa (Fernández, 2003): “¡Pobres pueblos que todavía, en pleno siglo XXI, con tantos adelantos en la ciencia, la técnica y la cultura, son incapaces de someter sus historias y sus contextos vitales al microscopio de la razón!” (Ruano, 2003e).
 
¿Qué entendemos, generalmente, por sociedad?:
 

Sociedad es un conjunto o grupo de elementos vivos que tienen objetivos, fines, finalidades, conductas, comportamientos y culturas semejantes. Las sociedades animales reciben el nombre de los animales que la componen: sociedad de hormigas, sociedad de mariposas, sociedad de primates, sociedad humana, sociedad de ballenas, etc. Las ciencias que tradicionalmente han estudiado las sociedades y sus comportamientos son la Etología y la Sociobiología. En la medida en que se produce el desarrollo científico y técnico, van apareciendo nuevos enfoques para el estudio de las sociedades. Así, por ejemplo, hoy son muchas las ciencias que desde ópticas y enfoques diferentes estudian nuevos tipos de sociedades como la sociedad virtual, es decir grupos humanos que interactúan en el ciberespacio. Las sociedades humanas también se refieren a grupos jurídicos, económicos, mercantiles, científicos, técnicos, académicos, políticos, sindicalistas y a grupos con ciertos perfiles que pueden ser “perfiles evidentes” o “perfiles crípticos”, como algunas religiones, logias, grupos de santeros, grupos con perfiles de perversión, grupos clandestinos, etc.

La sociedad humana, lo que generalmente también se considera como un hábitat, es una reunión permanente de personas, pueblos o naciones, que conviven y se relacionan bajo leyes comunes; es la agrupación de individuos con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o algunos de los fines de la vida o el conjunto de personas que viven según unas determinadas formas de comportamiento. La sociedad humana posee sus divisiones en clases, en grupos, en estratos, en niveles, en categorías, etc. Dicho con otras palabras, la comunidad social es el conjunto de individuos que tienen en común determinada cultura,[3] y que, por diversos motivos, se sienten vinculados entre sí por una organización sociocultural dada y se reconocen como no partícipes en las culturas de otros conjuntos de individuos. Como tales, se definen como miembros de esa comunidad determinada. Entonces, podríamos decir, por ejemplo, que la comunidad social mexicana, que la sociedad mexicana, es la suma de los hábitos de comportamiento, del patrimonio de ideas y valores –con las normas y actitudes relacionadas y/o derivadas de ellos– y de las organizaciones sociales, etc., elaborados por un grupo de más de cien millones de personas que se reconocen participantes de esos hábitos, normas, actitudes, protocolos y organizaciones y sienten, por lo tanto, como distintos a los propios, los hábitos, las normas, las actitudes, los protocolos y las organizaciones de otras culturas; en consecuencia, sienten como distintos a los miembros de las comunidades sociales portadoras de esas otras culturas.[4] Los grupos sociales, las clases sociales, las divisiones sociales, están inmediatamente relacionados con la llamada división idiomática o fronteras lingüísticas y, también, con las fronteras gestuales. Generalmente la división en clases se manifiesta al exterior como una diferencia de posición económica. Hay en la sociedad una capa de hombres que tiene que trabajar duramente todo el día para ganarse el sustento de la vida y hay otra capa que dispone de un cierto “tiempo suficiente”, es decir, que sólo tiene que dedicar parte de su tiempo a ganarse aquel sustento, y, además, puede elegir la medida y la índole de su trabajo. La pertenencia a una de estas clases está determinada en primer término por el nacimiento. Proceder de la una o de la otra clase da una esperanza de permanecer también en ella. Desde luego, sólo una esperanza, pues entre las clases tiene lugar un trasiego continuo. Unos suben, otros bajan. Las razones están, en primer lugar, en las cualidades personales. Altas dotes intelectuales, gran habilidad, energía, constancia, aplicación…, pueden allanar el camino hacia la clase alta; y, con frecuencia, necedad y pereza…, etc., llevan a la larga a descender a la clase o capa inferior. Hay instituciones sociales que dificultan o estorban un tal intercambio, pero las medidas de esta índole pueden esquivarse. Y es que junto a las cualidades personales hay que anotar el factor “fortuna”, “favor”, “azar”, que son fuerzas ulteriores que contribuyen a romper las fronteras, los límites, entre las clases.

Los motivos principales en base a los cuales las comunidades se reconocen como tales  –y distintas de otras comunidades– pueden ser étnicos, políticos o relativos a un aspecto de la cultura –como la lengua, la religión, la educación, la economía, la técnica, el folclor, la música, el baile, la gastronomía, los protocolos, las etiquetas, los gestos, las muecas, los hábitos, los gustos, las tradiciones, etc.–. El distinto grado de participación y usufructo de los recursos instrumentales de una sociedad y la distinta actitud frente a aspectos de la cultura de una comunidad diferencian, dentro de las comunidades sociales, a las clases sociales. Una clase social, como sabemos, es el conjunto de individuos que tienen características esenciales comunes e intereses particulares, diferentes o en contradicción, con los de otras clases. Las características que distinguen a las clases pueden ser de diversos géneros, pero en las sociedades modernas –en general– es el patrimonio el principal determinante de clase –lo que implica discriminantes tales como el ingreso, la educación, la instrucción escolar, la movilidad, el acceso al poder político, etc.–. Clases sociales y grupos sociales se interceptan recíprocamente: dentro de un grupo puede haber varias clases, así como que dentro de una clase puede haber varios grupos. El concepto de grupo social es un concepto no orientado, pues implica diferenciaciones dentro de una comunidad, pero no una “escala”; el de clase social, en cambio, es un concepto orientado, que implica diferenciaciones, y también, una jerarquía dentro de la comunidad. El grupo social se determina en base a criterios de homogeneidad y de cohesión de los miembros. El principal factor determinante de un grupo es, quizás, la copresencia de los individuos en un mismo territorio, más o menos delimitado; es decir, un factor geográfico. El factor geográfico, sin embargo, no es pertinente a la definición de las clases sociales. Un mecánico de la región de Querétaro, en México,  y un tornero de Miami, en EE. UU., pertenecen a dos grupos distintos, pero a la misma clase; el presidente municipal y el barrendero de un pueblo de Querétaro pertenecen al mismo grupo, pero a clases distintas. A la hora de investigar, de analizar, a los grupos humanos hay que tener mucho cuidado con los criterios de evaluación que consideramos, que tomamos en cuenta, en especial en los tiempos modernos, caracterizados por una gran movilidad étnica, una gran movilidad grupal, y encuentros interculturales [...]

Muchos grupos, en apariencia, pueden parecer iguales o semejantes; pero la realidad es otra o puede ser otra. De tal manera, podríamos mencionar aquí la diferencia entre los grupos de maestros de América, África, Asia y Europa; la diferencia de los médicos en México, Suecia, Cuba, Estados Unidos y Senegal, etc.; la diferencia entre los escritores y periodistas de un hemisferio y de otro; la diferencia entre las amas de casa de Europa y América; la diferencia entre los educandos de Europa y América y el resto del mundo, o de Canadá y Estados Unidos, por un lado, y de la otra América, por otro lado, etc. Un ejemplo extremo para analizar hasta dónde pueden llegar las diferencias entre grupos aparentemente semejantes es la de los grupos indígenas de América. Es habitual que cuando hablemos de los grupos indígenas de América pensemos en la pobreza, e inclusive en la pobreza extrema. No es necesario cuestionarnos aquí el porqué: la realidad multisecular lo dice todo. Pero sucede que mientras que los grupos indígenas latinoamericanos, las tribus indígenas latinoamericanas, en su totalidad, siguen en un estado de extrema pobreza cabalgante, inclusive las tribus ubicadas en las zonas más ricas de América, como sucede con los pueblos, etnias y tribus indígenas de Chiapas, en México, o las del Amazonas, en Brasil o Venezuela, un grupo indígena o tribu indígena de Estados Unidos, la tribu Seminola, ubicada en Florida, se puede dar el exclusivo lujo de hacer negociaciones con la cadena de casinos y restaurantes Hard Rock Cafe para comprarlos en una cantidad que oscila aproximadamente los 965 millones de dólares. Diferencias de este tipo son las que hacen a este mundo más terrible y, por supuesto, explosivo (Ruano, 2003d).

¿Y cómo funcionan los grupos especializados, las “sociedades” laborales, las áreas laborales, en nuestra América? Este tema lo hemos tocado en varias oportunidades, como en: http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/calidad-calidad-de-vida-y-corrupci%C3%B3n/19j6x763f3uf8/23# . Pero volvamos a lo mismo:

[...] En nuestros días de “globalización”, de “internacionalización”, pero también de una tremenda y ascendente confusión e inestabilidad al nivel internacional, es habitual que los grupos que trabajan en conjunto, mancomunadamente, y en este caso concreto en América Latina, ya sea al nivel educativo –en las escuelas, en los CES…–, o al nivel laboral –en las empresas, en los trabajos, en los changarros…– planteen que ellos trabajan “en equipo”. Lo que nunca se oye es que esos grupos digan que trabajan “en colaboración”. El “trabajo en equipo” y el “trabajo colaborativo” son dos cosas diferentes, que no se excluyen, que se interrelacionan, pero que son diferentes. En realidad, más que el “trabajo en equipo” es necesario y urgente el “trabajo colaborativo”. ¿De qué vale realizar un trabajo en equipo si no hay un trabajo colaborativo? Y sabemos que el hombre latinoamericano, y desde su infancia, por las múltiples circunstancias ya conocidas [...] no está educado para realizar un trabajo en equipo y mucho menos un trabajo colaborativo. ¡Ahí están los resultados en la política, en la economía, en la medicina, en la educación, en el deporte, en la actividad empresarial, en el ámbito religioso, en el ámbito partidista, en el ámbito jurídico y legislativo…! Son muchos los ejemplos que demuestran esto en América, en especial al nivel de los ejecutivos y grupos que se desempeñan en la actividad gubernamental, administrativo-estatal, jurídica, partidista, etc., que son los que deciden las políticas y estrategias a seguir en los diferentes países y grupos humanos para el desarrollo (?) y la estabilidad de toda la comunidad, en sus diversos y complejos contactos socioculturales y sociolingüísticos.

América Latina, en general, no tiene ni idea de lo que es, en ningún sentido, el trabajo en equipo y mucho menos el trabajo colaborativo: http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/hacia-la-calidad-integral-sin-fronteras/19j6x763f3uf8/44# , no obstante haber “intentos”, y algunos de ellos muy buenos. Si en Estados Unidos de América el trabajo en equipo y el trabajo colaborativo están al garete, como se muestra cada día en cualquiera de las esferas de la actividad humana en este país, principalmente en lo tocante a la economía, la salud, la educación y la defensa y la protección. Si esto fuera de otro modo, nuestros desarrollos individuales –como personas y como países– y nuestros desarrollos grupales –como áreas geográficas y subcontinente– serían otros, en todos los sentidos, obviamente; si esto fuera de otro modo, nuestros índices de desarrollo humano –IDH– serían, sencillamente, otros. Si esto fuera de otro modo nuestros medios ambientes, nuestros ecosistemas, en toda América, por un motivo u otro, no serían tan tóxicos, no estarían tan dañados: http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/consideraciones-en-torno-al-medio/19j6x763f3uf8/36# . El trabajo en equipo y el trabajo colaborativo requieren de muchas más cosas que las que se plantean habitualmente, requieren de cosas tangibles e intangibles, como se ha demostrado ya. Sólo puede haber un verdadero trabajo en equipo cuando se ha aprendido a trabajar en equipo, cuando ha habido, a su debido tiempo, un verdadero “aprendizaje para el trabajo en equipo”. Sólo puede haber un verdadero trabajo colaborativo cuando se ha aprendido a trabajar colaborativamente, cuando ha habido, a su debido tiempo, un verdadero “aprendizaje colaborativo”. Creo que en este sentido, cualquier otro enfoque o tratamiento para el trabajo en equipo y el trabajo colaborativo en nuestras sociedades atrasadas, tercermundistas y llenas de conflictos que no parta de estos condicionamientos es una utopía. ¡Sin duda alguna! […] Y si hay algo que queda más que claro es que cuando las personas trabajan con otras personas a las que sienten sus semejantes, con las que se sienten identificados, con las que se sienten seguros, entonces la vida y el trabajo son color de rosa, como se dice en la canción Con la gente que me gusta: http://www.youtube.com/watch?v=oSGFg-nDlGE&feature=related […] (Ruano, 2000).
 

En ocasiones, las relaciones y tratamientos que se producen entre las personas al nivel de un grupo, ya sea en la historia o en la actualidad, pueden llegar a desconcertar a un individuo civilizado y respetuoso de las más elementales leyes occidentales (Ruano, 2003e; Ruano, 2008a; Melgar, 2004; Gudycunst, 1997; Meyer, Jean, 2005; Cacho, 2006; González, 2006; Fazio, 2004; Kras, 1990; Erdely y otros, 2005), cuestión de “protocolos y etiquetas”: http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/protocolo-y-etiqueta-o-protocolos-y/19j6x763f3uf8/12# , y de leyes, de derechos y deberes: http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/a-qu%C3%A9-llamamos-discurso-jur%C3%ADdico/19j6x763f3uf8/30# . “El modo en que utilice una persona los tratamientos [verbales y corporales] puede revelar su origen geográfico, experiencia y educación [clase social, clase económica, gustos, preferencias, hábitos, conductas, ideales, religiones y tendencias sexuales...] Los tratamientos también se pueden utilizar con ironía o para demostrar respeto, o se pueden ignorar a propósito [...] Para saber si el uso de un tratamiento refleja el origen cultural, respeto o algún otro estado de ánimo puedes preguntar: «¿Trata esa persona a todo el mundo del mismo modo?» (Dimitrius y Mazzarella, 1999: 207-208). Los comportamientos, los hábitos de comportamiento social, la cortesía, están marcados por las normas, en muchos casos rigurosas, que imponen las sociedades en cada momento histórico concreto de la evolución de la humanidad:

[...] Aprender a comportarse de acuerdo con las normas que marca nuestra sociedad –ello no significa seguirlas: incluso para romper las reglas es necesario conocerlas de antemano– es uno de los objetivos del aprendizaje de la socialización. Como resultado, contamos con un cierto conocimiento sobre los patrones que rigen la cortesía, y sabemos distinguir cuándo un acto es cortés y cuándo no. De otro lado, dentro de una comunicación presidida por algún tipo de principio general de cooperación, el uso del lenguaje [cualquiera que sea éste] tiende a mantener el equilibrio entre las diferentes posiciones sociales que se relacionan en el discurso [...] La cortesía puede entenderse [...] por el conjunto de normas sociales, establecidas por cada sociedad, que regulan el comportamiento adecuado de sus miembros, prohibiendo algunas formas de conducta y favoreciendo otras: lo que se ajusta a las normas se considera cortés, y lo que no se ajusta es sancionado como descortés. Esta cortesía se ha interpretado como un mecanismo de salvaguardia que establecen todas las sociedades para que la agresividad de sus miembros no se vuelva contra ellos mismos [...] es esperable que lo que puede ser cortés en una sociedad, sea descortés en otra. De hecho, contamos con ejemplos bien elocuentes de esta diversidad. Un occidental [no un latinoamericano, por lo que ya he explicado en el texto intitulado ¿Qué entender por calidad y calidad de vida en el trabajo?] es invitado a una cena por un rico árabe del desierto; ante la visión del suculento banquete preparado, el invitado se deshace en elogios relativos a los manjares allí expuestos; el anfitrión, algo contrariado, ordena inmediatamente a sus servidores que retiren todos  los platos y que preparen una nueva cena: en su cultura, el que un invitado alabe la comida no se interpreta como un cumplido, sino como un signo evidente de desagrado [y] es fácil que un miembro de otra cultura [u otra categoría social, o grupo social, o esfera social, o estrato social...] cometa errores y se comporte de una manera inadecuada (Escandell, 1996: 136-138).

Los tratamientos sociales en el mundo moderno están condicionados por las convenciones sociales; pero en la América prehispánica estos tratamientos sociales tenían, además y en especial, un fondo moral:

[...] El trato respetuoso y la finura de modales resultan generalmente de convenciones sociales, pero en el México prehispánico tenían en gran parte un fondo moral. Sahagún cuenta que ningún hombre descortés, vanidoso o vulgar era elegido dignatario. Cuando un alto funcionario hablaba en forma impropia o hacía bromas tontas, se llamaba tecucuechtli  (payaso). Las clases superiores se distinguían por cierta gravedad en sus gestos y en su lenguaje. El ideal de un hombre educado  era mostrarse humilde en vez de arrogante; sabio, prudente, pacífico y tranquilo. Pero además tales características debían ser profundamente sinceras. El padre advertía al hijo que debía ser franco ante “nuestro dios (Tezcatlipoca); que tu humildad no sea fingida pues te llamaría titoloxochton (hipócrita) o titlanixquipile (fingidor); pues nuestro dios ve lo que hay en tu corazón y sabe todas las cosas secretas”. Si veía algo reprobable, el azteca bien educado debía pretender no haberlo notado y callarse. Cuando se le llamaba, no había de esperar a que ocurriera por segunda vez. Debía mostrar respeto ante los mayores y compasión ante los infortunados. En el trato con las mujeres también se ordenaba mostrar cortesía y moderación. La cortesía se manifestaba incluso en el carácter del idioma. El náhuatl tiene formas, partículas y hasta conjugaciones que indican respeto. El sufijo tzin agregado a un nombre o título subraya la reverencia o señala cariño. Timomati significa “tú crees”, pero timomatía podría traducirse “tú condesciendes a pensar” o “eres bondadoso en pensar”. Miqui significa “morir”; miquilla, “morir honorablemente” (Álvarez, 1987, t. IV: 1852).

Queda claro así, entonces, que convivir en sociedad es todo un arte, un arte que le conviene cultivar al ciudadano común, pero en especial a quien pretenda considerarse un “ciudadano global”. Para ese ciudadano global, la convivencia social no se limita exclusivamente a tener una “buena imagen física pública”, o una “supuestamente buena imagen física pública”, unas “buenas relaciones públicas según los parámetros occidentales” o unas “malas relaciones públicas según los parámetros occidentales”. El ciudadano moderno tiene que estar consciente de los problemas que afectan su entorno:

[...] Nuestra civilización moderna es urbanizante: mueve, quizá erróneamente, a la mayor parte del género humano a concentrarse en ciudades [...] Mientras se urbaniza la población, menos agradable, cómodas y bellas son las ciudades. Las ciudades modernas son problemas geográficos [...] Los problemas de circulación en el interior y en los accesos de las ciudades cada vez más grandes y más pobladas se agravan [...] La circulación automovilística se ha desarrollado de tal manera que las comunicaciones intraurbanas están paralizadas. El caudal de las calles está sofocado por la presencia de vehículos de los que cada uno ocupa una decena de metros cuadrados para transportar con frecuencia una sola persona [...] ¿Son incurables algunos de los males de los que padecen las ciudades muy grandes? [Hay ciudades y] barrios  [que]  caen en estado de ruina por falta de reparaciones y atraen una población miserable que vive –mal– de los subsidios de la asistencia pública [en el mejor de los casos, algo que queda fuera de la suerte latinoamericana] (Gourou, 1984: 294-296).

Otros muchos factores tienen que estar presentes en el ciudadano global para que pueda desarrollarse adecuadamente en una sociedad mundializada.[5] Uno de esos factores, tal vez el principal, es el arte de negociar. Constantemente nos estamos expresando, verbalmente –de forma hablada o de forma escrita– y no verbalmente    –con el cuerpo, con los gestos, con los signos gráficos, los dibujos, gráficos y garabatos que hacemos sobre un papel, etc.–, consciente e inconscientemente. Constantemente estamos negociando[6] (Coria, 1996; Bourdoiseau y otros, 1982: 441-479), verbal y corporalmente, en la vida pública, en la vida profesional y en la vida íntima, mediante los protocolos, mediante las etiquetas, mediante la conversación, la plática, los gestos y los ademanes, la imagen física, los aromas, los olores, el aliento, el maquillaje, ya sea a través del diálogo personal, cara a cara, o a través de los diversos medios de comunicación: teléfono, computadora, teleconferencia, etc. Para una negociación se deben tomar en cuenta, como mínimo, los siguientes aspectos:

1. Preparación. Aquí consideramos parámetros tales como la autoestima, la confianza en sí mismo, el reconocimiento de la posición y el papel de cada cual en las negociaciones, la categoría, la influencia que puede ejercer el negociador en un cliente o rival, la cortesía, la exactitud, el conocimiento de los protocolos y las etiquetas indicadas para cada circunstancia, el manejo adecuado del discurso verbal –cuestión que detallamos más arriba–, del discurso corporal –cuestión que detallamos más arriba–, y la relación armoniosa de lo verbal con lo corporal.

¡¿Qué usted no conoce todo esto…?! ¡¿Qué es difícil llevar a la práctica todo esto…?! No se preocupe, confíe en nosotros, los especialistas en imagen social, los especialistas en imagen pública, los imagólogos –pero los de verdad, los buenos, los que hemos estudiado esto a fondo, y no los “merolicos de la imagen”, los que pueden llevar en cuestión de imagen a sus clientes a la bancarrota, a la degradación, al bochorno público, a la pena social, y hasta a la muerte, como ha sucedido ya en el ámbito de la asesoría de “imagen física”, de cosmiatras, de cosmetólogos, de cirujanos plásticos, en fin, en el ámbito de la imagen física: http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/belleza-y-fealdad/19j6x763f3uf8/9# y en el ámbito de la imagen política, de los “asesores” (?) de gobiernos, de presidentes, de primeras damas, etc.– justamente estamos aquí para enseñarle. Pero primero póngase las pilas y recuerde que si quiere triunfar en la vida, tiene que hacer grandes sacrificios y esfuerzos. ¡La vida y las circunstancias no dependen de usted! Al contrario, ¡usted depende de la vida y de las circunstancias!

Por el momento, en estas esferas de las negociaciones y de las ventas, le damos un gran consejo: ¡Nunca ignore al otro! ¡Nunca juegue con la paciencia del otro! Cuando las personas pierden la paciencia…, todo puede pasar: “el que dice lo que no debe, tiene que oír lo que no quiere”; “el que hace lo que no debe, tiene que ver lo que no quiere”. 

2. Presentación. Aquí tomamos en cuenta factores tales como la preparación física, debido a que, como sabemos, algunas negociaciones pueden ser agotadoras. Para las personas que se desempeñan en el mundo de las negociaciones y de las ventas recomendamos un estado físico sano y de “buen ver”. Recordemos que a los buenos negociadores se les llama “atletas de la palabras y los gestos”. La fatiga es un rasgo negativo en las negociaciones. No recomendamos el empleo de ciertos fármacos, porque pueden limitar o atenuar la expresividad y la armonía verbo-corporal. En las negociaciones es necesario que afloren hasta “ciertos” rasgos de temor y desconcierto. Hay que tener mucho cuidado con los hábitos alimenticios. Recomendamos no llenarse de comida y líquidos antes de las negociaciones: “el cuerpo, los estímulos y las reacciones esfinteriales no perdonan”, y el exceso de alimento adormece.

En algunas regiones, en algunos países, la ingesta de alimentos es todo un arte: http://openlibrary.org/b/OL23663350M/Las_formas_de_alimentarse_como_objeto_de_análisis_en_la_comunicación_no_verbal_imagología_gastronómica_paisología_gastronómica_protocolos_gastronómicos_etiquetas_gastronómicas_gastronomía_mexicana , http://knol.google.com/k/anónimo/comida-mexicana-o-gastronomía-mexicana/19j6x763f3uf8/59# , es un acto casi sagrado que se realiza mediante exquisitos protocolos y, por otro lado, todos sabemos que las personas cultivadas tienen gran respeto por el arte culinario. Justamente por esto recomendamos, de ser posible, que mientras se coma y se tome bebidas embriagantes –aquí no nos referimos a “un” trago o “dos”, sino a “tragos”– no se discuta de negocios, no se traten temas escabrosos, penosos, tristes, comprometedores, rústicos o torpes, aunque sabemos que a veces todo esto es la realidad cotidiana de muchos países y personas en particular. También recomendamos, en especial a las personas “chistositas” o “pujonas” o “sacos de plomo” o “bofes” o “payasos” o “tarugos” o “traumaditos”, que no se hagan chistes y bromas de mal gusto –que en algunos países, en algunos grupos, en algunas familias, en algunas empresas y en algunas personas en particular están a la orden del día–. ¡Los chistes y las bromas, en especial los chistes y las bromas de mal gusto, pueden delatar tu verdadera formación sociocultural, tu verdadero estrato social, tu herencia, tu ascendencia, tu verdadera personalidad; pueden expresar tus “preferencias”, tus “antipatías”, tus “debilidades”, tus “gustos”, las diferentes caras o rostros –generalmente escondidos, por múltiples motivos– de tu verdadero “yo”! ¡Cuidado con  la comunicación verbal y la comunicación no verbal en la producción y la recepción de los chistes y las bromas! (Freud, 2000).

Las negociaciones deben realizarse en determinados lugares con determinadas condiciones ambientales, ya se produzcan en una institución, en una empresa, en un restaurante, en un salón de fiestas y actos, en una oficina, en un área abierta, etc.: ¡el lugar de la negociación debe entrar por los ojos y por la nariz!, es decir que es importante la armonía visual, pero también la armonía olfativa, ¡y hasta la armonía gustativa!: el olor debe ser grato y no que el ambiente esté cargado con ciertos olores impactantes tales como “mal olor”, por el motivo que sea, u olores fuertes debido a ciertos alimentos o a ciertos productos de limpieza u odorantes artificiales como el incienso; del gusto o sabor…: ¡eso ya lo sabemos muy bien!, por nuestra experiencia en la gastronomía internacional; sencillamente no se aferre a “sus” gustos: los gustos de “los demás” también cuentan. En algunos casos, y está bien recordárselo aquí, justamente los gustos que no cuentan son los suyos –y es mejor que así sea, en el caso en que usted no tenga ni idea acerca de lo que es el “buen gusto”–. Algunas instituciones y oficinas sencillamente ¡apestan! a incienso: en tales casos no sabemos si estamos en una oficina o en la época medieval en la Catedral de Santiago de Compostela, con su famoso “botafumeiro”. Pero, claro está, de ser necesario, pues a ambientar el área de negociaciones y ventas con lo que se pueda. Los lugares que ocupan los negociadores o participantes en una junta o reunión son muy importantes, como muestro más arriba. Los ruidos y disturbios forman parte del ambiente: ¡cuidado con los celulares!

Veamos un ejemplo de lo que no debe suceder en una junta:

[...] Recuerdo, dentro de los más de treinta años de trabajo que tengo en las más diversas situaciones culturales del mundo, que en cierta ocasión, en una institución que tenía todas las condiciones para realizar las juntas de trabajo en áreas ventiladas, tanto el director del área en la que yo me desempeñaba como toda la masa de trabajadores “estuvieron de acuerdo” en realizar aquellas reuniones en el lugar menos indicado: totalmente cerrado, sin ventilación, pequeño, con una mesa y unas sillas disparejas y disímiles que obligaban a todos a sentarse extremadamente pegados, juntos, y justamente en aquel pequeño espacio había, aparte de la diminuta e incómoda salita de juntas, dos “servicios sanitarios” que constantemente eran “usados” por trabajadores de dos áreas distintas de trabajo… Por si todo esto fuera poco, el director del área, que siempre presidía las juntas y que sencillamente padecía de una verborrea terrible y cantinflesca o acantinflada, que portaba una imagen corporal y física más triste que la del Quijote, estaba muy enfermo de problemas internos y digestivos, incluyendo cirugías mayores del abdomen, por lo que se había granjeaba automáticamente la lástima de todo el que le veía. Debido a su idéntico parecido con el famélico, enfermizo, psicopático, perverso, disfuncional sexual, archifrustrado e hipocondríaco Montgomery Burns –personaje de Los Simpsons–,  ese era el mote por el que todos le conocían: “El Sr. Burns” [...] Este individuo era el ejemplo clásico de las frustraciones humanas, y absolutamente todas las deformaciones que se puedan concebir en un terrícola estaban presentes en él: deformación corporal, es decir un ser enclenque, raquítico, de color como verde pálido, y cualquiera, a primera vista, habría dicho que estaba tísico, y habría tomado sus severas medidas para evitar el contagio, y por dentro estaba podrido por todas las enfermedades que padecía; deformación psicológica: la perversión y la envidia desmedida eran rasgos personales de este contrahecho; deformación cultural y profesional: en los más de 30 años que llevo trabajando en el ámbito intelectual nunca he conocido a una persona que se desempeñe como directivo con una mayor deformación cultural y científica: “El Sr. Burns” no sabía hablar, ni en su lengua materna, que era el español, ni en ningún otro idioma, aunque él se creía todo lo contrario; no sabía escribir, sus textos escritos tenían los disparates ortográficos propios de un niño de escuela primaria, y no tenía ni la menor idea de la existencia de los signos de puntuación en lengua española, por lo que era un auténtico “Maestro Ciruela, que no sabía escribir y trabajaba en la escuela” [...] a este pobre adefesio frustrado le encantaba escribir, bueno, más bien garabatear, pero como tenía una redacción tan mala, se la pasaba preguntándole a cualquiera que estuviera a su alcance que en dónde iba la coma (el único signo de puntuación del que parecía que había oído hablar) [...] recuerdo que había un profesor al que llamaban “El Metáforas” que era el que le revisaba todas aquellas sandeces que escribía y siempre lo sacaba de sus apuros; pero un día lo botaron, lo corrieron, lo sacaron de la institución, porque había escrito un librito en donde trataba el sexo o cosas de sexo o algo así [...] Enseguida “El Sr. Burns” intentó buscarse un sustituto para que le revisara sus “escritos” y “discursos”; pero el asunto estuvo difícil porque los que lo rodean estaban totalmente perdidos en estas cuestiones de redacción, de estilo, de gramática, de cultura lingüística; pero no eran tan imbéciles como él y nunca tan buenos, agradables y aguantones como “El Metáforas” [...] Y entonces llegó mi turno, se me acercó en más de cuatro o cinco ocasiones “para ver en dónde ponía la coma” [...] Sin miramiento alguno lo bateé, le dije que no tenía tiempo porque el trabajo se había puesto muy complicado, cuestión que por supuesto no era cierta, sino que lo que pasaba era que “El Sr. Burns” emanaba una peste a carroña, a cosa descompuesta, a podrido, de mil demonios, e imagine usted tener a aquel individuo al lado y tener que dispararse aquel nauseabundo olor. Para nada, ¡las obras de caridad tienen su límite! [...] ”El Sr. Burns”, también llamado “Chespirito”, tampoco leía literatura artística, no sé por qué, tal vez porque no entendía ese divino arte; no conocía ni la literatura elemental de los escritores  y periodistas más importantes de su país, ni de otro país, por supuesto, y no hablemos ya de textos de historiadores, antropólogos, etnólogos y escritores e investigadores de otras ciencias, cuestión que pude comprobar un sinfín de veces, por lo que constantemente era la burla de una buena parte del colectivo [...] Pero siempre “El Metáforas”, que era un individuo muy culto, lo ayudaba, y cuando se fue dejó en “El Sr. Burns” un vacío lingüístico, literario y cultural terrible [...] Pasado el tiempo, por fin consiguió “El Sr. Burns” a un “achichincle” o “gato” o “medio sirviente” o como se le llame, que era también deforme, con una joroba o algo así, y que tenía ínfulas de escritor, para que le revisaba sus escritos y para que se leyera los libros que él le daba y para que luego le dijera de qué trataban. Todo esto fue tan evidente, y durante tanto tiempo, que hasta las secretarias se reían de aquel circo intelectual de dimensiones inconcebibles para el mundo civilizado, pero que para “el cuarto mundo” está bien [...] Nunca en mi larga vida de trabajo y socialización con las culturas e individuos más variados del mundo había yo visto a un ser humano más humillado por sus directivos, por sus jefes, y por sus iguales en rango, e inclusive hasta por algunos subalternos que en más de tres ocasione le habían gritoneado delante de todo el colectivo de trabajadores [...] La forma en que los directivos de aquella “honrosa” (?) institución trataban al  abortado “Sr. Burns” era sencillamente vergonzosa; pero él recibía aquellos evidentes desprecios diarios con una resignación y agradecimiento tales que parecía que ya desde niño, inclusive en estado fetal, había sido “amaestrado” en las desdichas y los desprecios por su misma madre, y padre si es que lo tuvo, y familia si es que una aberración humana de ese tipo puede tener “familia humana” [...] Casi siempre la introducción a las juntas era un pequeño y trágico discurso acerca de alguno de sus constantes tratamientos médicos, operaciones, endoscopias, gastroscopias, laparoscopias, colonoscopias, dietas, o alguna experiencia de cualquiera de los enfermos conocidos por él que también tenían el mismo padecimiento, y aquí todos escuchábamos atentos, interesados (?), siguiéndole el asqueante rejuego discursivo, y obviamente haciendo los respectivos gestos de pena, tristeza, solidaridad, compadecimiento, asco, etc., todo esto acompañado de las respectivas “palabras comodines” acordes con el funesto tema…: ¿ya imaginó el olor que despedía aquel pobre “Sr. Burns” debido a su enfermedad…? Desgraciadamente, para esos tiempos todavía no aparecía en el mercado el “celular o móvil japonés perfumador de ambientes”… Otro dato: la persona que se desempeñaba como “subdirectora” (?) del área, carente total y absolutamente de toda educación y rasgos de feminidad –dentro de sus hábitos diarios estaba hurgar, registrar, sin permiso por supuesto, las mesas y gavetas (“cajones”, en México) de las secretarias para comerse cualquier tipo de dulces o chucherías o lo que fuera que encontrara–, padecía de miopía y usaba espejuelos –“lentes”, en México– y constantemente se llevaba las manos a los espejuelos para acomodárselos en la nariz, pero, de pasada, como su fuera un tic nervioso, una manía, al bajar los brazos, se llevaba las manos a los senos y entre “acomodadas” y “rascadas” de senos trascurría este espectáculo al que le llamaban “junta de trabajo”… Pero, además, algunos colegas, que padecían obesidad, tenían tratamientos médicos especiales que les hacían sudar y también sus alientos no eran justamente los más indicados en el aspecto favorable [...] Por otro lado, y por si fuera poco todo esto, una de nuestras “colegas” (?), que se había divorciado, luego de un “espectáculo muy fuerte” y muy conocido por la masa de trabajadores, incluyendo a las señores que limpiaban [...]  estaba en planes desesperados –del tipo de “con quien sea” y “en donde sea”– de conquista amorosa y usaba unos “perfumes con feromonas”… Otros dos colegas, “él” y “ella”, tenían una relación íntima afectivo-sexual y, de vez en cuando, se “hacían ojitos”, es decir se lanzaban unas miraditas –según ellos “inofensivas”, “de cariño y afecto”– de tipo circense, es decir ¡el maravilloso lenguaje del amor!… Otro colega, con una imagen ya de por sí desprestigiada, del que se decía que era “tifi-tifi” –es decir, “amigo de lo ajeno”, en México– y que tenía la dentadura más desaseada que pueda imaginarse en una sociedad civilizada, llevaba a las juntas una botella de agua grande de la que constantemente se empinaba y de ahí salía un molesto sonido “glu, glu, glu, glu…” que era, realmente, un espectáculo de comedia de horror. Otros dos colegas, que recibían el mote de dos personajes humorísticos de televisión, también llamaban bastante la atención, porque, además de los rasgos personales totalmente opuestos en los dos –uno, entre otras cosas, cargado de particularidades eróticas esquizo-paranoides muy marcadas, lo que le acarreó bastantes problemas y hasta un tremendo escándalo institucional [...] y el otro, insípido, vulgar, inculto, torpe, disléxico…–, aparentemente eran íntimos amigos, pero no perdían oportunidad para hablar mal, para rajar, con quien fuera, el uno del otro, y viceversa, y cuando el mayor de los dos hablaba emitía unos ruidos que nunca se supo si eran intentos para articular palabras o era que estaba proyectando la parte humorística del personaje televisivo con el que se le asociaba… Finalmente, otro colega, que según él era un gran pensador y al que todos le decían cariñosamente “El Metáforas”, un individuo muy simpático y culto, por cierto, siempre participaba efusivamente y distraídamente en las juntas, con el único problema de que casi nunca se le entendía lo que decía por ser “el gran pensador”, “El Metáforas”… Si usted desea añadir algún otro dato a su información para recrear mentalmente aquel “ambiente” de juntas y negociaciones, le comento que las juntas empezaban a las 9 de la mañana y podían terminar a las 5 de la tarde [...] ¡Sí…, muchas gracias! [...] Yo también me compadecí y todavía me sigo compadeciendo por aquellos dos terribles años perdidos… ¿Y usted ya se preguntó que si no voy a hablar de mí en este episodio? Sí, claro… Yo aquí, en este episodio, soy el extranjero…, y soy el que cuenta el “episodio”… Además, yo siempre llevaba a las juntas unas pastillas de menta, caramelos, de eucalipto o de lo que fuera, que repartía sin restricciones, y mis colegas, felices, las disfrutaban y me daban las ¡“mil gracias”! Una vez hasta llevé un ventilador… ¡Así, todos quedábamos contentos, felices, e ignorando ciertas “realidades”…! ¡Usted no sabe lo que esto ayudó en aquellas siniestras y malsanas juntas! ¿Que esta empresa es tercermundista y de gente pobre y atrasada? ¡No, para nada! Justamente, todo lo contrario, o eso es lo que se supone…: se trata de una de las empresas más conocidas, sobre todo por sus escándalos internacionales de pederastia, y ubicada en uno de los lugares más exclusivos [...] ¡Así es! Pero, como dice el dicho, ¡al que Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga! [...] 

3.  Comportamiento. En cualquier negociación son muy importantes los factores “identidad” y “espontaneidad”, es decir con qué te quieres identificar y con qué, verdaderamente, te identificas: ¿quién realmente eres y qué realmente quieres en una negociación? Aquí usted debe tomar en cuenta que justamente no se trata de lo que usted “desea” aparentar, sino de lo que en concreto y evidentemente dicen su cuerpo, sus gestos y en general la comunicación no verbal:  http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/comunicaci%C3%B3n-no-verbal-cnv-y-lenguaje/19j6x763f3uf8/47# , y dicen sus palabras, sus oraciones fonéticamente articuladas, es decir habladas, y también escritas: http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/c%C3%B3mo-hablar-correctamente-en-p%C3%BAblico/19j6x763f3uf8/43# . Si no le queda claro este aspecto, puede consultar en este mismo texto el capítulo No. 6, intitulado: “Sincronía interaccional u orientación del cuerpo”, que también está disponible en: http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/por-qu%C3%A9-la-gente-no-se-acepta-y-se/19j6x763f3uf8/74#  y en  http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/por-qu%C3%A9-la-gente-no-se-acepta-y-se/19j6x763f3uf8/73# .

Cualquier “negociador de alto calibre” se supone que maneja perfectamente los elementos de la comunicación verbo-corporal que comento aquí en mi libro. Si usted tiene dudas, pues entonces léalo. Y si este libro, El lenguaje corporal humano. Apuntes para el curso, no le satisface, entonces le recomiendo que se lea cualquiera de los otros sobre este tema; pero léalo de verdad, porque si va a las negociaciones pensando que usted lo sabe todo y que no necesita nada de la cultura verbo-corporal…: ¡sorpresa! Sencillamente, mire a su alrededor y analice rápidamente el estado de las negociaciones de nuestros países, de nuestra América, que se llevan a cabo con personas supuestamente ilustradas y conocedoras del gran protocolo, del “protocolo de la diplomacia”. ¡Terrible el asunto! Claro, que en unos países este asunto del desastre en las negociaciones, en todos los sentidos, es todavía peor. Aquí no le doy ejemplos porque no es necesario.[7] ¡Pan comido! 

Recuerde que el comportamiento verbo-corporal: http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/la-comunicaci%C3%B3n-verbal-y-la/19j6x763f3uf8/48# y http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/la-comunicaci%C3%B3n-verbal-y-la/19j6x763f3uf8/49# , es la principal arma de las negociaciones, y que aquí las “máscaras sociales” deciden en mucho los términos de una negociación:
 
 

TALLER: EL USO DE LAS MÁSCARAS SOCIALES EN SITUACIONES DE GLOBALIZACIÓN,
CULTURAS EN CONTACTO Y PLURICULTURALIDAD 

 
 

TALLER: EL USO DE LAS MÁSCARAS SOCIALES EN SITUACIONES DE GLOBALIZACIÓN,
CULTURAS EN CONTACTO Y PLURICULTURALIDAD 

 
 

[...] Decíamos que los humanos, en especial los humanos de las áreas modernas, civilizadas, llenas de protocolos y etiquetas, teníamos que disfrazarnos, que enmascararnos, constantemente. ¡Y qué bueno que esto es así!; lo contrario sería un gran problema, porque los choques sociales, los enfrentamientos sociales, las rupturas sociales serían muchos y constantes: “Esta actitud de total desprecio de los elementos corrientes de enmascaramiento como los vestidos, el abandono del cuidado y la apariencia personal, [el uso de protocolos y etiquetas, a veces vetustos y un poco “estirados” o “abitongados”, anacrónicos] es a menudo una de las más evidentes señales de que se acerca una conducta psicótica” (Fast, 1999: 62). ¡Por eso unos tenemos que disfrazarnos de una cosa y otros de otra! Pero no olvidemos que una cosa es “el disfraz”, “la máscara”, y otra es la realidad… ¡Cuidado, la máscara puede caer en cualquier momento y aparecer el verdadero rostro, la verdadera conducta! Casi siempre esa máscara desaparece cuando hay festejos o reuniones en las que se come y se bebe, en los festejos que duran bastante tiempo. Cuando las personas comen y beben todo aparece, ése es un momento importantísimo en el que afloran las verdaderas identidades, en todos los sentidos. Y siempre comemos y bebemos: en la vida pública, en el trabajo y en la familia o intimidad.

El uso de las máscaras para ocultar el verdadero rostro data de cientos de miles de años:

[...] La ocultación del rostro con una máscara, generalmente con forma monstruosa, constituía un recurso mediante el cual las culturas primitivas ahuyentaban mágicamente a los enemigos y se apropiaban así de las fuerzas de los animales o personas a que hacían alusión. No debemos pensar que este significado es sólo simbólico. Aún hoy en día algunos pueblos del Índico (con desarrollos culturales semejantes a los del Paleolítico y que habitan territorios aislados de la influencia de las grandes civilizaciones de su entorno) basan su fuerza militar en este tipo de estratagemas.

Pero con el desarrollo de las grandes sociedades, el sentido de las máscaras quedó ya relegado a aspectos meramente simbólicos. En Oriente, por ejemplo, se emplearon frecuentemente con fines funerarios, pretendiendo mantener el rostro del difunto tras la muerte para que en la reencarnación siguiese ese modelo.

En la cultura grecorromana fueron un recurso constante en las presentaciones teatrales, ya fueran cómicas o dramáticas. Pese a ello, no debemos interpretarlas como algo frívolo o meramente decorativo, sino que con ellas se pretendió capturar realidades y sensibilidades metafísicas.

El uso actual de las máscaras, sobre todo en los carnavales, viene a simbolizar una pérdida de la propia identidad para pasar a convertirse, durante unos momentos, en otra persona o ser, escapando así de la monotonía en un ambiente de fiesta y alegría, y participando también  en la pervivencia de antiguos ritos de inversión de las relaciones sociales (Serrano y Pascual, 2003: 207-208).

En nuestros días, al nivel social, ya sea en el ámbito público o en el ámbito laboral o en el ámbito íntimo, el uso de las máscaras tiene ventajas; pero también desventajas. Con las máscaras –y concretamente con las máscaras que exigen los grupos sociales en particular, según los tiempos, las migraciones, las modas, la vida pública, la vida laboral y la vida familiar, etc.– podemos dar la impresión deseada, podemos “dar el gatazo”, podemos pasar por ser “el otro”, “un otro cualquiera”, “un otro deseado y necesario”, a veces “un otro” imprescindible y vital, como sucede  en situaciones de guerras, de persecuciones y de conflictos, cuestión de “apariencias”:

[...] CÉSAR. –Todo el mundo aquí vive de apariencias, de gestos. Yo he dicho que soy el otro César Rubio… ¿a quién perjudica eso? Mira a los que llevan águila de general sin haber peleado en una batalla; a los que se dicen amigos del pueblo y lo roban; a los demagogos que agitan a los obreros y los llaman camaradas sin haber trabajado en su vida con sus manos; a los profesores que no saben enseñar, a los estudiantes que no estudian. Mira a Navarro, el precandidato… yo sé que no es más que un bandido, y de eso sí tengo pruebas, y lo tienen por un héroe, un gran hombre nacional. Y ellos sí hacen daño y viven de su mentira. Yo soy mejor que muchos de ellos. ¿Por qué no…?[8]

CÉSAR. –[...] Pero ¿quién eres tú? ¿Quién es cada uno en México? Dondequiera encuentras impostores, impersonadores, simuladores; asesinos disfrazados  de héroes, burgueses disfrazados de líderes; ladrones disfrazados de diputados, ministros disfrazados de sabios, caciques disfrazados de demócratas, charlatanes disfrazados de licenciados, demagogos disfrazados de hombres. ¿Quién les pide cuentas? Todos son unos gesticuladores hipócritas. 

NAVARRO. –Ninguno ha robado, como tú, personalidad de otro.

CÉSAR. –¿No? Todos usan ideas que no son suyas; todos son como las botellas que se usan en el teatro: con etiqueta de coñac, y rellenas de limonada; otros son rábanos o guayabas: un color por fuera y otro por dentro. Es una cosa del país. Está en toda la historia, que tú no conoces [...][9] 

MIGUEL. –¿No te das cuenta de que quiero la verdad para vivir; de que tengo hambre y sed de verdad, de que no puedo respirar ya en esta atmósfera de mentira?[10]

MIGUEL. – [...] Si yo tuviera un hijo le daría la verdad como leche, como aire.[11]

Pero también las máscaras tienen sus efectos social y sicológico contraproducentes; con la máscara se deja de ser “el yo”, “un yo”, para ser “el otro”, “un otro”. ¿Acaso un individuo y una sociedad que viven utilizando máscaras constantemente pueden desarrollarse, pueden crecer, pueden evolucionar, de manera sana? Claro que no. En estos casos sólo puede haber individuos de ficción, sociedades de ficción, regidas y controladas por la ficción, por la artificialidad, por la irrealidad, por las ilusiones, por el engaño, por la mentira, por la banalidad, por la envidia, por el rencor, por el odio… ¡Y por eso morimos de desengaño!

Las máscaras son múltiples y las personas tienen que enmascararse a veces de manera obligatoria. El enmascaramiento permite “disimular” y “simular”: [...] disimular es hacer creer que no se tiene eso que sí se posee, o fingir que no se es lo que en realidad sí forma parte sustancial del sujeto; y [...] simular es dar a entender que se tiene eso de lo que se carece [...] (González, 2006: 16). Entonces ¿quién, por el motivo que sea, no ha disimulado o simulado alguna vez en su vida? Entonces, por ende, ¿quién no se ha enmascarado alguna vez en su vida? El problema no es haberlo hecho “una vez en la vida”. El problema radica en cuando tenemos que vivir disimulando o simulando “toda la vida” y la trascendencia de esa “disimulación” y “simulación”. ¡Terrible problema éste! En muchos lugares, el enmascaramiento forma parte de los hábitos sociales cotidianos, de los protocolos cotidianos, de las organizaciones familiares, y ciertas violaciones a estos enmascaramientos tienen castigos severos, inclusive la muerte (Freud, 1981). De tal manera: ¡Los feos tenemos que disfrazarnos de lindos…! ¡Los viejos, de jóvenes! ¡Y los de unos colores, de otros colores! ¡Los brutos, de inteligentes! ¡Y los lindos tenemos que disfrazarnos, además, de inteligentes…! ¡Y los lindos e inteligentes tenemos que disfrazarnos de potentes sexuales y cachondos, de “mataores”…! ¡Y los maleducados o rústicos tenemos que disfrazarnos de educados y finos…! ¡Y los “chistositos” o “sangrones” o “plomitos”, de acomedidos, comedidos o correctos! ¡El desagradable, de agradable! ¡Y los nacos o cheos tenemos que disfrazarnos de fresas y bitongos! ¡Y los pobres, de ricos! ¡Y los sucios y mugrosos tenemos que disfrazarnos de limpios y aseados! ¡Y los cuatreros, gandayas y ladrones tenemos que disfrazarnos de honestos! ¡Y los inmorales tenemos que disfrazarnos de morales! ¡Y los gatos, lambiscones,  guatacas o tracatanes, de serviciales y correctos trabajadores, de trabajadores con perfecto desempeño! ¡Y los ateos, de creyentes; y los creyentes, de ateos; y los creyentes de unas religiones, en creyentes de otras religiones! ¡Y los curas pederastas y abusadores sexuales se disfrazan de “santos e inmaculados padres”!…, según los tiempos, los contextos, las situaciones, etc. Todo esto, claro está, aparece condicionado por las exigencias de los grupos imperantes, de la sociedad en el poder, y de quien, consciente o inconscientemente, crea en el “disfraz”, en la “disimulación”, en la “simulación”. ¿Y los masoquistas, los sádicos y los pederastas, de qué se disfrazan? ¡Mire nada más a su alrededor, recuerde los acontecimientos actuales, difundidos ampliamente por la radio, la televisión, Internet, los periódicos, las revistas…! ¿Ya vio? ¡Así es…! Entonces usted ya sabe perfectamente cuál es el disfraz de estos “simbólicos personajes”. Queda claro que las mejores (?) mascaradas, a nivel internacional y concretamente en América, se producen en las esferas de la política y la religión, por separado, y en la interrelación política-religión, o, lo que es lo mismo, interrelación estado-iglesia (Antaki, 1997: 125-134).

Las máscaras han sido y siguen siendo muy empleadas en las migraciones. Los individuos que migran, generalmente tienen que emplear máscaras para reajustarse a las nuevas condiciones de vida: máscaras físicas, máscaras sociales, máscaras protocolares, máscaras religiosas, máscaras sexuales… Se puede ser “uno mismo” pero aparentando “ser otro”:

[...] Para la recluta de estos hombres de España [se refiere a los hombres que se reclutaban en España para la Conquista en América, para poblar América] se había acudido a todo tipo de ardid propagandístico. Se sabe que cuando Rodrigo de Bastidas [sevillano, corrupto, muerto en Santiago de Cuba en 1527] regresó a España, los reyes dispusieron que por las villas y ciudades que transitase en su camino rumbo a la corte mostrara el oro y las riquezas traídas de la Indias. Se conoce también de los grandes incentivos que brindaron los reyes en la primera etapa conquistadora/colonizadora, que incluyó tierras, soldadas especiales, la quinta parte y después la tercera parte del oro que encontrasen. Inclusive se permitió que los homicidas pasasen a América a cumplir penas de destierro y en 1511 se abrió la puerta a hijos de quemados [es decir de negros de España; no es lo mismo ser un “negro de África” que ser un “negro de España”], con la única restricción de que no desempeñasen en las Indias oficios públicos. Estas pragmáticas atrajeron hacia la empresa conquistadora hombres de las más diversas escalas sociales, pero todos con la misma ansia de triunfo y una disposición a hacer lo posible, o imposible, para lograrlo [...]

Quienes sí se quedan [se refiere a los conquistadores que venían de Europa a América] son los pocos que por su edad, condiciones físicas u otras razones personalísimas deciden permanecer en la villa: a ellos se une gente marginal y dispersa, marinos desertores, condenados que huyen de España, Canarias u otros lugares de las propias Indias, judíos que ponen mar por medio a la persecución religiosa y, en fin, todos aquellos  que decidieron ser ellos mismos, aparentando ser otros. Así, en sus inicios la sociedad blanca habanera y, en cierta forma, la de las otras villas, fue una sociedad residual: la sociedad de los que se quedaron [...] (Moreno, 1996: 52-54).[12]

En las negociaciones las máscaras desempeñan un papel fundamental:

Máscara o espontaneidad

Para los clásicos,[13] el negociador debe llevar una máscara. Nada de emociones, nada de expresiones, nada que muestre la turbación o la incertidumbre interior. Siguiendo esta forma de pensar, el general Charles de Gaulle afirmaba al recordar sus alocuciones televisivas: «La sobriedad de la actitud acentúa el relieve del discurso». Cada palabra se enriquece entonces con el contraste que logra con respecto a la naturalidad de la expresión, mientras que la acción del «control de sí mismo» actúa en sentido inverso: la sobriedad del gesto supone casi naturalmente una moderación del lenguaje y una economía de palabras, de metáforas, etc.

Los modernos, por su parte, prefieren la espontaneidad. Desgraciadamente, no resulta fácil quedarse impasible, sobre todo si el acompañante se esfuerza por hacerle salir de sus casillas. Por otra parte, y esta es la objeción más seria, la «máscara» limita en gran manera el poder de comunicación del cuerpo, incluso las propias facultades intelectuales, puesto que exige una atención constante dirigida hacia uno mismo. ¿Cómo mantener la máscara en el rostro en un consejo de administración, en el que se afrontan diversos proyectos divergentes, en medio de exclamaciones, elevaciones de tono, de propuestas contradictorias? La evolución de las relaciones humanas, que se hacen cada vez más directas y funcionales, ha llevado a los negociadores a la adopción de un comportamiento más espontáneo, más natural, en donde los gestos y las actitudes toman sin esfuerzo el relevo de las palabras y viceversa. Es evidente que expresa uno con mayor elegancia y convicción aquello que piensa; desligados de cualquier prejuicio, de todo cálculo, podemos dedicarnos por entero a la labor de la persuasión. Toda la fuerza empleada en dominar las propias reacciones puede ser puesta al servicio de la expresión, al igual que un actor que conozca perfectamente su libreto[14] (Ruano, 2003e).

Hoy nuestras negociaciones pueden realizarse al nivel de grupos y comunidades que conocemos, de nuestras comunidades y culturas, en nuestros idiomas y dialectos, con nuestros gestos, y esa ya es una gran ventaja. En otros casos, nuestras negociaciones, nuestros tratamientos, se realizan con grupos y culturas, en idiomas y dialectos,  que no conocemos bien, o que de plano no conocemos (Whittle y otros, 1998; Curry, 1999; Ertel, 2000).  A veces sucede que tenemos que pensar muy bien nuestras estrategias para negociar, es decir preparar cuidadosamente nuestra negociación (Narisna, 1999; Missenard, 2000), porque la otra parte o las otras partes del diálogo son un tanto difícil (Kritec, 1998; Stone y otros, 2002). Nuestras relaciones diarias son complejas dentro de nuestras mismas comunidades; más complejas aún en situaciones de internacionalización, cualquiera que sea ésta. La palabra “globalización” suena muy bonita, parece interesante; pero la realidad es otra: ¿Quiénes participan en una globalización? ¿Están todos los participantes preparados, de igual manera y en todos los sentidos, para esa globalización? ¿Acaso podemos hablar de un verdadero ciudadano global sin tomar en cuenta criterios como “derecho a la paz y al respeto ajeno”, “tolerancia”, “libertad”, “principios”, “valores”, “reglas”, correlación vida-tiempo-muerte[15] –no sólo en tiempos de paz, como objeto de análisis científico, sino también en tiempos de guerra–?: ¿quiénes ven a la muerte como en realidad un concepto culturalmente aprendido?, ¿es bueno o malo morir?, ¿quiénes son los aceptadores de la muerte?, ¿quiénes son los negadores de la muerte?, ¿quiénes son los retadores de la muerte?, ¿quiénes mueren con gusto y quiénes no?, ¿quiénes sienten fascinación por la muerte (Paz, 2000: 97)?, ¿los grupos que sienten fascinación por la muerte son jóvenes o viejos, se consideran iniciadores de nuevos ciclos históricos o consideran que están en el ocaso de sus historias?, ¿quiénes van a una guerra deseosos de morir, quiénes van a una guerra temerosos de morir, quiénes van a una guerra resignados ante la muerte?, ¿cuáles son las tradiciones, los protocolos y las etiquetas para un funeral?,[16] ¿qué nos espera después de la muerte a unos y a otros, a, por ejemplo, cristianos, judíos, musulmanes, animistas, hinduistas, budistas, politeístas…? La muerte, un tema que está directamente relacionado con un tipo específico de inteligencia, es decir con la Inteligencia espiritual o existencial, se refiere no solamente a “la muerte como tal”, como la conocemos hoy los occidentales, sino también a la existencia misma aquí, en el plano terrenal, y también en un determinado “otro lugar” que a veces llamamos “el más allá”, esté donde esté, a la vida misma aquí, en el plano terrenal, y también en un determinado “otro lugar”, esté donde esté, y, final y obviamente, a la muerte. Es decir, aquí nos referimos al conocimiento en torno a quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, con todo y sus interpretaciones grupales y personales, hoy y a través de la historia según los diferentes contextos socio-culturales, con sus ideas sincréticas, místicas, mágicas, filosóficas, míticas y mitoideas. Me parece que este es un tema muy interesante en nuestras culturas, que son el resultado de tres grandes grupos sociales tan diferentes: amerindios, europeos y africanos. Si nosotros, los humanos de este mundo tan complejo, pudiéramos, por fin, interpretar y entender mejor toda la parafernalia en torno a la vida y a la muerte somática y a la muerte cerebral, desde el ángulo que sea y a través de la ciencia y la filosofía que sea, según los contextos culturales, entonces nuestras vidas y nuestras muertes, finalmente, serían menos tortuosas, menos complejas, más tranquilas, más dignas, menos indignas y trágicas (Ruano, 2003e). ¿Es que acaso todavía no hemos visto que hay regiones y países que en tiempos y en la actualidad más que llamarse “regiones” y “países”, por la causa que sea, deberían ser llamados “regiones-morgues”, “países-morgues”? ¡Han sido y son en esos lugares tantos los muertos! Hay regiones y países en donde, “antes o ahora” y “antes y ahora”, la cultura diaria de la vida es, sencillamente, la cultura diaria de la muerte. Leamos y oigamos las letras, la música, de la mayoría de los himnos nacionales de nuestros diversos países.[17] ¿A qué hacen referencia esas letras y esas músicas desde hace siglos? ¡Han sido y siguen siendo himnos de guerra! ¡Tratan la guerra, el combate, la muerte, la agonía, los conflictos, el dolor, la humillación, la esclavitud, la discriminación, el lamento y las frustraciones de los desposeídos, de los descamisados, de los pobres, es decir el grito de desesperación de la inmensa mayoría…! ¿Cómo se supone que los seres humanos de este planeta, tan poblado y tan diverso, debemos enfrentar la psicología y la sociología de la agonía?:

[...] Debemos entender la paz como un derecho básico universal y como un eje muy importante para la ética, por lo que resultaría antiético comunicarse con miembros de otra cultura en determinadas formas que puedan resultar violentas para su cultura y que alteren la paz. Hay que recordar que para que exista un buen entendimiento y una verdadera paz, ambas partes deben de estar de acuerdo en que no siempre los dos van a obtener lo que desean, pero que si verdaderamente se someten a un diálogo en pro del bien común, será posible alcanzar la paz.[18]

La muerte nos espera a todos, ricos y pobres, sin diferenciar culturas ni creencias. Los múltiples rituales que acompañan la muerte y el luto ilustran cómo cada sociedad expresa su temor por lo desconocido. En las antiguas creencias se decía que el cuerpo se unía de nuevo a la Madre Tierra, o que el alma retornaba al océano cósmico o subía al cielo; en otras palabras, la materia orgánica vuelve a integrarse en la naturaleza. Para otros, la muerte significa el umbral hacia la otra vida, que será favorable si el difunto ha sido un hombre piadoso. La muerte, inspiradora de grandes temores y profundo dolor, para otros significa un motivo de alegría, con lo que combina una gran diversidad de símbolos. Muchos ritos mortuorios son actos simbólicos que se realizan para aligerar el viaje del alma, así como para consolar a los familiares afligidos (Bruce-Mitford, 1997: 92).

Los mexicas, en estrecha relación con su pensamiento místico-guerrero, creían que todo aquel que moría en la guerra se convertía en compañero del Sol, marchando para ello al Tonatiuhílhuicac, al “cielo del Sol”. Transformados los guerreros en aves preciosas, formaban el cortejo del astro que ilumina el día. De igual modo que los guerreros hechos cautivos en el combate, las mujeres que morían de parto, es decir, con un prisionero en su vientre, tenían por destino ser compañeras del Sol. Su lugar de residencia estaba en la parte occidental del cielo. Por esto el poniente, además de ser “la casa del Sol”, era también Cihuatlampa, “hacia el rumbo de las mujeres”, la región de la tarde, desde donde salían al encuentro de Tonatíuh las que se llamaban también cihuateteo, “mujeres divinas”.

Otros sitios existían en el más allá, a los que iban determinadas clases de muertos. El Tlalocan, mansión de Tlaloc, dios de la lluvia, era lugar de deleite y felicidad. A él marchaban los elegidos del Señor de la lluvia, que les enviaba la muerte en forma directa: los que perecían ahogados o fulminados por un rayo, los hidrópicos y los gotosos. A todos éstos no se les quemaba como a los demás fallecidos, sino que sus cuerpos recibían sepultura [...]

“[Los niños que morían] moraban en el Chichihuaquauhco, “el lugar del árbol nodriza”, cuya ubicación se situaba en función del Tlalocan. Los niñitos eran allí alimentados por ese árbol, de cuyas ramas goteaba leche.

Se dice que los niñitos que mueren como jades, turquesas, joyeles, no van a la espantosa y fría región de los muertos. Van allá a la casa de Tonacatecuhtli (el Señor de nuestro sustento); viven a la vera del árbol de nuestra carne. Chupan las flores de nuestro sustento: viven junto al árbol de nuestra carne; junto a él están chupando”.

El yólotl o corazón de tales niñitos, después de cierto tiempo, podía volver a la tierra. Su realidad y su destino, a modo de gotas, podían penetrar en el seno de quienes iban a ser sus madres en una nueva oportunidad de existir.

El sitio, morada de la gran mayoría de los humanos fallecidos, se conocía con el nombre de Mictlan, “lugar de los muertos”. Existía éste en lo más profundo de los nueve pisos inferiores, situados debajo de la superficie de la tierra [...] en el pensamiento de los mexicas, el destino final estaba determinado no precisamente por la conducta moral desarrollada en la vida, sino por el género de muerte con que se abandonara este mundo [...] Esto quizá suscitará extrañeza en el modo de pensar que, influido por el cristianismo, relaciona conducta moral y destino después de la muerte. Sin embargo, las concepciones éticas del hombre prehispánico tenían raíces distintas. En vez de la amenaza de un castigo o de la esperanza de un premio más allá de la muerte, influían sobre todo en la conducta el deseo de alcanzar en la tierra el beneplácito divino, el perfeccionamiento del propio rostro y corazón y, en consecuencia, la felicidad de que son capaces los humanos. Por lo que tocaba al posible destino después de la muerte, la opinión era que ello correspondía a la decisión de los dioses.[19]

En nuestro mundo occidental tememos a la muerte, y por esto evitamos todos los actos y ritos que rodean a la muerte y el luto. La aflicción nunca es atractiva, pero la aflicción que aparece debido a la muerte es en extremo rechazada. La vida y la muerte son actos inevitables, y así como la gente nace y vive, lo que es motivo de regocijo y festejo, para lo cual existen muchos protocolos, también la gente muere, y asistimos a velorios y entierros, y todo esto también tiene sus ritos, sus protocolos, sus tradiciones, sus formas de comportamiento verbal y no verbal. En los velorios y entierros de los grupos occidentales –grupos mestizados racial y culturalmente, en mayor o menor medida–, es decir en los “ritos funerarios”, siempre hay algo interesante y novedoso que observar, en especial la confusión y la torpeza de algunas personas ante la realidad de la muerte y del dolor humano. En estos eventos las conductas verbales y no verbales de las personas pueden ser muy variadas. Por tal motivo se han establecido parámetros que nos ayudarán mucho a salir airosos de estas situaciones en la cultura occidental (Carreño, 1968: 361-367; Bourdoiseau y otros, 1982: 423-426). Toda actividad relacionada con las costumbres funerarias o ritos funerarios de cualquier cultura, inclusive la muestra de las emociones, implica la presencia de signos, símbolos y significados concretos y particulares en contexto. En los ritos funerarios se destacan como signos particulares: 1. el color o cromatismo simbólico, 2. el pelo y la forma que adopta éste en parientes y amigos del difunto, 3. los sonidos o ruidos en el funeral como ruidos que hacen con la boca, cantos, palmadas, campanas, tambores, trompetas, matracas…, y  4. las prácticas para el tratamiento del difunto o cadáver, que son extremadamente complejas, variadas y plurisemánticas. Todas las actividades que se relacionan con los ritos funerarios, con los cadáveres, con los difuntos, con los velorios, se ha denominado tradicionalmente en sociología, antropología, tanatología, estudios de ciencias sociales, filología, lingüística e imagología como ritos de paso,[20] es decir “ceremonias que marcan el paso de una fase de la vida o de un estatus social a otro”, lo que se refiere a ritos que se relacionan con los estados más importantes en la vida de los seres humanos, que son, principalmente, 1. Nacimiento, 2. Pubertad, 3. Matrimonio, 4. Muerte. Para los occidentales promedio, el rito funerario de algunos grupos humanos puede ser algo sorprendente, traumático e inconcebible, como se muestra en esta imagen [...]

El “arte de convivir en sociedad”, “de convivir en grupo”, varía mucho, sus matices son diferentes, en dependencia del lugar en donde se conviva. Así, no es igual el comportamiento y las exigencias comportamentales de los individuos que viven en un pueblo, una capital de provincia[21] o una metrópolis como el D. F., Tokio o Nueva York, en donde “las modas”, los cambios, se producen con una vertiginosidad abismal.[22] No son los mismos esfuerzos y conductas de socialización y respeto, el mismo tipo de cortesía, que emplean los hombres que viven en espacios amplios, acondicionados por toda una serie de factores positivos, que afectan de manera grata al ser humano, que en espacios estrechos afectados por toda una serie de aspectos negativos. No es lo mismo habitar en una casa con todas las condiciones de vida, que en un condominio, en un departamento, con toda una serie de desventajas (Ibargüengoitia, 1998: 74-75). No es lo mismo el comportamiento de las personas en una ciudad con poco tránsito vehicular que en una ciudad considerada entre las tres áreas con mayor tránsito vehicular del mundo, y éste es el caso del D. F. ¿Cómo actúan las personas en tales condiciones? ¿Se observan las leyes del tránsito? ¿Y la cortesía vehicular? ¿Cuáles son los códigos de comportamiento vial, los civilizados y controlados por la ley y el respeto? ¿Quiénes tienen el derecho vial entre conductores y peatones, todos o solamente algunos? ¿Conducimos en todos los lugares de la misma manera? ¿Por qué en algunos lugares nuestro comportamiento como conductores y peatones es uno y en otros lugares otro? ¿Qué condiciona o controla este comportamiento? ¿Para qué sirve el claxon del vehículo? ¿Tiene el claxon otras extensiones semánticas, se emplea para otra cosa que no sea el uso para el que se diseñó?:

Estábamos  en  una  reunión hablando de un ausente. Una señorita humanitaria le reclamó a un amigo mío:

–¿Por qué dices que te cae mal, si no lo conoces? Mi amigo contestó: –Lo único que sé de él es que ha instalado en su coche un claxon que toca “La Marsellesa”. ¿Te parece poco? No sólo no lo conozco, sino que me cae mal y no tengo ganas de conocerlo.

Cuando escuché estas palabras sentí el escalofrío característico de cuando descubre uno alguna gran verdad. Bufón, hablando de los escritores, dijo: “el estilo es el hombre”; nosotros podemos agregar que, entre analfabetos, el claxon es el hombre. No sólo el claxon, sino la manera de usarlo. La señora que en vez de bajarse del coche a abrir la puerta de su casa, toca el claxon un cuarto de hora para que venga la criada a abrirle, el señor que detiene el coche (generalmente un Mustang) y da acordes estruendosos mientras espera a su novia que está en el baño maquillándose precipitadamente, el que da un trompetazo en cada esquina, sin disminuir la velocidad, como diciendo “abran cancha que lleva bala”, o el que a fuerza de tocar el claxon va a lograr poner en marcha el automóvil descompuesto que está parado frente al suyo, están poniendo en evidencia, no una característica superficial, sino la hediondez que brota de los más profundo de su alma detestable.

En apoyo de esto que acabo de decir, que no es más que un preámbulo, voy a narrar aquí un suceso del que fui partícipe el otro día, que me tiene muy preocupado.

La cosa fue así. Estaba yo tranquilamente jugando “scrabble” con una amiga mía que vive en un condominio, cuando de pronto empezamos a oír  el sonido de un claxon, modesto pero estridente, que tocaba dos veces en rápida sucesión, pasaban quince segundos y volvía a tocar: pip, pip; quince segundos, pip, pip. Así pasaron cinco minutos. Se suspendió el juego, porque no podíamos concentrarnos. Al cabo de cinco minutos, nos levantamos de nuestros asientos y fuimos a la ventana, que es de un quinto piso. Vimos lo siguiente. Abajo, en el patio, había un Datsun blanco que no podía estacionarse porque había otro coche parado en el lugar que le correspondía al dueño del Datsun. Hay que advertir que en ese condominio cada propietario paga diez mil pesos por los seis metros cuadrados del estacionamiento. El dueño del Datsun seguía pip, pip, quince segundos, pip, pip.

Aproveché una de las pausas para gritar con voz estentórea:

–¡Oiga, cállese!

Y la siguiente, para agregar:

–¡Vaya a la caseta de policía y no esté…! –aquí dije una palabra que quiere decir “molestando”, que es un poco más fuerte, pero no es ninguna de las dos más fuertes que pueden usarse en el mismo contexto y que son las primeras que se nos vienen a la cabeza en estos casos (Ibargüengoitia, 1998: 85-87).

Estos son patrones de conducta que se copian, se heredan, de generación en generación:

El único defecto que tienen los niños [en situaciones de desajuste comportamental] es que son idénticos a sus padres. En efecto, lo primero que aprende a hacer el niño [...] al llegar a este mundo, es llorar para que se atienda a sus necesidades. Lo siguiente que aprende es a tocar el claxon del coche de su papá, con el mismo objeto. Y toca el claxon, y toca más, y al cabo de cincuenta años sigue tocándolo con esperanzas de lograr con ello fines tan diversos como son: hacer que un coche descompuesto que obstruye la circulación se componga súbitamente y eche a andar, o bien, que se esfume con todo y ocupantes; avisar a los conductores de vehículos que viajan por las calles transversales que se les acerca un coche conducido por un individuo que está dispuesto antes a morir que a ceder el paso; avisar a unos niños que están desayunando que ya se hizo tarde para llegar a clases; avisarle a una criada reumática y atareada que ya llegó la patrona y que está afuera de la puerta, con el coche atravesado, entorpeciendo el tránsito y la llave de la puerta en la bolsa, pero sin ganas de bajarse y usarla, etc. [Esto aparte del] señor que ha instalado en su coche un conjunto de bocinas que produce las primeras notas de una canción pasada de moda, cuya letra dice: “Yo nací en esta ribera del Arauca vibrador…” [...]

[...] El defecto de los claxons radica precisamente en la característica que estimula su uso, y es la siguiente: el lenguaje del claxon es rudimentario e impersonal, pero estridente y no es posible ignorarlo [...] El hombre que vive en la ciudad y se acostumbra a escuchar claxons llega a discernir, a través de los sonidos que éstos emiten, no sólo “el mensaje”, sino el estado de ánimo, el carácter, el sexo y la posición social del ejecutante. Ah, y sobre todo, su capacidad mental [Y existen formas de sustituir estos ruidos que hacen los claxons y bocinas, y una de ellas] que es la que me parece más lógica, consiste en colocar en los automóviles, en vez de bocinas, una ametralladora (Ibid., 88-90).

Muy pocas personas están conscientes de los alcances de los ruidos y sus incidencias negativas en la salud y las conductas pública y privada de los ciudadanos. ¡Esto es un gran problema! Veamos los siguientes cuadros [...]

Otro tema interesante para analizar en la comunicación no verbal es el tráfico vial y las formas y lugares de estacionarse o parquearse, en especial en áreas con elevado tránsito vehicular. ¿Cómo considerar a las “culturas modernas”, que aspiran a un estado de mundialización económica, política y cultural, pero que siguen estacionando en las aceras o banquetas, que ocupan deliberadamente los estacionamientos ajenos, especialmente en los condominios y empresas, que ocupan los estacionamientos para discapacitados, que obstruyen el paso entre aceras y calles para discapacitados en sillas de ruedas, que no respetan las señales de tránsito y las indicaciones de velocidad según las áreas de conducir?

Es aquí donde tenemos que tener mucho cuidado, especialmente si somos funcionarios, ejecutivos, mandatarios, diplomáticos, conductores de programas reconocidos, de alta difusión o de difusión internacional, comunicólogos y periodistas célebres, etc., si somos personas que vamos a decidir de alguna manera la suerte de nuestras sociedades culturalmente desajustadas, en este mundo tan internacionalizado, y étnicamente y protocolarmente tan diverso, inclusive al nivel de un mismo país, de una misma región. El “hacer lo que uno cree”, sin respaldos normativos, sin reglas, sin fundamentos, sin asesorías, a la buena de Dios, tiene sus efectos negativos, y, frecuentemente, sus nefastos resultados (Ruano, 2005a). ¡Es penoso, y triste, ver cómo se comportan en pleno siglo XXI algunos mandatarios y altos funcionarios religiosos del mundo! ¡Esos comportamientos desajustados, disfuncionales y patológicos son una vergüenza para la civilización humana!

El funcionario, directivo o empresario de nuestros tiempos es una persona que en su socialización habitual o especializada no solamente “habla” con palabras, sino que también “dice con su imagen pública”, con sus “gestos”, con sus “hábitos”, con su “cortesía y etiqueta”, quién es, de qué núcleo familiar procede, cuáles son sus estratos sociocultural y socioeconómico, cuáles son sus valores y normas de cortesía y respeto; pero además también “habla” de “una empresa”, de “un país”, de “una nacionalidad”, de “un gobierno”, de “un partido”, de “un grupo”, y por “su comportamiento” pueden “pagar justos por pegadores”… ¿¡Se imagina los alcances de un error de este tipo!? ¿¡Se imagina constantes y seguidos errores de este tipo!? ¿¡Se llaman “errores” o…!? Los ejemplos que muestran esta realidad no solamente son muchos, sino que con frecuencia son demasiado evidentes por garrafales. Tenemos que cuidar aquellas debilidades que pudiera mostrar nuestra conducta: “Parece adecuado afirmar que algunas personas tienen un ‘déficit’ en su competencia comunicativa con respecto a determinados tipos de situación, aunque la palabra queda despojada de su aguijón si se considera que tales déficits están extendidos a lo largo de la sociedad, y que cada uno de nosotros tiene su propia esfera particular de déficits –‘laguna’ podría ser un término más adecuado–” (Hudson, 1981: 238).

Es por todo esto que los individuos que desean superarse socialmente, humanamente, culturalmente, laboralmente, que desean ascender en la escala social o laboral, que desean ser mejores en este mundo internacionalizado, deben recibir cursos especializados de desarrollo personal –y no solamente cursos técnicos o científico-técnicos–. Es por esto que tanto las organizaciones internacionales, como los gobiernos, como las empresas, como las familias, deben preocuparse por la creación y desarrollo de los “cursos de inmersión cultural”. Estos cursos de inmersión cultural adiestran a las personas en el tratamiento cultural, lingüístico, protocolar, religioso, etc., con otras personas de otras culturas, de otros países, de otras esferas, con otros idiomas, con otras tradiciones, con otros protocolos y etiquetas. El ideal es que desde temprana edad, desde la escuela primaria y en la misma casa, los individuos reciban estos conocimientos, hábitos y habilidades culturales de manera efectiva y actualizada. Recordemos que hay países, como Estados Unidos, Rusia, China, España, México, Brasil, etc., que dentro de sus mismas fronteras tienen una inmensa variedad étnica, lingüística, protocolar y religiosa que es prácticamente desconocida por los propios connacionales, por sus mismos ciudadanos. ¡El problema es mayor de lo que imaginamos! Sencillamente echemos una mirada a nuestro alrededor. Para un grupo, para una persona, que domine estos conocimientos las relaciones públicas, las relaciones laborales, y hasta las relaciones íntimas, serían mucho más fáciles, menos complejas, menos traumáticas, menos conflictivas. ¡Este mundo es un mundo de competencias! ¡Sólo los aptos sociales, culturales y científico-técnicos lograrán una vida mejor!

Claro está que en nuestros días nosotros los iberoamericanos ya no emulamos o competimos con la etiqueta y cortesía de una España conquistadora, ni con una Francia cargada de miles de maneras protocolares. Hoy nuestras comparaciones en este sentido “son muy fáciles”: se realizan con nuestro “líder” económico, político y cultural del norte, Estados Unidos (Ruano, 2003a). Hoy ya pasó al olvido el Manual de Carreño –y todos los otros textos de su estilo–, porque “así lo exige la modernidad”. ¡Cuidado! Creo que la confusión ha ido demasiado lejos en este sentido. Por lo pronto debe quedar claro que no podemos trabajar imagen pública,[23] imagen social, sin tener en cuenta estos relevantes aspectos de los tipos de lenguaje[24] y la convivencia grupal, sin tener en cuenta los modos convencionales –conocidos como MC– de cortesía y descortesía, sin tener en cuenta las etiquetas y los protocolos más importantes de un mundo globalizado y exigentemente competitivo, sin tener en cuenta los protocolos de actuación –la pericia y la creatividad para manejar apropiadamente factores tales como el espacio, el movimiento, la voz, la oportunidad, los turnos del diálogo, los gestos y ademanes, la vestimenta y todos los demás elementos de la actuación misma–, en particular en los actos públicos y en las reuniones sociales especiales, en las fiestas. La vida social y laboral modernas exigen una constante valoración y revaloración de la imagen, especialmente de la imagen profesional (Gordoa, 2003: 225-249), una gestión cuidadosa del cambio de imagen, una cultura del cambio de imagen, bien programada, bien asesorada, minuciosamente calculada:

[...] A partir de la tendencia reciente a reducir las plantillas hasta dejarlas bajo mínimos, últimamente se viene poniendo énfasis en pulir los productos y los servicios para que sean competitivos en el mercado global. En cuanto al factor humano, parece cosa pasada de moda, y que la gente prefiera entenderse con máquinas, cajeros automáticos, expendedoras automáticas e incluso que el trato con socios y amigos ocurra a través de Internet.

Sin embargo, cuando los productos y los precios empiezan a confundirse los unos con los otros es el rostro humano quien consigue las ventas. Nos gustan los «personajes», incluso con sus defectos. En nuestra búsqueda de una personalidad detrás del producto, incluso admiramos a las insípidas estrellas de la música popular y del deporte, o a las testas coronadas pese a su reticencia. En cuanto a las plantillas, en vez de desaparecer ocultas detrás de la nueva tecnología, salen a primer plano con el designio de causar buena impresión tanto exterior como interiormente. Guste o no, resulta que uno todavía es el activo más valioso para el éxito de los negocios.

Para triunfar en cualquier cosa, hay que aprender a tomar posición en el mercado.

Y debe hacerlo uno mismo, además. Nadie puede sustituir a otro en la tarea de la autoventa. Los colegas rara vez hablarán bien de uno, porque son competidores. Los jefes, si tienen un subordinado capaz, se lo callan, no vayan a perderlo vía promoción. Podría uno acabar siendo el secreto mejor guardado de la compañía, y eso no es lo que nos conviene para nuestra carrera, ¿verdad? (James, 2002: 16).

Y este cuidado de la imagen no se refiere solamente a las personas, sino también a los grupos, a toda la empresa, a toda la institución. Es por esto que en el cuidado de las imágenes debemos tomar en cuenta muy seriamente la imagen institucional:

[...] Construir una imagen institucional significará conjuntar los estímulos verbales y no verbales que generarán el proceso de percepción en el usuario o miembro de una empresa o de una institución. Sabemos que el número y naturaleza de estímulos es tal, que se requiere una metodología que ordene su producción coherente con el fin de que el receptor final, que no es otro que aquel que hace uso de los servicios o productos de la empresa o que trabaja en ella, comprenda con claridad el mensaje que se está enviando. En otras palabras, mediante un proceso que incluirá investigación, diseño, producción y evaluación  de los estímulos que crearán o modificarán la percepción que se genere hacia una empresa o institución por parte de sus usuarios, se pretenderá lograr una coherencia de mensaje tal, que a dichos usuarios no les quede la menor duda de quién es la empresa y cuál es la oferta que se les hace, obteniendo como resultado la memorabilidad, motivación de compra y lealtad hacia los productos o servicios que la empresa ofrece (Gordoa, 2003: 251).

Así como sucede con la vida pública habitual, cualquier actividad, acto, reunión o fiesta institucional está relacionada con tres etapas fundamentales:

1.     Organización de la actividad, acto, reunión o fiesta institucional.

2.     Realización de la actividad, acto, reunión o fiesta institucional.

3.     Conclusión de la actividad, acto, reunión o fiesta institucional.

Cada una de estas etapas tiene sus particularidades logísticas, sus requerimientos, sus tiempos y, de ser posible, su grupo organizativo especial –considerando la envergadura, el tamaño, las proporciones de la actividad–, estratégico, logístico, en cualquiera de los ámbitos: público, laboral o íntimo, desde el mismo momento en que formulamos la convocatoria, la citación, la invitación. Es necesario que entre las personas y los grupos involucrados en la organización de la actividad haya una comunicación oral constante, clara, con fechas, datos, cifras de participantes y precios, y, de ser posible, que también exista una fluida comunicación escrita, con copia a cada uno de los miembros del grupo, y que sea actualizada y retroalimentada. Si la actividad o acto es de gran complejidad y exige grandes compromisos, aparte del correo electrónico se deben exigir copias de documentos e informes con fechas y firmas de recibido.

Recordemos aquí que, habitualmente, los protocolos y las etiquetas iberoamericanos dictan que ciertas invitaciones festivas, sociales o institucionales, deben realizarse con cuatro o seis semanas de anticipación, con una comunicación escrita u oral, según sea la invitación formal o informal. Esto es lo que tradicionalmente hacemos cuando invitamos a actividades como bebe shower, nacimiento, bautismo, cumpleaños, despedida de soltera, bodas, aniversario de bodas, bar mitzvah, baile, kermés, etc.

Cuando convocamos a estas reuniones, sociales o institucionales, tenemos que cuidar que el estilo de las cartas personales y las invitaciones se caracterice por el tacto social y el buen gusto. También tenemos que tomar en cuenta las respuestas –y los tiempos para las respuestas– que damos a las invitaciones. Cuando la invitación a una boda, aniversario de boda, bautizo, acto o fiesta de una empresa o institución que no es la nuestra, etc., se refiere solamente a la asistencia a la iglesia, al templo, a la sinagoga, entonces no es obligatorio dar respuesta de ningún tipo, ni verbal ni escrita. Pero si en esa invitación se incluye otra invitación –generalmente aparecen unos boletos o tiques– a una recepción o salón, y aparece claramente que se pide una respuesta –R.S.V.P.–, entonces tenemos que contestar, que confirmar nuestra asistencia o ausencia. Es de buen gusto contestar de manera escrita y lo más rápidamente posible.

Las instituciones, organizaciones, empresas, personas, grupos sociales, comités organizativos, grupos de logística, empresas organizadoras de eventos y secretarias o asistentes que habitualmente se encargan de realizar las convocatorias e invitaciones a reuniones, encuentros, eventos, fiestas, etc., tienen que ser escogidos, seleccionados, con mucho cuidado, con mucho tacto. Sabemos que en mucho países y grupos sociales habituados a la improvisación y al “ahí se va” esto es prácticamente imposible, debido a la misma deficiente preparación de los cuadros, al desconocimiento que tienen los pueblos y las organizaciones acerca de ciertas normas protocolares elementales que rigen la conducta social civilizada en el mundo moderno. Digo esto porque a veces no es agradable oír o leer ciertas invitaciones, especialmente las muy pomposas, formuladas por personas inexpertas en este tipo de actividad. Peor aún es llegar al lugar en donde se realizará el encuentro o reunión y toparse “de plano” con un verdadero desastre logístico u organizativo, si es que a un tal desastre se le puede llamar en el lenguaje protocolar “logística” u “organización de eventos”. Por otro lado, con cierta frecuencia vemos cómo algunas personas, que generalmente “se enteraron ayer” de que existen las buenas maneras, intentan conducirse con variantes protocolares que no solamente son inoperantes por obsoletas, sino que sencillamente les quedan ridículas, porque son comportamientos humanos superficialmente gentiles e insinceros, porque “tropiezan”, no saben cómo se trabajan esos exquisitos detalles del protocolo civilizado; pero también es verdad que es muy agradable y calmante, por lo menos para las personas educadas –y no me refiero aquí a los llamados “estirados” en México, o “bitongos” en Cuba–, ver que en el entorno inmediato hay personas que usan la cortesía sincera como una estrategia para mantener y manejar las buenas relaciones: “El arte de las relaciones es, en gran medida, la habilidad de manejar las emociones de los demás [y, para esto, se supone que son necesarias ciertas estrategias elementales] que rodean la popularidad, el liderazgo y la eficacia interpersonal. Las personas que se destacan en estas habilidades se desempeñan bien en cualquier cosa que dependa de la interacción serena con los demás; son estrellas sociales” (Goleman, 2001: 64-65). Se cuenta que una vez en cierta conversación una persona dijo que la cortesía era innecesaria y que no era más que un “aire”, a lo que le replicó un famoso general francés: “También una rueda está llena de aire, y sin embargo ese aire sirve para amortiguar los baches del camino…”

Lo primero que tiene que hacer un especialista que va a trabajar la Imagen Social o Imagen Pública de un grupo o de una persona es conocer lo mejor posible a su prospecto, al cliente, y a su entorno, en donde es necesario que ambas partes no se mientan o, más bien, que no se “den el avión” –como se dice en México–, y aquí es necesario que salgan, desde un principio, todas las virtudes posibles del cliente…, pero también los defectos. Para esto es muy importante que tengamos en cuenta para qué y para quiénes vamos a “arreglar” a “corregir” la imagen de nuestro cliente o la imagen del entorno: ¿para su grupo inmediato?, ¿para el pequeño pueblo de una región determinada?, ¿para una ciudad?, ¿para el país?, ¿para un país multinacional?, ¿o para un mundo globalizado? Según sean nuestros objetivos a alcanzar en el tratamiento de la imagen, así serán las estrategias y los esfuerzos que tengamos que poner en práctica. Los errores cometidos en este tratamiento de la imagen pueden destruir o deteriorar la vida pública, laboral o íntima del cliente, aparte del desprestigio del asesor de imagen. Para trabajar la imagen social del mexicano siempre recuerdo, entre otros textos importantes, las palabras de uno de los mexicanos más sensatos e inteligentes, Jorge Ibargüengoitia, expresadas en septiembre de 1974, que siempre han sido para mí una guía importantísima a la hora de pisar este terreno del análisis sociolingüístico:

[...] se me ocurre hacer un examen de conciencia con el objeto de determinar qué es lo que más me irrita de este país cuyo nombre anda en boca de tanta gente demagógica y que sin embargo es mi patria, primera, única y final. La verdad es que mientras más enojado estoy con este país y más lejos viajo, más mexicano me siento.

En primer lugar debo admitir que geográficamente hablando, México no tiene peros. Hay de todo. Hay precipicios, llanuras, montañas, desiertos, bosques, ríos que se desbordan, playas, etc. Todo esto cobijado por un clima relativamente benigno. Sobre todo, hay donde escoger. Si no le gusta a uno el calor, se va al frío. Si no le gusta a uno la montaña, se va al llano.

Nomás que tiene defectos. El principal de ellos es el de estar poblado por mexicanos, muchos de los cuales son acomplejados, metiches, avorazados, desconsiderados e intolerantes. Ah, y muy habladores.

A la mayor parte de estas características, que son responsables, en parte, de que estemos como estamos, yo no les veo compostura ni a corto ni a mediano plazo.

El mexicano es acomplejado. Este rasgo no tiene nada de inexplicable. Raro sería que no lo fuera. Una buena parte de los mexicanos vive del favor gubernamental, que es como vivir en el seno materno, que no es lugar propicio para desarrollarse cuando tiene uno cuarenta años. Otro grupo, más numeroso, está frustrado por su ocupación: el que aprendió a hacer mecate de lechuguilla tiene que hacerla de peón de albañil, el que era bueno para la yunta, vende chiles, el que sabe hacer campechanas, maneja un taxi, y todos, absolutamente todos, saben que el único que prospera es el que tiene dinero, que es algo de lo que ellos carecen, y que por consiguiente están condenados a pasar la vida nadando y estirando el pescuezo para no ahogarse.

Por si fuera poco, el mexicano es por lo común, chaparrito, gordo y prieto, o en su defecto, chaparrita, gorda y prieta y se pasa la vida entre anuncios en los que aparecen rubios, blancos y largos, que corren por la playa, manejan coches deportivos y beben cerveza. ¿No es para estar acomplejados?

El mexicano, como todos los pueblos educados en una ética rigurosa –hoy caída en desuso– está convencido de que el mundo está lleno de buenos y malos. Los buenos somos nosotros y los malos los demás. El siguiente paso del razonamiento consiste en suponer que todo lo que viene de fuera puede infectarnos, o, lo que es más serio en términos mexicanos, denigrarnos. Así han nacido varios instrumentos legales profilácticos, de censura, cuya función puede ser anticonstitucional, pero brota de los más profundo del alma mexicana, que de por sí quiere meterse en lo que no le importa y borrar lo que le molesta.

El mexicano es avorazado [ansioso, codicioso]. ¿Por qué? Probablemente por hambre atrasada. La mayoría de los mexicanos han visto tiempos peores, y la mayoría, también, espera ver tiempos todavía peores que los pasados. Esto hace que un policía parado en una esquina jugosa sea detestado por todos los automovilistas que pasan, y al mismo tiempo, envidiado por muchos.

Además de hambre atrasada, el mexicano tiene muchas burlas a cuesta. Sabe que vive en un mundo infantil, en el que el que no llora no mama. Esto lo hace forzar la entrada en la vida. Avorazado no sólo de dinero, sino de posición, finge que no ve la cola y se mete directo a la taquilla, da la vuelta donde le conviene y causa un conflicto de tránsito; si es político, da un golpe cada vez que puede, en venganza de todas las vejaciones que le hicieron antes y en preparación de los desastres que puedan venir.

Avorazados son todos, no nomás los comerciantes que suben los precios por si suben los sueldos. Si es pesero, se empeña en cargar siete pasajeros, y si es peatón se empeña en subirse en un camión en el que no cabe –por si ya no pasa otro nunca jamás.

Además de avorazados los mexicanos son quejumbrosos, y peor, están insatisfechos. “Ni modo”, dicen, “así nacimos”. Lo cual es mentira. Todos los defectos que he señalado podrían corregirse si no hubiera aquí “fuerzas oscuras” tratando de fomentarlos (Ibargüengoitia, 1998: 59-61).

El lenguaje corporal, de la misma manera que el lenguaje verbal, refleja la cortesía, y ésta, a su vez, está ligada total y absolutamente a la imagen pública. Según M. Victoria Escandell Vidal (1996):

Se parte, pues, de la idea de que todos los individuos tienen su imagen pública, que todos quieren mantenerla a salvo, y que el buen funcionamiento de las relaciones sociales exige el mantener a salvo la de los demás. Ahora bien [...] hay varios tipos de acciones que crean conflictos de intereses y que, por tanto, ponen en peligro la imagen pública, bien de uno mismo, bien del interlocutor: se trata de acciones que amenazan la imagen pública (face-threatening acts). En estos casos –y a no ser que se desee realmente amenazarla–, lo normal es que el emisor trate de suavizar la potencial amenaza: para ello, es necesaria la cortesía.

El nivel de cortesía que debe emplearse depende de tres factores:

1.    Poder relativo (P) del destinatario con respecto al emisor, y que constituye la dimensión vertical de la relación social.

2.    Distancia social (D), que incluye el grado de familiaridad y contacto entre interlocutores, y que forma el eje horizontal de dicha relación.

3.    Grado de imposición (G) de un determinado acto con respecto a la imagen pública.

Todos ellos son de naturaleza social, porque incluso el último depende de la consideración que cada tipo de acto reciba en cada cultura. El riesgo potencial que entraña una determinada acción que amenaza la imagen pública (AAIP) se calcula sumando los valores de estos factores:

 

Riesgo (AAIP) X = (D + P + G) X

 

En nuestros días las cosas han cambiado, ¡y mucho!, en torno a las “acciones que amenazan –o que ‘supuestamente’ amenazan o amenazaban– la imagen pública”, es decir en torno a los mensajes, a las imágenes, a los actos verbales y los actos corporales tradicionalmente considerados como no adecuados, malos, agresivos, provocativos, rechazables, tabuizados, prohibidos, antiprotocolares, antisociales, anticanónicos… En la vida moderna, “una vida de evidencias”, civilizada, mundializada, caracterizada por toda una serie de contactos culturales, científicos, técnicos, empresariales, por la movilidad de los grupos humanos, por las migraciones, por la libertad de expresión y la autodeterminación, por la democracia, por la transparencia, llena de medios masivos de comunicación, de Internet, y de información de todo tipo y en todos los idiomas imaginables al alcance de cualquier individuo alfabetizado, con una radio o una televisión, que visite un cine –aunque sea cine de barrio, es decir el cine que va de pueblo en pueblo, de comunidad en comunidad…–, mucho mejor si se dispone de una red e instalación cibernáutica y si se es políglota, pluricultural –recordemos, por ejemplo, que millones de nuestros indígenas de América, y en especial los migrantes, los “mojados”, son políglotas y pluriculturales, que llegan a hablar a veces hasta tres y cuatro idiomas, como sucede con algunos nativos de Oaxaca, en México, un estado del país en donde se hablan y se escriben 14 idiomas: 13 nativos más el español, y en el caso de los migrantes hasta el inglés. Algo similar sucede en otros países americanos y de todo el mundo, como es el caso de Bolivia, Perú, Argentina, Chile, Guatemala, Estados Unidos de América, Canadá, etc.–, cuando nos referimos a “imagen pública” y a “acciones que amenazan la imagen pública”, estamos hablando “no” de aquellas imágenes y de aquellas acciones que tradicionalmente han sido consideradas como “malas” a partir de “ciertos intereses” de “ciertos grupos”, en todos los sentidos: educación e instrucción, protocolos, etiquetas, civismo, política, partidismo, derecho, gustos, modas, tradiciones, folclores, bailes, músicas, gastronomía, credos y prácticas religiosas, sexo y sexualidad…, sino de “las verdaderas y reales imágenes y acciones” que “la comunidad mundial civilizada y comprometida” considera como “amenazas”, como “malas”, para el equilibrio mundial, para un estado de civilidad y no de barbarie, al nivel de todos los grupos humanos y no solamente al nivel de los “grupos escogidos”. Ya pasaron los tiempos de “dar atole con el dedo”[25] a los grupos civilizados, e inclusive también a “los que no están tan civilizados”. Sí, claro, es verdad que todos los grupos y que todas las personas tienen “su imagen”, “su imagen pública”, “su imagen social”; pero también es verdad que “esa imagen”, hoy,  no es la que ellos quieren que sea, a fuerzas, sino la imagen que “realmente” tienen “hoy” a partir de los criterios y las valoraciones que hacen “los demás” y “no ellos”, que hace “la comunidad”, una comunidad nacional, regional, hasta tribal si se quiere, pero también internacional. ¿Habrá por ahí, todavía, a estas alturas de la vida, algún despistado o despistada que viva en este planeta Tierra y que piense otra cosa? Si fuera así, no nos queda de otra que recordar algunas letras de canciones muy conocidas: 1. “¡Cómo cambian los tiempos, Venancio, qué te parece…! ¿¡Qué te parece, Venancio, cómo cambian los tiempos…!? Los niños de hoy en día, nacen y ya están hablando; si los pones en el suelo, ya te salen caminando…”[26] 2. “¡Cómo han pasado los años, cómo cambiaron las cosas…! [...] ¡Qué mundo tan diferente…! [...] ¡Cómo han pasado los años, las vueltas que dio la vida…!”[27] 3. “¡Usted abusó, sacó provecho de mí, abusó, sacó partido de mí, abusó, de mi cariño usted abusó…!”[28] 4. “¡Qué le den candela, qué le den castigo, qué lo metan en una olla y que se cocine en su vino…! ¡Qué le den candela, qué le den castigo, qué lo cuelguen de una cometa y que luego corten el hilo…! ¡Azúcar, azúcar…!”[29] (Gubern, 2004; Gubern, 2005).

Una estudiosa de culturas comparadas –en este caso México y Estados Unidos–, Eva S. de Kras, ha analizado muchos de estos actos que amenazan la buena imagen pública. Acerca de la etiqueta del gerente o alto funcionario mexicano –no del “pueblo” mexicano– dice:

[...] Los buenos modales se consideran parte de la buena educación de la niñez y su importancia se refleja en cada uno de los escalones de la sociedad, aunque el código real de conducta varía entre los grupos sociales (esta conducta incluye el mostrar respeto por las personas de mayor edad). El no ajustarse a las normas básicas de conducta cortés se interpreta como irrespetuoso y brusco, y se considera falta de una buena educación en el sentido amplio. La estimación de una persona al conocerse por primera vez se basa en gran medida en esta idea y cuando falta en forma evidente la demostración de una buena etiqueta, se ve afectado el respeto. Estas cortesías se exhiben en diversas formas, como estrechar la mano al ser presentados e invariablemente dar los buenos días al personal al llegar a trabajar. La cortesía exige también conversación por amabilidad al saludarse, como sería el preguntar por la salud del interlocutor y su familia. También es esencial en las juntas, al hablar por teléfono, en las conversaciones (aún cuando se plantea una queja o desacuerdo) en los restaurantes o lugares públicos y en especial en asuntos de negocios o contactos similares con desconocidos. “Por favor” y “gracias” son formulismos que jamás se olvidan yendo acompañados de una sonrisa. En general el mexicano es una persona cálida, acostumbrado al contacto físico estrecho. Al saludar a familiares o amistades, mujeres y niños reciben un beso en la mejilla en tanto que los hombres intercambian un abrazo vigoroso acompañado de palmadas en la espalda. El mismo código no se aplica necesariamente durante el contacto casual con extraños ni hacia los subordinados de más bajo nivel. Por ejemplo:

1. Los manejadores en general muestran poca cortesía o consideración para los demás cuando están en marcha. Este es un caso en donde la impaciencia y la intolerancia parecen tomar precedencia sobre cualquier consideración de cortesía.

2.  En supermercados y otros sitios públicos con frecuencia se percibe poca consideración hacia los derechos de los demás.

3. En ocasiones los desconocidos y los subordinados reciben un trato descortés. Sin embargo, a los superiores siempre se les trata con la máxima cortesía y servilismo. Además, siempre se puede contar con una recepción considerada y cortés al tratar con familiares, amistades, o personas que hayan sido debidamente presentados por éstos.

En general, el ejecutivo mexicano es cortés y diplomático y nunca se jacta abiertamente de sus logros. Esto se consideraría de mal gusto y le haría perder credibilidad y respeto. La cortesía exige más bien una conducta más suave, respetuosa y de apariencia obsequiosa (Kras, 1990: 22-23).

Y acerca de la etiqueta del gerente o alto funcionario estadounidense –no del “pueblo” estadounidense– plantea:

[...] En los tratos de negocios, dado que se consideran esenciales la eficiencia y el tiempo, la cortesía y la diplomacia con frecuencia se olvidan o se descartan en un esfuerzo por llegar al grano. El ejecutivo norteamericano está acostumbrado a presentar definiciones de posición concisas y directas sin tomar en cuenta posibles reacciones sensibles de los demás. Por estar condicionados a separar sus emociones de su trabajo y a aprovechar el tiempo, a veces presenta poca empatía en las situaciones de negocios y entonces descuida las pequeñas manifestaciones de cortesía que un mexicano esperaría con objeto de crear una atmósfera armoniosa. El extranjero que proviniera de diferentes orígenes culturales, con costumbres distintas, percibirá esto como falta de consideración y buenos modales. Al viajar al exterior, el ejecutivo se encuentra a veces en una situación incómoda al no darse cuenta de haber hecho o dicho algo que ocasionara ofensa. En general, no se le advirtió sobre las costumbres y etiqueta que prevalecen en el país al que se le envía, lo cual lo coloca en una situación de absoluta ignorancia. En muchos casos, comportamientos que serían aceptables en los Estados Unidos pueden considerarse de lo más descortés en otro país.

En muchas familias no se recalca mucho el desarrollo de buenos modales en los niños. A menudo parecen incómodos al ser presentados a extraños o al quedar expuestos a situaciones ajenas a su comunidad inmediata, dado que han recibido muy poca guía sobre lo que se considera apropiado en estos casos. Al convertirse en adultos jóvenes, tienen conocimientos limitados sobre algunas de las normas básicas del comportamiento cortés que se espera en su propio país. Existe una tendencia en el sentido de que su individualismo y concentración en sí mismos tan intensos se sobrepongan al sentimiento de obligación a la conducta cortés. En términos del respeto y cortesía hacia las personas de edad, con frecuencia se sienten poco obligados y algunos sienten poca responsabilidad de mostrar amabilidad o apoyo hacia niños o lisiados.

En un contacto cotidiano con el ejecutivo mexicano, se ha hecho notar que el ejecutivo de los Estados Unidos no acostumbra rutinariamente dar la mano al decir “buenos días”. El dar la mano se reserva generalmente para cuando es presentada una persona [no digamos ya el saludo de besos]. Tampoco está acostumbrado a decir “buenos días” al personal en general, a excepción de los que trabajan cerca de su oficina. Por otro lado, no se preocupa por el estado de salud de los empleados, porque su mente está ocupada con su trabajo y sus problemas. Un ejemplo típico de esto proviene de un ejecutivo mexicano que citó su propia experiencia: “Falté al trabajo una semana por una enfermedad grave y, al regresar, mi jefe inició el día sin un solo comentario o pregunta sobre mi salud, sino pasando directamente a asuntos de trabajo, como si nunca hubiera estado ausente”. Para el ejecutivo norteamericano, su trabajo viene primero y cuanto menos tiempo se pierda en formulismos corteses, mejor será.

Puede sin embargo describirse como paradójica la conducta de los ejecutivos de los Estados Unidos, porque cuando no están en la oficina por lo común son personas amistosas que muestran calidez y consideración hacia sus familias y amistades, mientras que en situación de trabajo portan lo que podría llamarse su máscara de trabajo, que oculta las emociones y recalca la eficacia a expensas de la cortesía [y los estados de ánimo particulares]. Se han hecho varios intentos por atemperar esta imagen, como el uso de los nombres y no de los apellidos, y esto ha tenido cierto éxito en el ámbito empresarial norteamericano, pero la división emocional básica de la personalidad sigue predominando.

Otro aspecto de la cortesía que ocasionalmente ha producido dificultades es la forma muy directa de expresar sus convicciones. Esto con frecuencia se interpreta como arrogancia, por la apariencia que da la falta de disposición o de interés en escuchar los puntos de vista de los demás. Esta actitud de un aparente saberlo todo en muchas organizaciones ha creado situaciones de tensión, muy especialmente porque además de que la arrogancia se considera de mal gusto, en México se puede aceptar todavía menos cuando proviene de una persona con conocimientos escasos o ausentes de la cultura sobre la que se desea imponer sus ideas. Por ello, a menudo lo que a los ojos de los mexicanos es una general falta de buenos modales, cortesía y diplomacia, plantea una barrera a lo que de otra forma serían relaciones empresariales viables (Kras, 1990: 31-32).

La “falta de cortesía” o el “exceso de cortesía” han opacado y siguen opacando las imágenes públicas, laborales e íntimas de muchas personas, de muchas personalidades. Todos los ambientes sociales generales, todos los grupos sociales, incluyendo tribus, hordas, clanes, tienen sus programas de comportamiento, sus normas. Supuestamente, en los países civilizados, los hombres nacemos libres, pero esta libertad no debe confundirse con el libertinaje: sencillamente no podemos hacer lo que nos dé la gana, sea quien sea y trátese de quien se trate; tenemos que someternos –¡y más nos vale como grupo social!– a ciertas leyes, a ciertas normas de convivencia social, y estas leyes y normas deben ser parejas para todos. Las infracciones se pagan caro, a veces muy caro, más tarde o más temprano, y esto lo sabemos muy bien, porque lo vemos todos los días al nivel mundial, y especialmente en nuestros países tercermundistas, y más concretamente en el ámbito gubernamental, en el ámbito político. Es verdad que hay quienes se creen dueños de los demás, pero esta “creencia” no los hace en realidad ni superiores ni dueños: también son esclavos de otro “alguien” o de algo (Rousseau, 1999).  Todos los hombres del mundo, en cualquier hábitat, circunstancia y momento histórico concreto, están encadenados a ciertas leyes, normas, protocolos y etiquetas. Pero, desgraciadamente, no todos conocen que existen estas normas y no todos las pueden interpretar y poner en práctica de manera adecuada, debido a sus disfunciones culturales y sociales. Esto es palpable en todos los niveles. Aquí no hay más que dos opciones: o se conocen y se cumplen esas normas o no, con sus respectivas aceptaciones o rechazos por parte del grupo o los grupos. En las culturas occidentales el ideal sería, como punto de partida para el tratamiento de la cortesía, el desterrar la pobreza y la ignorancia de nuestros grupos, porque la pobreza y la ignorancia inquietan los comportamientos en tiempos de civilización. Hay personas que no conocen la cortesía social porque sencillamente nunca han conocido “eso”; no saben que “eso” existe, que es importante, imprescindible para la armonía social; pero hay otras personas que desconocen la cortesía social debido a su incapacidad para aprender, para reconocerla:

[...] El efecto que provoca el no seguir estas reglas [de cortesía social] es el malestar de quienes nos rodean. La función de estas reglas, por supuesto, es que las personas involucradas en un intercambio social se sientan cómodas; la torpeza provoca ansiedad. Las personas que carecen de estas habilidades son ineptas no sólo en las sutilezas sociales sino en el manejo de las emociones de aquellos con quienes tratan; inevitablemente crean la perturbación a su paso.

Todos hemos conocido [...] personas con una molesta falta de elegancia social, personas que parecen no saber cuándo poner fin a una conversación o a una llamada telefónica y que siguen hablando, sin tener en cuenta las insinuaciones de despedida de su interlocutor; personas cuya conversación se centra constantemente en ellos mismos, sin el menor interés en los demás, y que pasan por alto los intentos de cambiar de tema; personas que se entrometen o hacen preguntas “inoportunas”. Esta forma de apartarse de la tranquila trayectoria social revela un déficit en los rudimentarios bloques de la interacción (Goleman, 2001: 150).

En los ambientes laborales, en las empresas, en las organizaciones, en donde se supone que existen reglas que condicionan los comportamientos de los trabajadores, en donde existen sus propias jergas de los lenguajes verbo-corporales, a veces vemos cómo se infringen las normas establecidas dentro de esas mismas instituciones y las normas más elementales de convivencia y respeto, a tal punto que parece que las personas se conducen como si estuvieran en sus casas, en ambientes familiares de extrema intimidad (Ruano, 2003a), y olvidan las particularidades de los ambientes laborales, del área de trabajo, lo que incluye, por supuesto, hasta las estrategias sociolingüísticas para detectar los cambios de humor entre las personas para así prevenir sus efectos (James, 2002: 171-180). Aquí no solamente me refiero a las marcadas diferencias comportamentales entre hombres y mujeres en ambientes laborales,[30] a funcionarios y subalternos que pudieran “relajar” las relaciones ideales de trabajo, incluidos el respeto, las bromas, los saludos desagradables, los comentarios pesados, etc.; también considero ciertos comportamientos desajustados de muchos directivos que no tienen ni idea de lo que significa la administración en el mundo moderno y civilizado, o que no toman en cuenta las evidentes diferencias entre las actividades de management  y administration en los Estados Unidos, por un lado, y, por otro lado, las actividades y los matices significativos de administración, dirección y gerencia en los países latinoamericanos, en este caso en México.[31] La dirección, los gerentes, de las empresas desempeñan un papel crucial en la búsqueda de la armonía del grupo de trabajadores, y no a través de la “magia”, sino del liderazgo. Una empresa en donde sus líderes administrativos no pueden ser líderes sociales y humanos, líderes respetuosos, entonces no es una empresa moderna y, muchos menos, globalizada; es un fraude disfrazado de cordialidad.

También queda claro aquí que no podemos olvidar las diferencias, las jerarquías, las tradicionales diferencias normales entre directivos y subalternos:

[...] El mundo de los negocios y de las empresas donde pasamos buena parte de nuestra vida también mantiene un código de conducta y tiene sus normas establecidas.

Los buenos modales y la educación son muy importantes para la carrera profesional de un empleado. Son los mismos que los del ambiente social, sólo que traspuestos al ambiente de trabajo. Sin embargo, hay una diferencia fundamental: el ámbito de trabajo es un medio jerarquizado donde se debe respetar el rango. Ni la edad ni el sexo tienen privilegios especiales (Beltrán, 1993: 139).

En las empresas u organizaciones la imagen verbal y la imagen no verbal de los funcionarios, de los subordinados, de los trabajadores en general, de los componentes del grupo laboral, tienen sus particularidades:

[...] Si pensamos que una organización comprende cierto número de individuos y grupos, cada uno de los cuales afecta a y se ve afectado por los otros, y que la organización misma es un sistema que influye y es influido por factores externos al sistema, parece obvio que la comunicación dentro de la organización tendrá un considerable grado de complejidad.

Nos interesa no solamente quién habla con quién [por supuesto, con sus variantes de lenguajes corporales] y para qué propósito dentro de la organización, sino también:

·      La forma en que los grupos interactúan y se influyen unos a otros.

·      Cómo se considera la organización con el exterior.

·      Quién ejerce el liderazgo o papeles de poder en la organización.

·      Qué otros papeles se determinan.

·      Cómo se trasmite la información sobre el funcionamiento.

·      El sistema de amenazas o recompensas en funcionamiento.

·      La naturaleza, propósito y objetivos de la organización.

·      La estructura y política de la organización (Ellis y McClintock, 1993: 163-164).

Los códigos de comportamiento verbal y no verbal en las organizaciones, en las empresas, tienen una característica particular: son códigos especializados:

Comunicación verbal en la empresa         →   lenguaje administrativo, especializado[32]

Comunicación no verbal en la empresa    →   lenguaje corporal controlado, especializado[33]

A su vez, estos dos tipos de comunicaciones empresariales u organizacionales se dividen en tres tipos:

·    Comunicación interna. Entre todos los miembros de la empresa.

·    Comunicación externa. Entre la empresa y todas las demás empresas, organizaciones y grupos que de una manera u otra se relacionan con ella.

·    Comunicación comercial. Publicidad y marketing. Es muy común la comunicación icónico-verbal, en donde imagen y palabra se juntan para crear mayor impacto en los clientes o potenciales compradores. El objetivo de esta comunicación es vender, por lo que las imágenes humanas, los objetos, los paisajes, son seleccionados con mucho cuidado, buscando el mayor impacto según sea el grupo receptor.

Ya hace un siglo que se comenzaron a realizar cambios profundos en la estructura y los tipos de relaciones de los trabajadores (McEntee, 2000: 525-544), de los trabajadores entre sí mismos y de los trabajadores con otros trabajadores, es decir con todo aquel que por una razón u otra se denomina “cliente”, pero esto muchos funcionarios, directivos y gerentes todavía no lo saben. Hoy:

[...] las empresas han sufrido una revolución radical [...], y con esto se ha producido una correspondiente transformación del paisaje emocional. Hubo un largo período de dominación administrativa de la jerarquía corporativa, cuando el jefe manipulador y agresivo fue recompensado. Pero esa jerarquía rígida empezó a quebrarse en los años ochenta, bajo la presión combinada de la globalización y la tecnología de la información. El agresivo simboliza el lugar donde ha estado la corporación; el virtuoso en habilidades interpersonales es el futuro corporativo (Goleman, 2001: 180).

En el mundo moderno los grupos empresariales se deben caracterizar porque cada uno de sus componentes tenga ciertas características de partida –las establecidas por la empresa de manera particular, como entidad especial, para admitir a sus componentes– y, ya de manera particular, ciertos elementos individuales que al conjuntarse crean el llamado coeficiente de inteligencia grupal. Nos referimos a elementos como la elevada fluidez verbal, elevada capacidad para la toma de decisiones, elevada capacidad para mediar en posibles conflictos, la creatividad, la empatía, la simpatía, la pericia técnica, etc. Pero si los componentes del grupo no encuentran las condiciones de expresión de esos elementos, si no pueden expresarlos, entonces se convierte en un grupo torpe, o por lo menos más torpe que “el otro grupo”, que la competencia.  A esto contribuye, por ejemplo, la inepta dirección de un jefe dominante que pretende intimidar al grupo debido a sus evidentes incapacidades directivas (Goleman, 2001: 179-181). Pero todavía el problema es mayor: un grupo laboral en donde sus componentes, los trabajadores, están marcados por evidentes limitaciones sociales, culturales, aptitudinales, creativas, espirituales y situación de estrés, y encima de eso es dirigido por un incompetente emocional, un anticreativo, un funcionario incapaz de evitar un estallido de ira o que no tenga la menor sensibilidad con respecto a lo que siente la gente que lo rodea, entonces ahí ya no hay nada que hacer: el estrés hace que la gente se vuelva estúpida y anticreativa. Hoy las empresas líderes son empresas con cultura de aprendizaje, basadas en economías de la creatividad,[34] es decir, empresas que se aseguran de que las cosas suceden y de que suceden bien. Otras empresas, las fosilizadas, son empresas sin cultura de aprendizaje y esas son las que nunca comprendieron lo que sucedió o las que ven cómo suceden las cosas (Møller, 1993: 166-169). Según Møller, las diferencias entre un tipo y otro tipo de empresa son inmensas.

En una EMPRESA SIN CULTURA DE APRENDIZAJE:

·     Los nuevos empleados no deben poner en tela de juicio lo que se hace, sino aprenderlo y adaptarse a la rutina.

·     La formación, educación y nuevos conocimientos vienen siempre de arriba. Los miembros jóvenes del personal no pueden ni deben enseñar nada a los miembros del personal mayores que ellos. El alumno no tiene nada que enseñarle al profesor. Los que ocupan los puestos más bajos de la jerarquía no pueden enseñar nada a los que ocupan puestos superiores.

·     Cuando un miembro del equipo asiste a un curso, no hace nada para compartir sus nuevos conocimientos con los demás.

·     El individuo no mira más allá del marco limitado de su propio trabajo. No interfiere en lo que los demás están haciendo, ni, por supuesto, en cómo lo hacen. Cada uno se preocupa exclusivamente de lo suyo.

·     No se asignan trabajos que estimulen a los empleados a hacer pleno uso de sus conocimientos o a adquirir otros nuevos.

·     Las ideas y la creatividad de los empleados no son bienvenidas, no son esperadas, y mucho menos apreciadas.

·     No se espera del individuo que desarrolle sus competencias personales. Si de todos modos alguien lo hace, no recibe reconocimiento alguno.

·     Si algo sale mal, se emplea más energía en buscar un “chivo expiatorio” que en hallar la causa del error y corregirlo.

·     Los grupos de trabajo abordan los problemas y otras cuestiones sin tener en cuenta el interés de todo el colectivo.

Mientras que en una EMPRESA CON CULTURA DE APRENDIZAJE:

·     Se estimula a los nuevos empleados a que contribuyan con sus conocimientos, y a que pongan en duda las rutinas y hábitos.

·     Todos, independientemente de la edad, antigüedad y posición, aprenden de los demás. Todos tienen algo que enseñar.

·     Cuando un empleado asiste a un curso, otras personas de la compañía se beneficiarán del conocimiento recién adquirido. Se reserva tiempo para que el participante en el curso explique a los demás lo aprendido. El personal discute cómo puede aplicarse.

·     Se estimula a todo el mundo a que demuestre interés por el trabajo de otras personas y a transmitir información referente al propio. Todos están dispuestos a ayudar.

·     Los empleados tienen la oportunidad de emplear sus conocimientos y son estimulados a tomar la iniciativa para seguir adquiriendo nuevas habilidades.

·     Sugerencias e ideas creativas se consideran siempre bienvenidas, se esperan y son apreciadas.

·     Todos los empleados son estimulados a desarrollar sus competencias personales a nivel profesional y personal. Las iniciativas para el desarrollo personal son debidamente valoradas.

·     Si algo sale mal, se analizan las causas del error. Se corrige el error y todos aprenden de él.

·     Los grupos de trabajo resuelven problemas y llevan a cabo el trabajo con la debida consideración al interés global de la compañía (Møller, 1993: 168).

Hay países que tienen fama –o por lo menos la tuvieron en algún tiempo– de ser acogedores, dulces, nobles, tranquilos, respetuosos y tolerantes. Estas consideraciones se dan especialmente al nivel del turismo y a partir de personas que vienen y van, que no se quedan a vivir en esos lugares. En el caso concreto de México, es común que cuando se hable de este país enseguida se mencione, en todos los niveles, desde el diplomático hasta el turismo habitual, la ya tradicional “hospitalidad mexicana”, con sus maravillosas ventajas, desde mi particular punto de vista, pero también, y según otros, sus problemas (?) (Ibargüengoitia, 1998: 76-78).[35] Innegablemente, para cualquier persona acostumbrada a la “afectividad”, a las relaciones cariñosas, al “apapacho social”, esto es una gran ventaja. ¡Qué agradable es cuando uno llega a un país o a un grupo desconocido de personas y te reciben con cariño, con afecto, con respeto, con tolerancia! Pero en la actividad empresarial, lo que para unos es un excelente código de comportamiento y relaciones públicas, para otros es un inexplicable y gran problema, que contraría, que molesta, que irrita… Afortunadamente, hoy existen cientos de estudios que abordan las relaciones interculturales, lo que nos permite tener una idea de partida de lo que podría suceder si desconocemos las normas comportamentales y las tradiciones del grupo en el que nos insertamos o de la persona que llega a nuestro grupo, en especial si éste es nuestro jefe, líder, gerente, superior o como se le quiera llamar. Otra ventaja es que no partimos de cero para considerar las relaciones interculturales,  debido  a  que  nuestros modelos organizacionales –comunicativos y administrativos– actuales están diseñados en promedio a partir de las estrategias establecidas por el mundo empresarial norteamericano –y aquí no nos interesa ahora analizar si esas estrategias son buenas o malas, sencillamente así son–, lo que ya empezamos a asimilar desde nuestros estudios universitarios, con los libros creados por norteamericanos en estos ámbitos, por la vida práctica que llevamos en nuestras familias de clase media alta y clase alta, altamente influidas por las normas de comportamiento empresarial estadounidense    –por lo menos en teoría– y, también, en muchos casos, por nuestras experiencias vividas en instituciones educativas y laborales en Estados Unidos. Además, otro aspecto que cuenta a nuestro favor es que, en promedio, en las “empresas occidentales” estas normas de comportamiento, de conducta, tienden a estandarizarse, no son muy diferentes. En los casos en que no sepamos cómo se producen las relaciones dentro de la empresa a la que acabamos de llegar, es mejor pecar por muy cuidadosos y tácticos que por populacheros y rústicos. Si lo uno o lo otro es mejor en el futuro, ya tendremos tiempo de verlo “en el futuro”, no acabando de llegar. Reconsideremos algunos puntos del protocolo empresarial:

1.    Presentaciones. Las presentaciones son complejas. En ellas siempre hay unos ciertos niveles de dificultad, y debido a esto presentaciones y saludos son unas armas muy poderosas en las relaciones públicas, en las relaciones de trabajo y en las relaciones de intimidad –grupos muy íntimos, como los clubes, las logias,  los grupos secretos, las asociaciones, los equipos, la familia, el matrimonio, la pareja…–. Está más que claro que todos conocemos la importancia de las presentaciones y los saludos en la vida empresarial, en el trabajo, en los negocios; pero también está más que claro que este arte de las presentaciones y los saludos, en donde se deben conjugar la espontaneidad, la sinceridad y las buenas maneras y evitar las excentricidades, está vedado para la mayoría de las personas, “no se les da”, como se dice popularmente en México. Las presentaciones en el mundo laboral deciden en mucho la suerte de las empresas, de sus relaciones internas y externas, de los negocios:

En los negocios nos relacionamos generalmente con una muestra muy amplia de la población. De ahí que las presentaciones y los saludos sean armas muy poderosas del arsenal de nuestro lenguaje corporal. Si se logra crear una buena primera impresión, incluso podremos permitirnos algunas licencias más adelante [pero, señalamos aquí, siempre evite, por todos los medios, el chistorete o chiste mediocre, insulso, y las bromas de mal gusto. ¡Si usted no es un buen bromista, pues sencillamente no se esfuerce, que le puede hacer daño! ¡Qué tal si recuerda el sabio dicho popular de “Calladito te ves más bonito”!]. Algunas relaciones de negocio son tan efímeras que nunca pasan de ese primer encuentro, razón de más para aprender el ritual y llegar a representarlo bien. Vamos a pasar revista a ciertas situaciones muy específicas de los entornos de trabajo, aunque casi todas ellas se dan en muy diversas carreras profesionales. Muchas de estas situaciones son cotidianas, pero no suelen resolverse bien. Pocas veces he visto personas que sepan presentar y saludar como es debido, lo cual atribuyo a estas cuatro razones posibles: 1. Pereza, 2. Temor, 3. Arrogancia, 4. Estupidez.

¡Qué cada cual elija la suya!

[...] En efecto, conocerse y saludar, tratar con los clientes cara a cara, asistir a eventos sociales de empresa, a presentaciones y convenciones de ventas, en un momento u otro de nuestra vida a todos nos ha causado timidez, o tal vez siempre. En estas situaciones no hay donde esconderse; estamos en un escenario y nuestra situación será juzgada [cosa que, al parecer, todavía no saben muchos funcionarios, empresarios, gerentes, ejecutivos, líderes, etc., ¿o se les olvidó?]. Nos consideramos obligados a quedar bien y tememos las consecuencias que puedan derivarse en caso contrario. 

Así pues [...] no importa cuál sea el estado de ánimo interior, hay que entrar en cada una de estas situaciones con la fortaleza de un campeón. Sin temblores, sin titubeos, sin indecisiones, ¿de acuerdo? [...] (James, 2002: 183).

Recomendaciones para las presentaciones y saludos:

·     La persona de menor jerarquía debe ser presentada a la de mayor rango, aun si la de menor rango es mujer: “Señor X, quisiera presentarle a la señorita Y, nuestra nueva directora de arte. Señorita Y, el señor X es el vicepresidente de operaciones de la compañía”.

·     Si ambas personas son de igual jerarquía y de distinto sexo [...] se aplica la regla social, es decir, el hombre se presenta a la mujer.

·     Si ambas personas son del mismo sexo y mismo rango, la persona más joven debe presentarse a la de mayor edad.

·     En general conviene mencionar el puesto –gerente, director, etcétera– y el departamento donde se desenvuelven las personas de manera que se ubiquen mentalmente uno a otro y puedan hablar de cosas que compartan ambas dependencias, si así lo desean.

·     Al hacer las presentaciones se usará el nombre, el apellido y el título, si es el caso.

·     Al darse la mano se pueden seguir las normas sociales o se puede ser menos formal. La norma social es preferible.

·     En la actualidad se acostumbra mucho saludar de beso [...] [pero recuerde que si no es costumbre del grupo, usted no deberá dar el primer paso]. Si besar es común en su ambiente de trabajo, hágalo si desea, pero de preferencia con alguien de su mismo rango. Si usted no aprueba esa práctica, délo a entender con tacto. Pretenda no haber visto el ademán del beso y limite el saludo a un apretón de manos cordial [se supone que] la otra persona deberá entender y aceptar su reticencia.

2.    Cortesía. Un empleado o un ejecutivo sentado frente a su escritorio se debe levantar si:

·     Aparece un cliente, hombre o mujer.

·     Aparece un empleado o ejecutivo de rango.

·     Si entra una empleada o ejecutiva de igual nivel se debe levantar a excepción de que la relación de trabajo haga frecuente estas visitas.

·     Si durante una conferencia o mesa de trabajo una empleada se levanta para salir, los demás no tienen por qué levantarse. Lo harán si la persona que sale es el ejecutivo de más rango en la sala o el invitado de honor, si es el caso.

3.    Invitaciones a comer.

·     Si le corresponde invitar a un cliente a un restaurante, seleccione uno que ya conozca y que tenga un menú lo suficientemente variado.

·     Si la persona que hace la invitación es mujer, aclarará al maître, en forma discreta al entrar al restaurante, o por teléfono si está haciendo la reservación, que la cuenta debe serle presentada a ella. Si no lo hace, automáticamente se la presentarán al invitado, si éste es hombre.

4.    Horario, puntualidad y hábitos de fumar.

·     Observe la puntualidad en sus citas de trabajo, en las comidas y desayunos de trabajo. No debe llegar más de 10 minutos tarde. Las excusas del “Periférico atascado de coches” –para el caso de México–, y el “nunca pasó la guagua” –para el caso de Cuba– ya están muy usadas y gastadas. Busque otras excusas más interesantes, si es que se las creen. Los demás no tienen por qué esperarle y disculparle siempre a usted. No olvide que su verdadero carácter está estrechamente relacionado con las excusas que usted utiliza. Las excusas deben justificar comportamientos aislados, que no se repiten constantemente. Si determinados comportamientos son habituales y son rechazados por el “grupo”, por los demás, entonces usted debe reflexionar al respecto y considerar si ese acto o sus actos habituales son “cualidades” o “defectos”, en general o en particular para el grupo, familia, empresa o institución en la que se encuentra insertado. Si quiere que su vida sea un poco más placentera y desea que los demás le respeten “de verdad”, entonces trate de emplear la regla de oro del comportamiento humano: “Trate a los demás como quiere que le traten a usted”.

·     Si la persona a quien usted esperaba llega a la cita y usted no lo puede atender en el momento concertado, salúdelo y pídale amablemente que espere unos minutos. Haga su espera más grata ofreciéndole un café, un té, un refresco…

·     Las reglas internacionales dictan en promedio que en lugares cerrados no se fuma; pero, hay más, si en la oficina de la persona que le citó no hay ceniceros, es obvio que la persona no fuma; absténgase de hacerlo y de pedir un cenicero.

5.    Dónde sentarse en una junta directiva. MESA RECTANGULAR. Véase imagen [...]

1.    Presidente.

2.    Secretario.

3.    Invitado de honor.

4.    Ejecutivo de mayor rango después del presidente.

6.    Dónde sentarse en una reunión de empresas. VARIANTE DE MESA RECTANGULAR. Véase imagen [...]

1A o B. Presidente.

2A o B. Ejecutivo de mayor rango después del presidente.

3A o B. Ejecutivo que le sigue en jerarquía.

7.    Dónde sentarse en una comida ejecutiva.[36]  Véanse imágenes [...]

 

Mesa en forma de T

 

1.       Presidente.

2.       Ejecutivo que sigue en rango.

3.       Ejecutivo que sigue en rango.

  

Mesa rectangular

 

1.                  Presidente.

2 y 3.            Invitados de más rango.

4.                  Ejecutivo que le sigue.

5 y 6.            Invitados siguientes.

7, 8, 9, 10.     Ejecutivos.  

Mesa en forma de puente

 

8.    Dónde sentarse en una comida de la empresa en un restaurante y cómo comportarse en ella. En cualquier restaurante quien conduce a los invitados o comensales a la mesa es el maître. Detrás de él irán el anfitrión o anfitriona con su esposa o esposo y luego, en orden de rango o jerarquía, las demás personas. Si la empresa es dirigida por un hombre, éste entonces precederá al grupo y asignará sus puestos a cada persona. Si la comida incluye a las esposas, entonces la esposa del anfitrión actuará como anfitriona. Los invitados esperarán de pie a que se les indique el lugar (Beltrán, 1993). Hoy es común que en los desayunos y comidas empresariales, luego de que los directivos, ejecutivos, ocupan determinados asientos, los demás trabajadores ocupan indistintamente los lugares vacíos. Recuerde que no debe importunar a los demás miembros de la mesa con conversaciones aburridas y temas desagradables, que no vienen al caso. Esos temas déjelos para el marco familiar, si es que se lo aguantan [...]

 

CONTINÚA EN LA PARTE II: http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/por-qu%C3%A9-unos-ganan-y-otros-pierden/19j6x763f3uf8/83#  

 
 
 

Filólogo        e    imagólogo                  Fernando Antonio Ruano Faxas 
Philologist and Image Consultant     Fernando Antonio Ruano Faxas
Филолог     и   консультант           Фернандо Антонио Руано Факсас
 
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[1] Todos sabemos que lo que señala la ley no se cumple. Aquí cabría preguntarnos: ¿cuál es o debe ser, en realidad, el comportamiento verbal y no verbal, la conducta social y sociolingüística, de los individuos en un “estado de legalidad”, y cuál es o qué se debe entender, a su vez y en realidad, por “legalidad” en situaciones de mundialización e inclusive dentro de un mismo país, dentro de una misma comunidad, que presente situaciones tan complejas y disímiles en la cultura, en los idiomas, en las religiones, en las políticas, en las situaciones económicas, etc. “La ley”, “la legalidad”, “lo legal”, es interpretado de manera muy diferente por los grupos sociales en general, y por los individuos en particular. ¡Ése es un grave problema en situaciones de globalización! (Orlando, 2005).

[2] Estereotipo. Ya me he referido en este mismo libro a los estereotipos y sus funciones en la comunicación humana. Estereotipo es una palabra que ha pasado a las ciencias sociales, a las ciencias humanísticas y al uso popular a partir de la imprenta. “Estereotipo es el término que usamos para describir la imagen mental, las reacciones emocionales y la conducta que manifestamos cuando clasificamos de acuerdo con el tipo general más que atendiendo a las características específicas manifestadas por un ejemplar individual de este tipo” (Ellis y McClintock, 1993). Existen muchos tipos de estereotipos (Bourhis y Leyens, 1996): hay estereotipos positivos y estereotipos negativos, según los estereotipadores y los estereotipados; hay estereotipos universales o generales y estereotipos regionales o locales, según las diferentes áreas geográficas de nuestro amplio mundo y los tiempos o modas. Así, por ejemplo, un estereotipo universal puede ser “el diablo es malo, con cola, con cuernos, con tridente…”, “La virgen es bella e inmaculada…”, “Los curas son buenos y no hacen daño…”, “La delgadez es un signo de belleza…”, etc.; y estereotipos regionales pueden ser los estereotipos que aparecen dentro de una comunidad, dentro de un país, y dentro de esos países en sus regiones, estados, provincias, etnias, en donde un grupo puede estereotipar a otro grupo como malo, bueno, tonto, estúpido, inteligente, bandido, feo, bonito, gordo, flaco, celulítico, obeso, raquítico, escuálido, rústico, incivil, bárbaro, corrupto, ladrón, criminal, contrabandista, lépero, “pelado”, fresa o nice o bitongo o “muy muy”, traidor, leal, ateo, fanático, tacaño, dadivoso, borracho, abstemio, etc., y a su vez también puede ser estereotipado como lo mismo o por otras cuestiones semejantes o distintas, etc. Es muy fácil estereotipar a través de la comunicación dialogada, frente a frente, en persona, en la comunicación in situ, porque ahí se valora la imagen física, los gestos, los protocolos, las etiquetas, y también las palabras, en sus respectivos discursos dialectales, ya sean geográficos, sociales, especializados, etc., y en los cinco planos de tratamiento de la lengua: 1. Léxico, 2. Semántico, 3. Fonético y fonológico, 4. Morfológico y 5. Sintáctico. Es decir que ahí, en esa comunicación in situ, frente a frente, se valora absolutamente todo; pero es difícil estereotipar cuando sólo valoramos a través de la lengua escrita, de la literatura, por muy variadas razones (Ruano, 2003c; Ruano, 2003d; Ruano 2003e; Ruano, 2005b; Ruano, 2008a). En el tratamiento de los grupos sociales, de los seres humanos, de las relaciones sociales, se considera que el estereotipo es un modelo, es una imagen, que se tiene de manera muy simple, rápida y funcional para valorar las figuras humanas y sus particularidades, las conductas verbo-corporales, los protocolos, las cualidades, los hábitos, las habilidades, las tradiciones, la ideología, las mañas, etc., de las demás personas, de los grupos sociales, en especial de los esquemas arquetípicos, o lo que es lo mismo de los “modelos arquetípicos” a  partir de los cuales sacamos ciertas conclusiones para valorar a la inmensa variedad de personas con las que nos relacionamos en nuestros diferentes mundos o contextos o en el mundo o contexto globalizado, ya sea al nivel de la esfera pública, de la esfera laboral o la esfera íntima o familiar –recordemos aquí, por ejemplo, hasta dónde puede llegar el concepto de familia en sociedades migrantes, como es el caso de México, Cuba, Rusia, China, India, España, Italia, los judíos, los árabes, los africanos, etc., que están presentes en prácticamente todo el Orbe, y que adoptan o pueden adoptar nacionalidades, idiomas, tradiciones, religiones, gastronomías, folclores, etc., de los países y grupos de llegada pero “siguen siendo familia en contacto”–. La importancia de los estereotipos es tremenda, tanto al nivel de las supuestas sociedades o grupos desarrollados, civilizados, como al nivel de los grupos tercermundistas, cuartomundistas, en estado de barbarie y presocialidad. Con frecuencia se ha considerado que el uso de las palabras “estereotipar”, “estereotipismo” y “estereotipo” en cuestiones de tratamientos sociales y su aplicación en la práctica relacional es negativo, que no es bueno, porque son clichés que pueden denotar problemas en el sistema de valores, de clase, de sociocentrismo o etnocentrismo, de sexocentrismo o generocentrismo, de discriminación, de racismo, de escisionismo, tensiones sociales, conflictos sociales, especialismo, etc.; pero recordemos que gracias a los modelos imagológicos verbales y no verbales que de manera funcional vamos creando en nuestra mente, debido a nuestra experiencia y a todo el proceso cognitivo, es decir gracias a los “estereotipos imagológicos”, es que podemos reaccionar en cuestión de fracciones de segundos para así poder clasificar las señales como buenas o malas, como positivas o negativas, como pertinentes o no pertinentes según los contextos situacionales, y entonces acercarnos o alejarnos de los contextos, de las personas, de los animales, de las cosas, de los fenómenos meteorológicos, etc., que, según nuestra experiencia, constituyen una amenaza o un peligro para nosotros, los nuestros y nuestros entornos, que son de una manera u otra “tóxicos”, incluyendo aquí a los llamados “grupos sociales tóxicos” y “personas tóxicas”, o, por el contrario, no constituyen una amenaza o peligro para nosotros, los nuestros y nuestros entornos. ¿Cómo podríamos resolver adecuadamente estas situaciones, que en una buena cantidad de casos son de vida o muerte, que deben resolverse en fracciones de segundos porque del tiempo de reacción depende que nos salvemos o que muramos, si no es gracias a los estereotipos? Justamente por eso es que los estereotipos son trascendentalmente importantes en nuestras vidas, en nuestras relaciones. Como he dicho ya en mi curso Movilizar las energías de todos para triunfar: “Lo que parece pato, es pato; y si encima de eso “parpa”, “grazna”, entonces no me cabe la menor duda de que es un pato”. ¿A usted sí le cabría la duda…? Lo mismo hace todo el mundo, todo el mundo utiliza los estereotipos… ¿Por qué? Muy sencillo, porque los estereotipos no solamente identifican y clasifican a las personas, a los grupos humanos, a los animales y cosas que nos rodean, sino que también se relacionan con la “percepción” –y en especial con la “percepción subliminal”, cuando están presentes estímulos pasajeros, breves, sutiles, prácticamente imperceptibles, pero receptados por los órganos sensoriales y sus delicados y complejos mecanismos. Captamos muchas señales en el nivel consciente; pero en el nivel subconsciente captamos muchas más. Claro que no sabemos todavía, exactamente, cómo se producen detalladamente estas captaciones al nivel de los humanos, y todavía menos sabemos acerca de cómo se producen estas captaciones de señales y cómo se decodifican en los tan variados grupos humanos que habitan el Planeta (Dixon, 1971; Radford, 1983; Gregg, 1986; Coleman, 1987. También tenemos que tomar en cuenta la “intensidad”, que es variada por supuesto, con la que los receptores de las señales o estímulos los captan) y considerando la presencia de unas 9 inteligencias entre los humanos; aunque hay que destacar que los adelantos multidisciplinarios e interdisciplinarios que se registran en nuestros días acerca de la cognición animal en general y de la cognición humana en particular, es decir “la facultad de los seres de procesar información a partir de la percepción, el conocimiento adquirido y las características subjetivas que permiten valorar y considerar ciertos aspectos en detrimento de otros”, son en extremo alentadores (Cole y otros, 2002)–, con los “instintos”, con la “conducta instintiva” –acerca de lo que he hablado más arriba–, con los instintos gracias a los cuales clasificamos, rotulamos, etiquetamos absolutamente todo lo que aparece en nuestros diferentes contextos comunicativos, con todo y el complejo mecanismo fisiológico-psicológico-sociológico que interviene en el tratamiento y la interpretación de las imágenes y las señales (Martine, 2003). Los estereotipos son, además, parte central del “discurso verbo-corporal de sentido común”, en donde desempeñan una función táctica, una función de estrategia discursiva. Los estereotipos y su tratamiento personalizado, es decir su tratamiento por cada individuo en concreto, lo que se llama “construcción” o “interpretación personal”, serán mucho más sofisticados, complejos, acabados y certeros en la medida en que la persona que estereotipa tenga una mayor experiencia del mundo o contexto en el que se desarrolla, así como una mayor y más sofisticada cultura integral, y especifico aquí que me refiero a una “cultura de verdad”, a una “educación de verdad”, a una “formación de verdad”, y no a “educaciones devaluadas, patitos o chafas o MMC –“Mientras Me Caso”–”, que por cierto abundan mucho y están a la orden del día: basta echarle una mirada superficial a la mayoría de los que dirigen este mundo, a la mayoría de los que dirigen nuestra América. Todos estereotipamos, un poco más o un poco menos, más tarde o más temprano, con respecto a unas cosas o con respecto a otras cosas…; lo que sucede aquí es que estereotipamos “según nos haya ido en la feria”, como se dice en México, y en este sentido la gran desventaja de estereotipar, la parte mala de estereotipar, la tienen los grupos humanos más prejuiciados, más frustrados, sin equidad, más atrasados, más rudimentarios, más presociales, con mayor marca de fanatismo y barbarie…

El concepto de estereotipo y el acto de estereotipar están relacionados con muchos otros conceptos e inclusive con ciertos procesos biológico-psicológicos que están presentes en el cuerpo humano, y todo esto se enfoca de muy diversas maneras, incluyendo aquí la “manipulación”, el “desconocimiento”, la “falta de preparación multidisciplinaria e interdisciplinaria”, el “tercermundismo cultural”, etc., que son más que evidentes en muchas regiones del mundo, en muchos colegios, escuelas, institutos, universidades, centros de investigación, etc., que son más que evidentes en muchos “supuestos especialistas” en las tan variadas ciencias sociales, en las ciencias humanísticas, en la psicología, en la psiquiatría, en la sociología, en la politología, en los estudios interculturales, etc.

Así, por ejemplo, con el acto de estereotipar, con los estereotipos, se relaciona el concepto de “prejuicio”, los “prejuicios”. La palabra “prejuicio” proviene del latín praejudicium, que significa ‘juzgado de antemano’, y todos sabemos que existen múltiples formas para “juzgar de antemano”, es decir “antes de que aparezcan las palabras” que definen y expresan las particularidades, las características, los procesos, los fenómenos, etc., y que también definen y caracterizan a los mismos grupos humanos y a las personas en particular y sus relaciones sociolingüísticas, y que esto se produce gracias a la comunicación no verbal, una comunicación multisensorial en donde intervienen los cinco sentidos “conocidos”, gracias a los que “percibimos” –es decir vista, oído, olfato, gusto, tacto–; pero aquí, a la hora de crear nuestros estereotipos y prejuicios, no sólo intervienen el cuerpo y la mente, sino que interviene, por supuesto, “el contexto” (Bogardus, 1928; Rokeach, 1960; Allport, 1977; Davey, 1983; Mackie y Hamilton, 1993; Flaubert, 1995; Echevarría y otros, 1995; Martínez, 1996; Young-Bruehl, 1996; Hume, 1998; Brown, 1998; Scruton, 1999; Scruton, 2001; Ruano, 2003a; Ruano y Rendón, 2006), es decir el “lugar”, el “medio ambiente”, el “ecosistema”, en su más amplio sentido y con los más mínimos detalles, el “momento histórico-social concreto” que se vive, y nuestra “experiencia”, algo así como poner en práctica lo que rezan los dichos populares: “de tal palo, tal astilla”, “dime de dónde vienes y te diré quién eres”, “puta la abuela, entonces puta la madre, puta la hija y puta la generación completa”, “ladrón el abuelo, entonces ladrón el padre, ladrón el hijo y ladrones todos en su generación”…; pero todavía hay más aquí, mucho más en este sentido de la formación de los prejuicios, como ya he dicho anteriormente: ¿“lo extrasensorial”?: “Existen, a saber, tres formas de percepción extrasensorial: telepatía, adivinación y mediumnidad o clarividencia. A veces se ha considerado la telepatía como una forma comunicativa extrasensorial o como una forma comunicativa de cognición anómala; pero lo que queda más que claro es que antes y ahora los estados altamente desarrollados invierten millones de pesos en las investigaciones telepáticas, en las investigaciones de la comunicación extrasensorial, en especial en el ámbito militar y los servicios secretos y de espionaje. Con la telepatía se relacionan términos como parapsicología, percepción extrasensorial, psicoquinesia, visión remota, facultades paranormales, comunicación paranormal, poderes psíquicos de la mente, etc.” Los criterios que en promedio se tienen en nuestra querida América –de la misma manera que sucede a nivel internacional–, inclusive al nivel de “la cultura” de las más elevadas cúpulas económicas, de postgrado, de “prejuicio” son tan atrasados como irrisorios: http://knol.google.com/k/las-creencias-las-religiones-los-cultos-y-los-mitos-y-su-relaci%C3%B3n-con-las# . ¿Cómo pensar que con la presencia tan marcada en la historia y en la actualidad de las culturas de grupos dirigentes y líderes autoritarios, con un pensamiento y una conducta tan dogmáticos, doblemoralistas y (pseudo)conservadores, que ejercen un adoctrinamiento sin tregua, por todos los medios de comunicación masiva a sus alcances, sobre todo en el seno de las grandes masas confundidas, iletradas y torpes, no van a existir los prejuicios?, ¿cómo pensar que en nuestra actual sociedad humana “globalizada” tan disímil, tan compleja, tan conflictiva, tan corrupta, tan agresiva, tan socialmente tóxica, tan fanática, con tantos sesgos de confirmación, con tantos sesgos cognitivos, en donde prácticamente todas las organizaciones internacionales importantes, y sus líderes –¡no hablemos ya de lo que sucede al nivel de cada país en concreto…!–, al nivel de la política, de la economía, de la educación, de la salud, del sindicalismo, de las religiones, etc., están involucrados en todo tipo de escándalos y fraudes, documentados en los más variados medios masivos de comunicación y en los más diversos idiomas del mundo, pero sobre todo documentados “al día”, “al minuto”, en Internet, no van a existir pensamientos prejuiciosos, es decir “pensamientos cautelosos”?, ¿cómo pensar que en continentes, países, regiones, pueblos y etnias, en donde el atraso cultural y económico, es decir la corrupción, entre otros aspectos, impide accesar a las más rudimentarias y elementales fuentes informativas, y en donde por siglos sólo se ha conocido la pobreza, el hambre, la ignorancia, la humillación, la afrenta, el dolor, el desespero, las guerras, el crimen, el asesinato, el desalojo, la migración forzada, el miedo, los odios interétnicos, interraciales, interidiomáticos e interreligiosos, el racismo, la xenofobia, la misoginia, las enfermedades, la desnutrición, las plagas, el fanatismo, las violaciones de los más elementales derechos de los niños y de los adultos, mujeres y hombres, etc., no va a existir un pensamiento prejuicioso, no van a existir las cogniciones prejuiciosas, es decir un pensamiento cauteloso, una cognición cautelosa? (Garaigordobil, 2000). Si los que hemos logrado tener, por la vía que fuere, e inclusive contra viento y marea, en las circunstancias más adversas, una formación competitiva, multicultural, de punta, altamente globalizada, multiidiomática, realmente civilizada, etc., sabemos muy bien que nuestros actos diarios, que nuestra comunicación diaria, está condicionada, de una u otra manera, por el factor tiempo y por la practicidad: “Hijo de tigre, pintito”, “Hijo de majá, sale pinto”…, y por ello, justamente, estos actos diarios también están condicionados por los estereotipos y las prejuicios… Claro que “pudiera” ser que un hijo de tigre o de maja, o lo que sea, no salga “pintito”, que no salga “pinto”, y que salga, por ejemplo, “albino”, es decir que salga de “otra forma”…; pero nuestra experiencia de años nos dice que esa probabilidad es mínima… y enmascarada… Ni modo, como se dice en México: “¡Hijo de tigre, pintito! ¿Qué queremos que la gente piense y actúe de otra manera y que tengamos un mundo diferente…? Muy bien, lo que gusten y manden; pero entonces, primero, tengamos una educación diferente, una instrucción diferente, una cultura diferente, sociedades diferentes, políticas y economías diferentes, fundamentadas en la legalidad y el derecho “para todos”, pero de verdad…;  primero tengamos “líderes civilizados”, y no barahúndas caciquiles de mentes y manos torpes… Y aquí, mucho cuidado con la terrible influencia de las religiones en la creación de estereotipos negativos, de cogniciones prejuiciosas, de prejuicios… ¡Hay que estar ciego, estar en serías dificultades culturales o ser de plano un gran estúpido para no darse cuenta de esto! Una superficial mirada a las guerras de Nuestra Era, a ese horror y vergüenza de la Humanidad que se llamó y se sigue llamando Inquisición, a esa aberración humana resultado del más enfermizo fanatismo, creada por los papas, por la ¿Santa Sede?, por el Vaticano, llamada Cruzadas, que duraron nada más y nada menos que tres siglos, es decir entre el siglo XI y el siglo XIII, a las guerras mundiales, a los conflictos bélicos de pleno siglo XXI, de la actualidad, basta para darse cuenta de hasta dónde han llegado las religiones, pero sobre todo el Catolicismo, en la creación y fomento de los prejuicios… Basta leer la Biblia para conocer el terrible daño que han hecho a toda la Humanidad los prejuicios que ahí se han registrado, y en todos los sentidos… 

¿Funcionan los estereotipos? ¿Da resultado estereotipar a los demás? ¿Qué ventajas tienen los estereotipos? Recordemos que la principal ventaja del estereotipo, de estereotipar, es que en fracciones de segundos tenemos un “juicio funcional” que nos permite reaccionar rápidamente, en la situación que sea, ante quien sea, ante lo que sea, dando la respuesta verbo-corporal, la respuesta protocolar, que más convenga contextualmente. Sencillamente pregunte usted a un militar, al personal de los servicios secretos o de inteligencia o de contrainteligencia o de contraespionaje, a los espías o agentes encubiertos o topos –¿dónde no ha habido y dónde no hay espías? La historia del espionaje y de los espías es tan larga como la misma historia de la Humanidad. ¿Qué hace un espía sino infiltrarse, observar, manipular, chantajear, sobornar y obtener información real o irreal, por los medios que sean, incluyendo la traición a los principios humanos más elementales–, a los guardaespaldas o guaruras, a las personas que realizan proselitismo religioso, a un abogado, a un médico, a una enfermera, al personal de la cruz roja, al personal de ambulancias, al personal de prevención de enfermedades infectocontagiosas, a los grupos y personas sanos que temen infectarse o contagiarse en situaciones de epidemias y pandemias, a un maestro, a un psicólogo, a un psiquiatra, a un sociólogo, a un imagólogo, a un etólogo, a un entrenador deportivo, a un periodista o comunicador o entrevistador, a un traductor, a un intérprete, a un jefe de protocolos, a los organizadores de pasarelas o desfiles de moda, a un sastre o costurera, a un humorista, a un caricaturista, a un político, a un dirigente sindical, al personal de aduana, migración y extranjería, a la patrulla y controladores fronterizos, al ejército o milicia o federales o minutemans o vigilantes que persiguen, hostigan, “cazan” y hacen redadas a los indocumentados o ilegales o sinpapeles o espaldasmojadas o balseros en cualquiera de nuestros países, a los trabajadores de las vicerrectorías docentes de las universidades globalizadas que se encargan de la matrícula de estudiantes de múltiples países y etnias tanto al nivel de licenciaturas como al nivel de postgrado, a los investigadores jurídicos, a un criminólogo, a un victimólogo, a un recluso, a un celador o carcelero, a un ladrón o bandido, a un violador –incluyendo aquí a los curas violadores, por  supuesto–, a un agresor, a un manipulador, a un “viene viene”, a un “franelero”, a un limpiador de coches o carros en los semáforos, a un especialista de recursos humanos que contrata a trabajadores, a los reclutadores del ejército, a los vendedores incluyendo a los vendedores de drogas, a los aseguradores, al personal de aeropuertos, a los pilotos, a los sobrecargos o aeromozos, en estos tiempos de terrorismo aéreo, a un taxista, a los sexoservidores, a los gastrónomos y al personal de servicio de hoteles, restaurantes y bares, a los porteros de las discos o antros, a los responsables de logística, a los directores, productores, guionistas, escenógrafos, vestuaristas y fotógrafos cinematográficos, etc., si el uso de estereotipos les ayuda o no en su trabajo…  Hasta a la madre que quiere poner a su hijo en una escuela, hasta al padre que valora la comunicación verbo-corporal del hijo o la hija, al joven o la joven que busca pareja, al trabajador que busca trabajo, a la secretaria que busca ser empleada, etc., pregúnteles al respecto de los estereotipos… ¿No ha reflexionado usted acerca de cómo se desarrolla la percepción estereotipal en los niños? ¿No ha reflexionado usted en torno a la estrecha relación entre estereotipos y síndrome dismorfóbico en situaciones de globalización (Ruano, 2008b)? ¿Ha pensado en la función de los estereotipos en el tratamiento de las ideologías y las afiliaciones partidistas, los conflictos raciales y etnolingüísticos, los conflictos de sexo y género, las funciones hegemónicas de unos grupos sobre otros en especial a través de liderazgos negativos y retrógrados? ¿Ha tomado en cuenta la trascendental influencia de los medios masivos de comunicación: radio, televisión, cine, Internet, prensa, revistas, historietas, comics, libros infantiles, propaganda, comerciales o cuñas o spots, espectaculares, etc., en la creación y consolidación de los estereotipos y hasta dónde puede llegar esto, el terrible daño que esto puede hacerle a las sociedades, en especial a la sociedades atrasadas, tercermundistas, satélites, confundidas, analfabetas, fanáticas, tabuizadas, enfermas, dismorfóbicas y censuristas? ¿Ha considerado detenidamente la correlación entre estereotipos ideológicos y las campañas de persuasión socioconfesionales o religiosas (Ruano, 1990) y las campañas de persuasión políticas, en especial en los grupos humanos subdesarrollados, atrasados, fanáticos, involucionados, temerosos, míticos, mitoideos, mitóticos, y con elevados niveles de delincuencia, corrupción y criminalidad (Ruano y Rendón, 2006)? ¿Y si usted se ve solo o sola en el metro, en una calle, en una guagua o camión, en un barco, en un pueblo desolado en la noche, etc., o si está en una fiesta o disco o cabaret o reventón o “reven” o pachanga o carnaval o guateque…, no hace uso de los estereotipos para acercarse o alejarse de los que le rodean? ¡Claro que sí…! ¡Y más le vale…!, porque los estereotipos, al funcionar como mecanismos cognitivo-emocionales de simplificación de la realidad y de decodificación de los mensajes y señales, al funcionar como condensadores de señales imagológicas, también funcionan como sistemas de defensa y protección de los individuos, de los grupos humanos (Lippman, 2003). ¿Acaso no valoramos lo general, primero y rápidamente, y lo particular después, con tiempo, lentamente? Pues ahí está: “De lo general a lo particular”.

[3] El termino “cultura” es multidiscursivo, es decir que se emplea con muy variadas significaciones y en contextos discursivos muy disímiles. A su vez, son muchas ciencias y ramas científicas las que emplean este término ya sea para designar fenómenos concretos de sus respectivos ámbitos científicos o para designar fenómenos concretos de otras ciencias y ramas en las que se apoyan según las circunstancias discursivas. Las ciencias sociales y las ciencias humanísticas hacen muy variados usos, usos polisemánticos, de este término, por lo que, según las ciencias, las ramas científicas, los autores clásicos, las escuelas científicas, las épocas, etc., se deben emplear los diccionarios científicos especializados. La palabra “cultura”, de raíz latina, en un principio hizo referencia a la agricultura; ésta, la palabra cultura, era un vocablo de uso común, del lenguaje popular, que pasó al uso especializado, a la terminología: de palabra se transformó en término (Ruano, 1984; Ruano, 1989). En la actualidad, y de manera general, el término “cultura” posee dos significados. En su acepción antropológica y sociológica quiere decir que todo ser humano vive en la esfera de su cultura. Si el hombre es, como es, un animal simbólico, de ello deriva eo ipso que vive en un contexto coordinado de valores, creencias, conceptos y, en definitiva, de simbolizaciones que constituyen la cultura. Así pues, en esta acepción genérica también el hombre primitivo o el analfabeto poseen cultura. Y es en este sentido en el que hoy hablamos, por ejemplo, de una cultura del ocio, una cultura de la imagen y una cultura juvenil. Pero cultura es además sinónimo de “saber”: una persona culta es una persona que sabe, que ha hecho buenas lecturas o que, en todo caso, está bien informada. En esta acepción restringida y apreciativa, la cultura es de los “cultos”, no de los ignorantes (Sartori, 2002: 42-42). Para más información en torno a la significación de la palabra “cultura”, véanse los textos de Denys Cuche y de J. S. Kahn.

[4] Bajo el nombre de “Estados Unidos Mexicanos” se agrupan comunidades divididas en más de 62 lenguas nativas, indígenas, y unos 90 pueblos, aparte del idioma español, que es la “lengua nacional”. Además de esto, en México existen muchas comunidades “minoritarias”, descendientes en la mayoría de los casos de migrantes, que desempeñan un relevante y decisivo papel en la economía, la política y la cultura, como es el caso de la comunidad mexicano-hebrea y mexicano-árabe. En el México del siglo XXI son más de tres millones de individuos, pertenecientes a grupos indígenas, que ni hablan ni escriben la lengua española. Solamente el Estado de Oaxaca presenta un complejo panorama social, político, económico y lingüístico en el cual conviven unas 13 lenguas indígenas junto al idioma español.

[5] Hans Kung y Karlo Kushel (1993). Hacia una ética mundial. Tubinga, Trotta.

[6] Para saber si usted es un buen negociador o no, o si no tiene idea de cómo negociar en un mundo globalizado, recomendamos que conteste cualquiera de los tantos reactivos o test que para el efecto se han creado. Nosotros con frecuencia empleamos en  nuestra empresa de consultores de imagen social y empresarial el Test de Bourdoiseau.

[7] Considérense mis comentarios acerca del lenguaje político en América, que expongo más arriba, en el capítulo No. 6: “Sincronía interaccional u orientación del cuerpo” y en mi libro Parafernalia de la mentira en América: http://openlibrary.org/b/OL22647949M/Parafernalia_de_la_mentira_en_América._El_arte_de_la_mentira_en_el_discurso_verbal_y_corporal_en_Iberoamérica . Véase también:  http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/la-imagen-de-am%C3%A9rica-a-trav%C3%A9s-de-sus/19j6x763f3uf8/38# .

[8] Rodolfo Usigli (2002). El gesticulador. México, Editores Mexicanos Unidos, 65-66.

[9] Ibid., 107.

[10] Ibid., 118.

[11] Ibid., 119.

[12] Pero ningún cubano, de la misma manera que ningún latinoamericano e inclusive un norteamericano, estadounidense o canadiense, te dirá esta verdad. Todo el mundo en América, salvo algún “disfuncional”, te dice que su ascendencia es “noble”, “blanca”, y “pura”. Es decir, que así las cosas, todos los americanos “blancos”, por supuesto, somos descendientes de nobles, blancos y ricos europeos. Aquí en América nadie, ningún “blanco”, es descendiente de “pobres emigrantes”, de “bandidos”, de “judíos y árabes”  –altamente segregados en España– que huían de la Inquisición, y de “quemados”, es decir de prietos o negros que vivían en la Península Ibérica, en España. La realidad, como ya hemos visto, es otra (Moreno, 1996: 52-59).

[13] Es común encontrar en el discurso verbo-corporal latinoamericano, especialmente al nivel de la gobernación, de la política, del partidismo y del sindicalismo, a “ciertos personajes” que creen que sus discursos verbo-corporales son la fiel representación de la tradición clásica del discurso, y también a “grupos” que creen esto mismo. ¡Cuánta equivocación! La mayoría de esos discursos verbo-corporales, en algunos casos mucho más evidentes que en otros, son, en vez de la representación del discurso clásico, la representación del desdibujamiento discursivo, es decir la representación de la ridiculez, de la estupidez, de la afectación discursiva, de las panglosadas, de las patologías o traumatismos de pensamiento y conducta, de los complejos y las frustraciones, y de la naquedad o cheísmo. Y esto, sin duda alguna. ¿Ejemplos? Sencillamente veamos cualquiera de los canales televisivos en donde se proyectan las juntas o reuniones de estos personajes “trascendentales”. ¿No recuerda usted cómo se realizan estas reuniones en nuestras senadurías y diputaciones en América? Si usted es terrícola, seguro que las recuerda. No obstante, por si usted no fuera de este planeta, por si fuera extraterrestre, por si fuera ciego, etc., entonces le recuerdo que estas reuniones son algo así como las tramas que aparecen en el film The Addams Family o La familia Addams o Los Locos Addams, con su canción:

La nieta, el tío y la abuela,

el padre de alta cuna,

la bella madre de una

familia muy normal.

Si van a visitarla,

no esperen una fiesta,

así verán a ésta,

familia muy normal.

¡Qué hermosura!

¡Qué dulzura!

¡Qué locura!

Si quieren divertirse,

que al cabo no les cuesta,

aquí es la casa de ésta,

familia muy normal.

Y su baile La Mamushka. Ahí todo puede pasar, y de hecho todo pasa. Vea este baile, se lo recomiendo: http://www.youtube.com/watch?v=6tAY3qj_DIM  .

[14] Y. Bourdoiseau; R. Carton; J. P. Friedman; Y. Furet; F. M. Gauquelin; M. Grenouilloux; G. Grzybowski; J. Martinon; S. Peltant; J. P. Saidah; J. M. Villette; M. Zacharia y otros (1982). Saber expresarse. España, Everest, 454-455.

[15] M. Cereijido (1988). La vida, el tiempo y la muerte. México, Fondo de Cultura Económica; R Fulton; E. Markusen; G. Owen y J. L. Scheiber (1981). La muerte y el morir. Desafío y cambio. Puerto Rico, Fondo Educativo Interamericano.

[16] Para considerar la historia de las tradiciones y los protocolos funerarios de México, véase: José Rogelio Álvarez, op. cit., t. VI: 3063-3069; Diccionario Universal de Historia y de Geografía, de Manuel Orozco y Berra, y Las piras funerarias en la historia y en el arte de México, de Francisco de la Maza.

[17] Por ejemplo, el himno nacional cubano dice: “Al combate corred bayameses…” El himno nacional mexicano: “Mexicanos al grito de guerra…” El himno chileno: “Si pretende el cañón extranjero nuestros pueblos osado invadir; desnudemos al punto el acero y sepamos vencer o morir. Con su sangre el altivo araucano nos legó por herencia el valor; y no tiembla la espada en la mano, defendiendo de Chile el honor…” El himno venezolano: “¡Abajo cadenas! Gritaba el señor; y el pobre en su choza libertad pidió: a este santo nombre tembló de pavor el vil egoísmo que otra vez triunfó. Gritemos con brío: muera la opresión. Compatriotas fieles, la fuerza es la unión; y desde el Empíreo el Supremo Autor, un sublime aliento al pueblo infundió…” El de Ecuador: “Indignados tus hijos del yugo que te impuso la ibérica audacia, de la injusta y horrenda desgracia que pesaba fatal sobre ti, santa voz a los cielos alzaron, voz de noble y sin par juramento, de vengarte del monstruo sangriento, de romper ese yugo servil…” El de Argentina: “Pero sierras y muros se sienten retumbar con horrible fragor, todo el país se conturba por gritos de venganza, de guerra, y furor. En los fieros tiranos la envidia escupió su pestífera hiel, su estandarte sangriento levantan provocando a la lid más cruel. ¿No los véis sobre Méjico y Quito arrojarse con saña tenaz y cuál lloran bañados en sangre Potosí, Cochabamba y la Paz? ¿No los véis sobre el triste Caracas luto, y llantos, y muerte esparcir? ¿No los véis devorando cual fieras todo pueblo que logran rendir?…” El himno nacional de Colombia: “Cesó la horrible noche. La libertad sublime  derrama las auroras  de su invencible luz. La humanidad entera, que entre cadenas gime, comprende las palabras del que murió en la cruz. “Independencia”: grita el mundo americano. Se baña en sangre de héroes la tierra de Colón. Pero este gran principio “el rey no es soberano” resuena, y los que sufren bendicen su pasión.  Del Orinoco el cauce se colma de despojos, de sangre y llanto un río se mira allí correr. En Bárbula no saben las almas ni los ojos si admiración o espanto sentir o padecer…”

Claro que aquí podríamos argumentar que estos himnos nacionales de Iberoamérica fueron creados en un tiempo pasado, contra el dominio de España y Portugal, y que por eso están llenos de palabras, ideas y músicas belicosas. ¿Pero y cuál es la verdadera realidad de nuestros pueblos latinoamericanos hoy? ¿Es que acaso ya no están en conflicto nuestros pueblos latinoamericanos, nuestros hermanos todos, unos contra otros, hermanos contra hermanos? ¡Oh, triste realidad! Es asquerosa la indiferencia cómplice de la sociedad latinoamericana ante los conflictos, las guerras y los dolores del subcontinente. ¿¡Ah, qué no le prestamos atención a todo esto!? Muy bien: ¡tiempo al tiempo!

[18] Larry A. Samovar & Richard Porter (1995). Incultural Communication. Belmont, Wadsworth, 437.

[19] Miguel León Portilla (1978). “La religión de los mexicas”, en México Antiguo. México, Salvat, t. 3, 201-234. Para considerar las ideas en torno a la “muerte” y la “vida” en México, véase: Octavio Paz, op. cit., 57-68.

[20] Para tratar los ritos de paso, recomendamos consultar: Arnold van Gennep (1960). The Rites of passages. Chicago, University of Chicago; William Golding (1983). Ritos de paso. Madrid, Alianza.

[21] Carlos González Peña (1985). “El sueño de la provincia”, en El ensayo, siglos XIX y XX. México, PROMEXA, 112-115.

[22] Salvador Novo (1985). “De las ventajas de no estar a la moda”, en El ensayo, siglos XIX y XX. México, PROMEXA, 407-409.

[23] Imagen Pública, en inglés face-threatening acts, es el eje central de la teoría de P. Brown y S. Levinson, que plantea que de la necesidad de salvaguardar la imagen pública se derivan todas las estrategias de cortesía. La cooperación entre los hablantes se basa precisamente en el supuesto compartido de que la imagen pública es vulnerable, de que hay que ponerla a salvo, y de que una manera de hacerlo consiste precisamente en no dañar ni amenazar la de los demás. Esta imagen pública tiene, a su vez, dos vertientes:  1. negativa:  deseo de  tener libertad de acción, de no sufrir imposiciones por parte de los demás, de dominar el propio territorio, 2. positiva: deseo de ser apreciado por los demás, y de que otros compartan los mismos deseos. La noción de imagen pública es, en sí misma, universal; y también lo es el modo en que determina los comportamientos sociales: lo que varía de una cultura a otra son los elementos particulares que configuran en cada caso los rasgos que constituyen la imagen pública deseable (P. Brown y S. Levinson [1987]. Politeness. Some Universals in Language Use. Cambridge, Cambridge University Press). “La teoría expuesta por Brown y Levinson es actualmente el intento más elaborado y mejor estructurado de explicar los motivos y el funcionamiento de la cortesía en las lenguas. Pretende completar el modelo de H. P. Grice, añadiéndole la faceta interpersonal de la que carecía. Brown y Levinson parten del supuesto de que toda sociedad tiene que controlar la agresividad de sus miembros, a la vez que intenta canalizar ese potencial de agresividad como instrumento de control interno y como fuerza de la que servirse en las relaciones competitivas con otros grupos sociales. La cortesía presupone, por tanto, la existencia de ese potencial agresivo, y trata de contrarrestarlo para hacer posible las buenas relaciones sociales. Otro de sus puntos de partida es el de que la comunicación es un tipo de conducta racional, que busca la máxima eficacia. En este sentido, la comunicación está sujeta al principio de cooperación de Grice, entendido como el marco socialmente neutro en el que se desarrollan los intercambios comunicativos, y que presupone su racionalidad y eficacia. Se supone también que uno sólo se aparta de él cuando tiene una buena razón para hacerlo; y la cortesía –la necesidad de mantener las relaciones sociales– puede ser una de estas buenas razones. Los individuos, en lo que atañe a la comunicación [verbal y corporal], presentan, por tanto, dos propiedades básicas, que sirven para explicar su comportamiento comunicativo: 1. racionalidad: cada individuo posee un modo de razonamiento que puede definir con precisión, y que le conduce de los fines que persigue a los medios necesarios para intentar conseguir dichos fines. Está ligada al principio de cooperación; 2. imagen pública: cada individuo tiene y reclama para sí una cierta imagen pública (un cierto prestigio) que quiere conservar. Está ligada a la cortesía” (Escandell, 1996). Para considerar el funcionamiento de la cortesía y la imagen verbal y corporal de individuos de culturas diferentes en contacto, recomiendo consultar: Eileen McEntee, op. cit.; S. Blum-Kulka, J. House y G. Kasper (eds.) (1989). Cross-cultural Pragmatics: Requests and Apologies. Norwood, Ablex; C. Kerbrat-Orecchioni (1990-94). Les interactions verbales. Paris, Armand Colin; A. Wierzbicka (1991). Cross-Cultural Pragmatics. The Semantics of Human Interaction. Berlín, Mounton-De Gruyter; G. Kasper y S. Blum-Kulka (eds.) (1993). Interlanguage Pragmatics. Oxford, Oxford University Press. R. W. Janney y H. Arndt (1992). “Intracultural Tact vs Intercultural Tact”, en R. J. Wats, S. Ide y K. Ehlich (eds.). Politeness in Language. Studies in its History, Theory and Practic. Berlín, Mouton-De Gruyter; M. Victoria Escandell Vidal (1995). “Cortesía, fórmulas convencionales y estrategias indirectas”, en Revista Española de Lingüística, 35: 31-66.

[24] Aquí me refiero especialmente a los cuatro tipos de lenguaje acerca de los cuales habla Desmond Morris: 1. Lenguaje de información, 2. Lenguaje de sentimiento, 3. Lenguaje exploratorio, 4. Lenguaje de cortesía (Morris, 1996: 223-225).

[25] Dar atole con el dedo. Esta frase, del macrodialecto del español de México, significa ofrecer cosas que no se cumplen, dar gato por liebre, mentir acerca de algo o de alguien, decir o hacer una cosa por otra, enseñar o mostrar una cosa por otra, consciente o inconscientemente. “Engatusar con promesas y fingimientos. Es prácticamente nula la cantidad de atole [bebida alimenticia hecha de harina de maíz, u otras harinas, disuelta en agua o leche hervida] que pueda ofrecerse untado en un dedo”, según Jorge Mejía Prieto (1988). Albures y refranes de México. México, Panorama, 72. “Significa engañar a alguien, engatusarlo con palabrería melosa. La frase procede de la costumbre que tienen las nodrizas de mojar uno de sus dedos en leche o en atole, y colocarlo en la boca del niño para calmar sus lloros mientras llega la hora de darle el pecho”, según Jorge Mejía Prieto (1989). Así habla el mexicano. Diccionario básico de mexicanismo. México, Panorama, 19.

[26] Viejísima y popular canción y dicho cubanos. Ésta es la versión de “Los Compadres”.

[27] “¡Cómo han pasado los años!”, en la versión de Rocío Durcal.

[28] “Usted abusó”, en la versión de Celia Cruz.

[29] “¡Qué le den candela!”, en la versión de Celia Cruz.

[30] Las relaciones y comportamientos entre hombres y mujeres en los ambientes laborales y especializados siempre han sido marcadamente diferentes, por muchas razones. Para considerar este tema se puede consultar: John Gray (2002). Marte y Venus en el trabajo. Una guía práctica para mejorar la comunicación y la convivencia en el ambiente laboral. México, Océano. En la mayoría de las empresas e instituciones son comunes los problemas y escándalos sexuales, de todo tipo, lo que se relaciona con el coqueteo, las señales de flirteo, la jerarquía o poder, el rechazo, las amenazas y el extenso y variado protocolo del cortejo según sean éstos cortejos heterosexuales u homosexuales (Ruano, 2003e; James, 2002: 243-249).

[31] Los términos management y administration no coinciden ni nocionalmente ni prácticamente con los términos administración, dirección y gerencia empleados en México. Esto lo demuestran investigaciones como la siguiente: Raquel Kelly Medina Orozco, Jesús Alejandro Ramos Verti y Gabriela Romano Muñoz Cano (1995). Estudio puntual del término management: sus relaciones semánticas con administration y sus posibles equivalentes en el español de México. Tesis de licenciatura. Asesor: Filólogo Fernando Antonio Ruano Faxas. México, Instituto Superior de Intérpretes y Traductores.

[32] Al respecto véase: L. Calvo Ramos, op. cit., y Fernando Antonio Ruano Faxas, 1989, op. cit.

[33] Fernando Antonio Ruano Faxas, 2003a, op. cit.

[34] Pero ¿quién sabe en estos países tercermundistas y cuartomundistas lo que es una economía de la creatividad y cómo se expresa el trabajo, el lenguaje laboral, de los trabajadores creativos? ¡Claro que nadie o muy pocos! Una mirada al entorno laboral de los países latinoamericanos, por ejemplo, lo dice todo. Para tratar este tema de la economía creativa, recomendamos consultar: John Howkins (2001). The Creative Economy: How People Make Money From Ideas (La economía creativa: transformar una idea en beneficios). EE. UU., Penguin Global.

Y claro que las diferencias entre la empresa tradicional, la economía tradicional o economía industrial tradicional, los trabajos tradicionales y los trabajadores tradicionales, por un lado, y, por otro lado, la empresa creativa, la economía creativa, los trabajos creativos y los trabajadores creativos, son muy grandes, como se muestra en los siguientes gráficos, según http://www.wipo.int/sme/es/documents/cr_interview_howkins.html [...]

[35] Creo que es necesario aquí destacar lo que se considera al nivel de los comentarios populares, cosa que cuenta mucho, y los resultados de investigaciones especializadas que pueden contradecir totalmente esas nociones o ideas acerca del comportamiento de un pueblo o grupo. Así, por ejemplo, se ha llegado a plantear que los mexicanos son más obedientes, pero también más irrespetuosos, intolerantes y desconfiados que los estadounidenses y canadienses. Podría parecer paradójico, pero es la realidad resultante de sólidas investigaciones (Zavala, 2001: 82-84).

[36] Para considerar algunas de las particularidades que deben observarse en las comidas y cenas empresariales, véase el capítulo siguiente: Las formas de alimentarse…

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  45. LOS ALCANCES DE LA DEPRAVACIÓN DEL CURA MEXICANO VIOLADOR DE NIÑOS MARCIAL MACIEL DEGOLLADO
  46. NARCOTRAFICANTES Y CAPOS MEXICANOS VIVEN EN LAS ZONAS MÁS EXCLUSIVAS DEL PAÍS
  47. Un paseo por las religiones, las creencias, la magia, la brujería, la santería y todo tipo de ideas. ¿Y el sincretismo?
  48. Protected: ¿ACASO ALGUIEN PUEDE CREERLE AL CARDENAL MEXICANO NORBERTO RIVERA CARRERA?
  49. LINGÜÍSTICA EN MÉXICO
  50. ANALFABETISMO FUNCIONAL, ANALFABETISMO DE SEGUNDO GRADO O ANALFABETISMO DE GRADO SUPERIOR
  51. Educación, cultura, ciencia, técnica y fuga de cerebros en América y concretamente en México
  52. ¿A qué llamamos discurso jurídico, literatura jurídica o texto jurídico?
  53. ¿Reunión de Felipe Calderón y Barack Obama en marzo de 2011? ¿Y…? ¡Más de lo mismo!
  54. SEXO Y GÉNERO O SEXOS Y GÉNEROS
  55. ¿¡QUÉ TE CONSIDERAS INTELIGENTE!? ¿PERO DE CUÁL DE LAS INTELIGENCIAS ESTÁS HABLANDO?
  56. OPINIÓN PÚBLICA, PUBLIC OPINIÓN, ОБЩЕСТВЕННОЕ МНЕНИЕ, OPINIÃO PÚBLICA, OPINION PUBLIQUE, ÖFFENTLICHE MEINUNG, رأي عام , 舆论
  57. ¿CÓMO HABLAR CORRECTAMENTE EN PÚBLICO? LINGÜÍSTICA E IMAGOLOGÍA DEL DISCURSO HABLADO
  58. RACISMO EN MÉXICO
  59. FILMES, PELÍCULAS, DOCUMENTALES, VIDEOS ACERCA DE LOS MIGRANTES O INMIGRANTES O EMIGRANTES O ESPALDASMOJADAS O WET BACK O INDOCUMENTADOS O SINPAPELES O BALSEROS O ILEGALES
  60. ¿POR QUÉ LA GENTE NO SE ACEPTA Y SE RECHAZA CON TANTA FRECUENCIA, Y SI SE ACEPTA LO HACE HIPÓCRITAMENTE? HABLEMOS UN POCO DE LA SINCRONÍA INTERACCIONAL Y SU FUNCIÓN EN LA COMUNICACIÓN HUMANA
  61. CUIDADO CON EL SILENCIO. EL SILENCIO DICE MÁS QUE MUCHAS PALABRAS / BEWARE OF THE SILENCE. THE SILENCE SAYS MORE THAT MANY WORDS
  62. A propósito de la imagen pública: ¿por qué las personas a veces no se entienden bien? Las cosas que hacen que la comunicación verbal y la comunicación no verbal sean un problema. PARTE VI
  63. HACIA LA CALIDAD INTEGRAL SIN FRONTERAS
  64. IMAGOLOGÍA DEL ARTE COSMOGÓNICO DE LAS SEIS SOCIEDADES QUE HAN DADO ORIGEN A LAS CIVILIZACIONES MÁS ANTIGUAS DEL MUNDO: 1. MESOPOTAMIA (ACTUAL IRAQ O IRAK), 2. EGIPTO, 3. INDIA, 4. CHINA, 5. PERÚ (CARAL) Y 6. MÉXICO
  65. CALIDAD, CALIDAD DE VIDA Y CORRUPCIÓN. PARTE II
  66. LA REFORMULACIÓN Y SU RELACIÓN CON LA DIALECTOLOGÍA Y LA TRADUCTOLOGÍA
  67. ¿QUÉ ES EN REALIDAD LA COMUNICACIÓN NO VERBAL?
  68. LITERATURAS, ESCRITORES Y TRADUCTORES VISTOS POR DELANTE Y POR DETRÁS
  69. ¿QUÉ DICEN LOS GESTOS? GESTOS Y ADEMANES. LOS BRAZOS Y LAS MANOS EN ACCIÓN
  70. COMUNICACIÓN NO VERBAL (CNV) Y LENGUAJE CORPORAL HUMANO.
  71. COMENTARIOS ACERCA DE LA SEMIÓTICA COMO FUNDAMENTO PARA EL CURSO DE COMUNICACIÓN NO VERBAL. PARTE II
  72. COMENTARIOS ACERCA DE LA SEMIÓTICA COMO FUNDAMENTO PARA EL CURSO DE COMUNICACIÓN NO VERBAL
  73. RUSISMO O RUSISMOS Y SOVIETISMO O SOVIETISMOS
  74. UN PANORAMA ENSAYÍSTICO ACERCA DE LOS SECUESTROS O PLAGIOS O LEVANTONES EN MÉXICO
  75. Protected: COMPLEJO DE ADONIS O VIGOREXIA. METROSEXUALIDAD, ÜBERSEXUALIDAD Y RETROSEXUALIDAD
  76. BELLEZA Y FEALDAD
  77. EL LENGUAJE CORPORAL HUMANO Y SU RELACIÓN CON LA MÚSICA Y LA DANZA. PANORAMA DE LA MÚSICA Y LA DANZA CUBANAS Y LA MÚSICA Y LA DANZA MEXICANAS
  78. COSAS QUE NO DEBEMOS OLVIDAR LOS CONFERENCISTAS Y ASESORES. LA FUNCIÓN DE LA CLARIDAD, LA CONCISIÓN, LA COHERENCIA, LA SENCILLEZ Y LA NATURALIDAD EN LAS CONFERENCIAS Y ASESORÍAS
  79. La sociolingüística como ciencia que ayuda a entender el comportamiento verbal y corporal de los individuos
  80. Protected: LA IMPORTANCIA DE LA VOZ EN LA COMUNICACIÓN VERBO-CORPORAL
  81. ¡MIL FELICIDADES A BRASIL, RÍO DE JANEIRO, POR LOS JUEGOS OLÍMPICOS 2016! ¿Y EL DEPORTE EN AMÉRICA LATINA QUÉ…? UN POCO AL RESPECTO Y TAMBIÉN ACERCA DEL DEPORTE, EL ARTE Y LA CULTURA EN CUBA.
  82. CÓMO TRABAJAR CON LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE CIENCIAS SOCIALES O LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES. PARTE IV
  83. TABÚ Y TABÚES
  84. HABLEMOS SIN RODEOS ACERCA DE LAS FRUSTRACIONES HUMANAS Y DE LOS FRUSTRADOS
  85. CALIDAD, CALIDAD DE VIDA Y CORRUPCIÓN. PARTE IV
  86. CALIDAD PERSONAL / PERSONAL QUALITY
  87. Protected: HABLEMOS UN POCO DE LA RICA MÚSICA CUBANA
  88. UN PANORAMA DE LA MÚSICA MEXICANA
  89. LOS ORÍGENES DE LA CALIDAD
  90. Recordando a los pioneros del tratamiento y la investigación de la comunicación no verbal
  91. OLFATOS Y AROMAS. UN TRATAMIENTO A PARTIR DE LA IMAGOLOGÍA Y PARA LOS FINES DE LA COMUNICACIÓN NO VERBAL
  92. ANTROPOMORFISMO, FITOMORFISMO Y ZOOMORFISMO
  93. CÓMO TRABAJAR CON LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE CIENCIAS SOCIALES O LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES. PARTE III
  94. CÓMO TRABAJAR CON LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE CIENCIAS SOCIALES O LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES. PARTE II
  95. CÓMO TRABAJAR CON LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE CIENCIAS SOCIALES O LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES. PARTE I
  96. TEMAS DE IMAGOLOGÍA Y SOCIOLINGÜÍSTICA. LA ACTUACIÓN Y LA SOBREACTUACIÓN DISCURSIVAS TANTO AL NIVEL VERBAL COMO AL NIVEL NO VERBAL
  97. ¿Cuándo y quiénes destruyeron la inmensa mayoría de la historia escrita de la Humanidad? #ImagologíaClerical #ClericalImagology #КлерикальнаяИмагология
  98. LA CONTINUIDAD Y LA INTERDISCIPLINARIEDAD EN EL TRABAJO INDEPENDIENTE DE LOS ESTUDIANTES DE CIENCIAS SOCIALES
  99. SEXO, PEDERASTIA, PAIDOFILIA, PEDOFILIA, EFEBOFILIA O INFANTOFILIA, PEDERASTIA CLERICAL, CURAS O SACERDOTES VIOLADORES SEXUALES, RELIGIOSOS VIOLADORES SEXUALES, CELIBATO, CÓMPLICES SEXUALES. PARTE 1
  100. SEXO, PEDERASTIA, PAIDOFILIA, PEDOFILIA, EFEBOFILIA O INFANTOFILIA, PEDERASTIA CLERICAL, CURAS O SACERDOTES VIOLADORES SEXUALES, RELIGIOSOS VIOLADORES SEXUALES, CELIBATO, CÓMPLICES SEXUALES. PARTE 2
  101. PROTOCOLO Y ETIQUETA O PROTOCOLOS Y ETIQUETAS
  102. REFLEXIONES EN TORNO A LA CALIDAD Y LA CALIDAD DE VIDA EN EL TRABAJO
  103. LAS CREENCIAS, LAS RELIGIONES, LOS CULTOS Y LOS MITOS Y SU RELACIÓN CON LAS SOCIEDADES, LAS CULTURAS Y LOS COMPORTAMIENTOS. PARTE I
  104. REFLEXIONES ACERCA DE LA IMAGEN AMBIENTAL MUNDIAL O LA IMAGEN DE LOS “ECOSISTEMAS NUESTROS DE CADA DÍA”
  105. CONSIDERACIONES EN TORNO AL MEDIO AMBIENTE, LOS ECOSISTEMAS, LA TERRITORIALIDAD, EL LUGAR Y LOS IMPACTOS AMBIENTALES
  106. IMAGOLOGÍA LATINOAMERICANA. LOS SÍMBOLOS PATRIOS DE LOS PAÍSES LATINOAMERICANOS. MÉXICO
  107. CUIDADO CON EL SILENCIO. EL SILENCIO DICE MÁS QUE MUCHAS PALABRAS / BEWARE OF THE SILENCE. THE SILENCE SAYS MORE THAT MANY WORDS
  108. Conocer adecuadamente las sociedades y los grupos sociales para poder valorar sus culturas, sus ideologías y sus comportamientos lingüísticos y corporales
  109. ¿CÓMO HABLAR CORRECTAMENTE EN PÚBLICO? LINGÜÍSTICA E IMAGOLOGÍA DEL DISCURSO HABLADO
  110. La educación y la instrucción en México. Historia y actualidad
  111. COMIDA MEXICANA O GASTRONOMÍA MEXICANA
  112. IMAGOLOGÍA POLÍTICA / POLITICAL IMAGOLOGY / ПОЛИТИЧЕСКАЯ ИМАГОЛОГИЯ
  113. Abordando el tema del miedo, el temor y el terror en sus contextos situacionales
  114. ¿POR QUÉ NOS LLAMAN LATINOS? ¿QUIÉNES SON LOS LATINOS Y CUÁL ES SU ORIGEN? ¿Y EL RACISMO QUÉ?
  115. IMAGOLOGÍA AMERICANA: LOS SACRIFICIOS HUMANOS, LA ANTROPOFAGIA Y EL CANIBALISMO
  116. PANORAMA DE MÉXICO EN EL SIGLO XXI. LOS PRINCIPALES PROBLEMAS DE MÉXICO. PARTE I
  117. Protected: FAMILIA MEXICANA: FAMILIA, EDUCACIÓN Y CULTURA SOCIAL EN EL MÉXICO CONTEMPORÁNEO.
  118. Protected: ¿QUÉ DICEN LOS GESTOS? GESTOS Y ADEMANES. LOS BRAZOS Y LAS MANOS EN ACCIÓN
  119. ¡ABAJO EL QUE SUBA! Sociología, psicología e imagología de la traición. El lenguaje verbal y el lenguaje no verbal de los traidores
  120. ANALICEMOS UN POCO LOS LENGUAJES DE LA SEXUALIDAD HUMANA
  121. HABLEMOS UN POCO ACERCA DE NUESTRAS SOCIEDADES…, Y DE SEXO Y SEXUALIDAD TAMBIÉN
  122. SEXO Y GÉNERO O SEXOS Y GÉNEROS
  123. ¿QUÉ ES UN SEMINARIO Y CÓMO FUNCIONA EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR?
  124. LA LITERATURA O TEXTO PERIODÍSTICO Y SU CLASIFICACIÓN
  125. ¿A qué llamamos literatura científica y técnica o texto científico y técnico?
  126. ¿A qué llamamos discurso jurídico, literatura jurídica o texto jurídico?
  127. UN PANORAMA DE LA MÚSICA MEXICANA
  128. LA IMAGEN DE AMÉRICA A TRAVÉS DE SUS POLÍTICOS Y DE SUS POLÍTICAS. PARTE II.
  129. Las realias y su importancia en la traducción, en la interpretación, en los doblajes, en los subtitulajes, en la creación hablada y escrita de discursos, en la lectura y en Internet
  130. ¡Pobre Haití! ¡Pobre pueblo haitiano! ¡Los primeros y los últimos! ¡Ni los dioses quieren a Haití! ¿Y el manco Mackandal?
  131. CÓMO TRABAJAR CON LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE CIENCIAS SOCIALES O LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES. PARTE IV
  132. TOQUEMOS EL TEMA DE LA LECTURA: LECTURAS, TEXTOS, LIBROS, BIBLIOTECAS, INTERNET…
  133. LA CONTINUIDAD Y LA INTERDISCIPLINARIEDAD EN EL TRABAJO INDEPENDIENTE DE LOS ESTUDIANTES DE CIENCIAS SOCIALES
  134. ¿POR QUÉ UNOS GANAN Y OTROS PIERDEN? HABLEMOS UN POCO ACERCA DE LAS RELACIONES SOCIALES, LA CORTESÍA, LOS PROTOCOLOS Y LAS ETIQUETAS, ENTRE OTRAS COSAS DEL BUEN GUSTO Y EL MAL GUSTO. PARTE III
  135. ¿POR QUÉ UNOS GANAN Y OTROS PIERDEN? HABLEMOS UN POCO ACERCA DE LAS RELACIONES SOCIALES, LA CORTESÍA, LOS PROTOCOLOS Y LAS ETIQUETAS, ENTRE OTRAS COSAS DEL BUEN GUSTO Y EL MAL GUSTO. PARTE I
  136. SOCIOLOGÍA, PSICOLOGÍA, PAISOLOGÍA E IMAGOLOGÍA DE LOS LENGUAJES VERBALES Y NO VERBALES DE LOS PERSONAJES CON MALFORMACIONES O DEFORMACIONES CORPORALES EN LA HISTORIA DE LA CULTURA Y EL ARTE
  137. LA IMPORTANCIA DE LA ROPA, LOS ADORNOS Y LA JOYERÍA. TEMAS DE IMAGOLOGÍA CORPORAL O IMAGEN FÍSICA
  138. EN ESTA NUEVA GLOBALIZACIÓN TAMBIÉN VIVIMOS DEL CUENTO, DEL MITO, DEL MITOIDE Y DEL MITOTE
  139. CUBANISMO O CUBANISMOS
  140. TERMINOLOGÍA, TERMINOGRAFÍA, TÉRMINOS.
  141. Migrantes o espaldasmojadas o wet back o indocumentados o sinpapeles o balseros o ilegales… Hablemos un poco acerca de otra de las grandes vergüenzas de este continente llamado América.
  142. TEMAS DE LINGÜÍSTICA Y COMUNICACIÓN NO VERBAL: ¿CUÁNDO Y CÓMO APARECIERON EL LENGUAJE CORPORAL HUMANO O COMUNICACIÓN NO VERBAL Y LOS IDIOMAS O LENGUAS O COMUNICACIÓN VERBAL?
  143. COSAS QUE NO DEBEMOS OLVIDAR LOS CONFERENCISTAS Y ASESORES. LA FUNCIÓN DE LA CLARIDAD, LA CONCISIÓN, LA COHERENCIA, LA SENCILLEZ Y LA NATURALIDAD EN LAS CONFERENCIAS Y ASESORÍAS
  144. ¿CÓMO HABLAN Y QUÉ HABLAN LOS POLÍTICOS DE AMÉRICA?
  145. EL SIGNIFICADO DE LA BOCA HUMANA EN LOS MARCOS DE LA COMUNICACIÓN NO VERBAL, EL LENGUAJE CORPORAL Y LA IMAGOLOGÍA
  146. Un paseo por las religiones, las creencias, la magia, la brujería, la santería y todo tipo de ideas. ¿Y el sincretismo?
  147. A propósito de la imagen pública: ¿por qué las personas a veces no se entienden bien? Las cosas que hacen que la comunicación verbal y la comunicación no verbal sean un problema. PARTE IV
  148. Protected: ¡ACLAREMOS!, QUE UNA COSA ES SER ANTI-CLERICAL Y OTRA COSA ES SER ANTI-RELIGIOSO. A PROPÓSITO DEL RECHAZO DE LOS JERARCAS DEL CLERO, PERO NO DE LA RELIGIÓN, QUE SON DOS COSAS TOTALMENTE DIFERENTES
  149. OLFATOS Y AROMAS. UN TRATAMIENTO A PARTIR DE LA IMAGOLOGÍA Y PARA LOS FINES DE LA COMUNICACIÓN NO VERBAL
  150. La XVII Cumbre Iberoamericana en Chile: 8, 9 y 10 de noviembre de 2007. El caso Chávez, Ortega, Rodríguez Zapatero y Juan Carlos o A propósito de las nuevas elecciones 2008 en España o La trascendencia del “¿Por qué no te callas?” PARTE II
  151. A propósito de la imagen pública: ¿por qué las personas a veces no se entienden bien? Las cosas que hacen que la comunicación verbal y la comunicación no verbal sean un problema. PARTE I
  152. PAISOLOGÍA, FILOLOGÍA E IMAGOLOGÍA ITALIANAS: PRERRENACIMIENTO Y RENACIMIENTO
  153. Educación, cultura, ciencia, técnica y fuga de cerebros en América y concretamente en México
  154. LA EXPERIENCIA DEL TERREMOTO DE CHILE DE 2010
  155. CÓMO TRABAJAR CON LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE CIENCIAS SOCIALES O LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES. PARTE II
  156. LA IMAGEN DE AMÉRICA A TRAVÉS DE SUS POLÍTICOS Y DE SUS POLÍTICAS. PARTE IV.
  157. LA IMAGEN DE AMÉRICA A TRAVÉS DE SUS POLÍTICOS Y DE SUS POLÍTICAS. PARTE III.
  158. IMAGOLOGÍA. PROGRAMA DEL CURSO El lenguaje Corporal, ANALIZADO A TRAVÉS DE LA COMUNICACIÓN NO VERBAL
  159. ЯRConsultores de Imagen Social® . M – Z. BIBLIOGRAFÍA EMPLEADA PARA LAS ASESORÍAS, TALLERES, SEMINARIOS, LICENCIATURAS, DIPLOMADOS Y MAESTRÍAS EN COMUNICACIÓN NO VERBAL, LENGUAJES CORPORALES, LENGUAJES VERBO-CORPORALES E IMAGOLOGÍA.
  160. ЯRConsultores de Imagen Social® . A – L. BIBLIOGRAFÍA EMPLEADA PARA LAS ASESORÍAS, TALLERES, SEMINARIOS, LICENCIATURAS, DIPLOMADOS Y MAESTRÍAS EN COMUNICACIÓN NO VERBAL, LENGUAJES CORPORALES, LENGUAJES VERBO-CORPORALES E IMAGOLOGÍA.
  161. COMENTARIOS ACERCA DE LA SEMIÓTICA COMO FUNDAMENTO PARA EL CURSO DE COMUNICACIÓN NO VERBAL. PARTE II
  162. COMENTARIOS ACERCA DE LA SEMIÓTICA COMO FUNDAMENTO PARA EL CURSO DE COMUNICACIÓN NO VERBAL
  163. ORTOGRAFÍA DEL ESPAÑOL MEXICANO O, LO QUE ES LO MISMO, CUÁLES SON LOS PROBLEMAS MÁS COMUNES EN LA LENGUA ESPAÑOLA HABLADA Y ESCRITA EN MÉXICO
  164. ¿POR QUÉ EN MÉXICO (MÉJICO) FELIPE CALDERÓN HINOJOSA HA QUITADO A FERNANDO GÓMEZ MONT DEL CARGO DE SECRETARIO DE GOBERNACIÓN? LAS REGLAS DEL JUEGO DE LA POLÍTICA MEXICANA
  165. TEMAS DE IMAGOLOGÍA Y SOCIOLINGÜÍSTICA. LA ACTUACIÓN Y LA SOBREACTUACIÓN DISCURSIVAS TANTO AL NIVEL VERBAL COMO AL NIVEL NO VERBAL
  166. LA COMUNICACIÓN VERBAL Y LA COMUNICACIÓN NO VERBAL. UNA INTRODUCCIÓN A LA IMAGOLOGÍA DE LOS LENGUAJES VERBO-CORPORALES O, LO QUE ES LO MISMO, DE LOS LENGUAJES VERBALES Y DE LOS LENGUAJES CORPORALES HUMANOS. PARTE 2.
  167. IMAGOLOGÍA DEL LENGUAJE CORPORAL HUMANO. ¿QUÉ NOS DICEN LA CABEZA, LA CARA Y EL CUELLO?
  168. LA IMPORTANCIA DE LA POSTURA CORPORAL O LA CINESTESIA EN LA COMUNICACIÓN O IMAGOLOGÍA DE LA POSTURA CORPORAL O LA CINESTESIA EN SITUACIONES DE MUNDIALIZACIÓN
  169. El lenguaje del narcotráfico, la delincuencia organizada, el crimen organizado, el narcocrimen y la corrupción
  170. Filólogo e imagólogo Fernando Antonio Ruano Faxas
  171. ¿QUÉ ES LA ADULACIÓN, LAMBISCONERÍA O GUATAQUERÍA Y CUÁLES SON SUS ALCANCES?
  172. ¿POR QUÉ UNOS GANAN Y OTROS PIERDEN? HABLEMOS UN POCO ACERCA DE LAS RELACIONES SOCIALES, LA CORTESÍA, LOS PROTOCOLOS Y LAS ETIQUETAS, ENTRE OTRAS COSAS DEL BUEN GUSTO Y EL MAL GUSTO. PARTE IV
  173. ¿POR QUÉ UNOS GANAN Y OTROS PIERDEN? HABLEMOS UN POCO ACERCA DE LAS RELACIONES SOCIALES, LA CORTESÍA, LOS PROTOCOLOS Y LAS ETIQUETAS, ENTRE OTRAS COSAS DEL BUEN GUSTO Y EL MAL GUSTO. PARTE II
  174. A propósito de la imagen pública: ¿por qué las personas a veces no se entienden bien? Las cosas que hacen que la comunicación verbal y la comunicación no verbal sean un problema. PARTE VI
  175. Imagología del falo, pene o pinga, a través de la historia y en la actualidad
  176. ¿Cuándo y quiénes destruyeron la inmensa mayoría de la historia escrita de la Humanidad?
  177. ¿QUIÉNES SOMOS LOS MEXICANOS POR DENTRO Y POR FUERA?
  178. Recordando a los pioneros del tratamiento y la investigación de la comunicación no verbal
  179. Síndrome de acoso institucional, acoso grupal, Mobbing, Bullying. ¿Qué es esto?
  180. Las actitudes mentales básicas y los lenguajes corporales y verbales en la sincronía interaccional
  181. LA COMUNICACIÓN VERBAL Y LA COMUNICACIÓN NO VERBAL. UNA INTRODUCCIÓN A LA IMAGOLOGÍA DE LOS LENGUAJES VERBO-CORPORALES O, LO QUE ES LO MISMO, DE LOS LENGUAJES VERBALES Y DE LOS LENGUAJES CORPORALES HUMANOS. PARTE 1.
  182. PANORAMA DE MÉXICO EN EL SIGLO XXI. LOS PRINCIPALES PROBLEMAS DE MÉXICO. PARTE II
  183. ¡QUÉ RECUERDEN MUY BIEN ÉSOS QUE HABLAN OPROBIOS DE NOSOTROS LOS LATINOAMERICANOS! ¿Y TU ABUELA, DÓNDE TA’?
  184. LA CALIDAD EN LAS EMPRESAS DE SERVICIOS
  185. HACIA LA CALIDAD INTEGRAL SIN FRONTERAS
  186. LA IMPORTANCIA DE LA VISTA Y EL CONTACTO VISUAL EN LA COMUNICACIÓN O IMAGOLOGÍA DEL CONTACTO VISUAL EN SITUACIONES DE MUNDIALIZACIÓN
  187. LA REFORMULACIÓN Y SU RELACIÓN CON LA DIALECTOLOGÍA Y LA TRADUCTOLOGÍA
  188. Comentarios en torno a la correlación entre el léxico general y los vocabularios científicos y técnicos
  189. LA PERSONALIDAD DEL ESTUDIANTE Y LA PERSONALIDAD DEL PROFESOR COMO PREMISAS PARA LA ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO INDEPENDIENTE EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR
  190. LA LINGÜÍSTICA. PANORAMA GENERAL DE LA LINGÜÍSTICA EN LOS SIGLOS XIX, XX Y XXI
  191. INTRODUCCIÓN EN LA LINGÜÍSTICA. PANORAMA GENERAL DE LA LINGÜÍSTICA DESDE LA ANTIGÜEDAD HASTA EL SIGLO XVIII
  192. ¿POR QUÉ LA GENTE NO SE ACEPTA Y SE RECHAZA CON TANTA FRECUENCIA, Y SI SE ACEPTA LO HACE HIPÓCRITAMENTE? HABLEMOS UN POCO DE LA SINCRONÍA INTERACCIONAL Y SU FUNCIÓN EN LA COMUNICACIÓN HUMANA
  193. Lingüística y filología: diferencias entre estas dos ciencias y su relación con la traductología
  194. La lexicografía: el arte de hacer diccionarios
  195. ¿Qué es lexicología?
  196. El Vaticano y Benedicto XVI están preparando su viaje al Reino Unido (Gran Bretaña, Inglaterra) en septiembre de 2010. ¿Cómo y por qué? El asunto está feo
  197. PANORAMA DE MÉXICO EN EL SIGLO XXI. LOS PRINCIPALES PROBLEMAS DE MÉXICO. PARTE III
  198. LAS CREENCIAS, LAS RELIGIONES, LOS CULTOS Y LOS MITOS Y SU RELACIÓN CON LAS SOCIEDADES, LAS CULTURAS Y LOS COMPORTAMIENTOS. PARTE II
  199. CALIDAD, CALIDAD DE VIDA Y CORRUPCIÓN. PARTE V
  200. CALIDAD, CALIDAD DE VIDA Y CORRUPCIÓN. PARTE III
  201. LA CALIDAD EN MÉXICO / THE QUALITY IN MEXICO
  202. CALIDAD DE VIDA EN EL TRABAJO / QUALITY OF WORKING LIFE
  203. RUSISMO O RUSISMOS Y SOVIETISMO O SOVIETISMOS
  204. ¿Cuáles son los primeros escritos en lengua española? ¿Cuándo se escribió por primera vez en lengua española?
  205. ¡ASÍ ANDAMOS…, ENTRE SECRETOS, FALSEDADES, MENTIRAS Y MEDIAS VERDADES…! PERO, TIEMPO AL TIEMPO…
  206. A propósito de la imagen pública: ¿por qué las personas a veces no se entienden bien? Las cosas que hacen que la comunicación verbal y la comunicación no verbal sean un problema. PARTE V
  207. A propósito de la imagen pública: ¿por qué las personas a veces no se entienden bien? Las cosas que hacen que la comunicación verbal y la comunicación no verbal sean un problema. PARTE II
  208. José Gutiérrez Vivó, “La voz que todo México escucha”, “La voz en español”, comenzó a trasmitir, otra vez, desde Estados Unidos
  209. Apuntes, notas y comentarios de imagología clerical. Hablemos un poco acerca de la mierda: Marcial Maciel Degollado, la Legión de Cristo y los Legionarios de Cristo
  210. PANORAMA IMAGOLÓGICO DEL SISTEMA LINGÜÍSTICO ESPAÑOL O IMAGOLOGÍA DE LA LENGUA ESPAÑOLA
  211. CÓMO TRABAJAR CON LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE CIENCIAS SOCIALES O LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES. PARTE V
  212. CÓMO TRABAJAR CON LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE CIENCIAS SOCIALES O LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES. PARTE VI
  213. CÓMO TRABAJAR CON LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE CIENCIAS SOCIALES O LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES. PARTE VIII
  214. CÓMO TRABAJAR CON LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE CIENCIAS SOCIALES O LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES. PARTE VII
  215. ¿A QUÉ LLAMAMOS DISCURSO HABLADO O DISCURSO ORAL O TEXTO HABLADO O TEXTO ORAL, Y CÓMO SE CLASIFICA?
  216. LENGUAJE CORPORAL O LENGUAJES CORPORALES O COMUNICACIÓN NO VERBAL O CNV O LENGUAJE NO VERBAL
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